LOS SUEÑOS ROTOS

Imagen: Pinterest

“El éxito en la música y la televisión no compensa la lesión ni “estaba escrito”, como dicen. Los cojones”. Este titular de Álvaro Benito en ‘El Mundo’ me hizo pensar. Mucho. Porque, como él, yo también supe siempre qué quería ser de mayor. A los seis años ya escribía mis propios periódicos. Y cuentos. Y poesías. Y utilizaba el plumero como si de un micrófono se tratase. A veces creo que nací siendo ya periodista. Buscaba las historias, me enervaba con la injusticia y la mentira, y me encargaba de ‘informar’ a mi familia.

Ahora, con la perspectiva del tiempo, no sé si era el Periodismo mi vocación o simplemente la de contar historias, en caso considerar el Periodismo es algo distinto a esto. ‘Juntaletras‘ siempre me gustó, porque veo vida cuando pego una letra a otra, es difícil de explicar, pero cuando conectan, convergen y cohesionan e incluso suenan… es un momento muy gratificante.

Sin embargo, he acabado siendo algo muy distinto de lo que un día soñé ser. Ni mejor ni peor, distinto. Y a esto se refiere, creo, Álvaro. Uno agradece encontrar el disfrute en otras pasiones profesionales, algunas de ellas incluso conectan con la vocación primaria, pero la espina clavada en el centro del corazón por esa pérdida, no se va. Es como un amor perdido, probablemente idealizado, que nunca tuvo su tiempo. Y estos son los más difíciles de olvidar.

¿Será que debemos hacer también el duelo de los sueños? Soy algo extremista, lo reconozco. A escasos meses de cumplir los ‘veintitodos‘, he crecido creyendo que todo es definitivo, aunque la vida se empeñe en demostrarme que nunca nada lo es.

Yo siempre quise escribir. Todavía lo quiero. Entro en una librería y giro sobre mí misma observando esas estanterías de altura infinita queriendo encontrar mi nombre en alguna de ellas.

Y siempre quise hacer entrevistas. Todavía lo quiero. Ahora, de vez en cuando, reviso algunas charlas ya publicadas y siento un gran orgullo por el camino transitado. Y aunque quiero más, ya no soy esa Paula. Tampoco quiero hablar de lo que un día tanto hablé, porque ya lo hago cada día desde un prisma que también me gusta aunque no sea lo que un día soñé.

El 13 de enero de 2023 nació (una nueva) Paula. Hace tiempo que ella me reclama su voz, su espacio y su tiempo para que (re)encuentre el camino hacia su sueño. Quizá sea en esa meta alcanzada cuando la Paula del pasado abrace a la del presente y entienda que el futuro todavía puede, valga la redundancia, escribirse. Quizá porque así también me perdone a mí misma por decaer sin casi intentarlo. Muchas veces lo tuve en mis manos y lo dejé ir. Quién sabe si tenía que ser así, pero todavía hoy me pregunto qué habría sido de mí si hubiera conseguido ser lo que había soñado.

Supongo que todo está en los libros, en las letras… hasta yo misma.

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