EL SILENCIO ATRONADOR DE UN ESTADIO VACÍO

Mundial de Qatar. Un estadio vacío

El silencio, en palabras de la Real Academia de la Lengua Española: Abstención de hablar. Falta de ruido. Falta u omisión de algo por escrito. Pasividad de la administración. Pienso mucho en él, en sus múltiples formatos. ¿Acaso no se construye un enorme silencio cuando el ruido se potencia?

Siempre he percibido un silencio retumbante en la celebración de un gol. Después de ese éxtasis de emoción donde el cielo resulta alcanzable, uno siente frío, incluso aunque las temperaturas marquen lo contrario. La adrenalina y sus consecuencias. Parece que se nos escapa de las manos esa felicidad adictiva, instantánea y efímera. Y qué me dices cuando el contrario responde pronto, consiguiendo ahogar esos gritos en pocos segundos al son del balón moviéndose todavía en la red. De repente todo se vuelve un vago recuerdo.

Hay quien encuentra voces en el silencio, incluso sombras. Una excesiva sensibilidad potencia tus cinco sentidos y los multiplica al son de tus latidos. Recuerdo el inexistente sonido en Mestalla cuando lo visité en ausencia de partido y se había convertido en lugar de encuentro para los turistas.

Los campos de fútbol tienen vida propia cuando los focos están apagados porque allí cobijan y condensan la pasión de miles de personas. Es una terapia de espacio quincenal. Y cuando se abren como si de museos se tratasen –para mí así lucen– liberan esa energía. Eres capaz de sentir la frustración, la felicidad, el nervio insistente e incesante… Todas estas emociones se tejen durante 90 minutos. Mestalla me resonó especialmente. También Da Luz. El silencio de un estadio vacío es realmente atronador. 

Sin embargo, los silencios bañados en sangre, como los que protegen este Mundial de Qatar, son los que rasgan el alma. Ningún partido de fútbol vale tanto como una sola vida. Ningún trofeo puede costar un hijo a una madre. Ningún equipo puede celebrar una victoria mientras los gritos de auxilio se pierden en ese eco muteado. Pero pasará… porque el mundo, como el Mundial, sigue estableciendo diferencias en el precio de las personas. Habrá mantas que tapen, fuegos que arrasen y silencios que ensordezcan, pero las palabras siempre encuentran la manera de sonar y hacerse escuchar.

Tags from the story
,
More from Paula Martín

SARVANGASANA O CÓMO DESAFIAR LA ESCOLIOSIS

Siempre había creído que buscaba el silencio… hasta que me descubrí a...
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *