Nunca estoy donde quiero estar. O mejor dicho: nunca quiero estar donde estoy. Pero cuando ya no estoy, suelo querer estar. Si me voy, o me echan, quiero estar. Pero nunca permanezco en el presente, porque empiezo a ansiar cosas, lugares o personas del futuro. O del pasado. Depende. O personas que ya serán ‘nunca‘ y no ‘siempre‘, como papá. Me cuesta asumir que esa dualidad siempre-nunca ya es inherente a él.
No estoy aquí. Ni allí. Ni siquiera sé dónde quiero estar. Tampoco qué quiero. O qué no quiero. Vivo en la falta, en la carencia. Pero no sé por qué. ¿La notas? Es la ansiedad. Me golpea fuerte. Cada día. La sintomatología me ahoga… me abrasa. No estoy aquí, tampoco allí.
Quiero estar al lado de mamá, pero me angustia muchas cosas de un entorno que siempre fue mío, pero que ya nunca será igual. Vuelve esa dualidad. Me ahogo. ¿Lo notas? La respiración está agitada. Está ahí, justo ahí… ese maldito nudo en el centro del pecho.
Escribo rápido. Queriendo sacar de mí las letras que brotan desde los mismísimos pies. Duele. Duele verlas reflejadas, verbalizarlas, escupirlas, vomitarlas. Duele. Quiero estar allí, pero también aquí. Quiero que papá vuelva, que sea quien lleve a mamá allí y yo la que vuelva aquí. Pero ya no será nada. Nunca. Siempre.
¿Y qué quiero? Porque no sé qué es ser feliz. A veces lloro con los atardeceres. Me embobo observando el mar. Me libero bailando y haciendo yoga. Me crezco cuando me dan la ‘palmadita‘ en la espalda, pero si no la siento quiero salir corriendo porque… ¿y si no soy suficiente? ¿Y si soy reemplazable? Bueno, sigamos con los sorbitos de felicidad. También me gusta comer dulce, pero rechazo lo que produce en mí, así que termino odiándolo. Me gusta ver sonreír a los niños, porque me recuerdan que una vez yo también fui así. Disfruto paseando en soledad, pero también me agobia la soledad. Quiero tiempo libre, pero cuando lo tengo aparecen la culpa y la incertidumbre. Siempre me muevo entre el todo y la nada. Soy de extremos: ¿acaso se puede encontrar un oasis de felicidad viviendo –sintiendo– así?
Y aquí estoy… sin saber ya cuál es mi casa, queriendo saber qué soy, si resulto suficiente o no, si se ve en mí lo que yo quiero mostrar, si tiene sentido todo o si la nada me abrazará para siempre.