TIENES EN LOS OJOS GIRASOLES

El jardín de papá desde hace un tiempo, concretamente desde que su figura ya no está desde lo visible, se ha convertido en mi fuente de inspiración cuando quiero desenmarañar el nudo que habita el centro de mi pecho. Un jardín que ya no es el mismo desde hace algo más de dos años, cuando él dejó de tocarlo con sus manos. Pero sigue siendo el jardín que él construyó. Hoy, que en realidad es ayer porque he tenido que reescribir este texto tras borrarse por completo, recordé una de esas historias que giran en torno a él. Una historia de amor y girasoles.

Un día, cuando todavía volvía a mi casa sintiendo aquello como un verdadero hogar, vi unos girasoles en ese jardín, que también es mi jardín, y como los girasoles no crecen por sí solos en Vitigudino, pregunté a mi madre por ellos. «Los vimos en la carretera cuando volvíamos de Salamanca, me gustaron y papá paró para que pudiéramos llevarnos algunos». Siempre me ha sorprendido que en esa carretera que conecta lo rural con lo urbano se forme un hilo de girasoles de apariencia interminable. Es como tener a Lorenzo en la tierra, naciendo desde césped. Es realmente bonito. Bonito, como el amor de mi padre por mi madre. Él habría detenido el mundo si hiciese falta solo por ver girasoles –como muestra de felicidad– en los ojos de mi madre. Alguna vez lo hizo. Siempre encontraba la manera de sorprender(nos). Todavía no he conocido a nadie que mantenga tanto en el tiempo su enamoramiento de una forma tan evidente. La historia de mis padres es una historia auténtica de amor, de las que te gustan ver o leer. Y yo pude verla especialmente en esos ojos marrones pequeñitos de papá, que siempre hablaron más por él que su boca. Me enorgullece ser su fruto, porque reconforta saber que el amor existe.

Allí estuvieron los girasoles durante mucho tiempo. Y ahora cuando me encuentro con alguno veo a papá, a mamá y ese momento pasado que conecta con el presente para hacerme creer que, aunque no esté desde lo visible, mi padre sigue aquí. Y ese jardín es prueba de ello.

Tienes en los ojos girasolesY cuando me miras, soy la estrella que más brillaCuando ríes se ilumina todo el techoYa duermo tranquila siento tanta calma dentro

(Rozalén).

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