DEJAR DE SER LO QUE SIEMPRE QUISE SER

Dejar de ser lo que siempre quisiste ser no es fácil. Llevo años intentando no rumiar en exceso ese pensamiento, sensación o emoción, ni siquiera sé qué es exactamente… pero de repente, un día cada cierto tiempo, una punzada de dolor hace emerger esa idea. Siempre quise ser periodista. A los siete años ya golpeaba con ritmo el teclado de mi primer ordenador. Y mi mamá aún tiene guardados, con cariño y creo que cierto orgullo, esos ‘papeles’ -por llamarlos de alguna manera-.

Quería entrevistar… y lo hice durante años, de un modo humilde y sencillo, a personas que casi nunca decepcionaban. Hablábamos de fútbol, eso sí, pero mi obsesión era entender al profesional conociendo a la persona. Creo que lo conseguí. Y me gustaba esa sensación. En mi cabeza siempre dibujaba la escaleta de un programa audiovisual que giraba en torno al que, para mí, es el mejor género del oficio. Hablar, escuchar y después poder sentir el poso y el peso de aquella conversación… suena muy apetecible volver a ello. Y duele tanto haberlo perdido.

Quería escribir… y lo hice durante años de un modo humilde y sencillo, pero conseguí que me leyera más gente de la que a veces creo que es. Casi siempre de fútbol también. Aunque siempre busqué la manera de hilarlo con la vida. Para mí, el fútbol es una metáfora de la propia vida. Antes más, claro. Ahora ya se han perdido muchas cosas… como en la vida. ¿Lo ven? Nunca falla. Sé que esa afirmación rezuma nostalgia crónica, pero es algo que también me define. Además, papá siempre fue mi primer lector. Creo que si hay algo que anhelo aún más que escribir y que me lean es que sea él quien lo haga.

‘Defensora de las causas perdidas’. Así me bautizó Sor Conce, una monja a la que quise mucho. Y creo que me resume bien. Siempre he sido en sí misma una causa perdida, porque casi cada una de mis decisiones lo han sido, pero aún así siempre las he transitado porque en la pérdida acaba apareciendo alguna ganancia.

Jamás imaginé que la creación de contenido en plataformas digitales sería lo que me diera de comer. Y fíjate que ya empecé a trabajar en ello en segundo de carrera… pero no, yo me empeñaba en creer que «lo mío» era ‘lo otro’. Esto mismo se lo dije a Luismi, un profesor que siempre fue un apoyo en la Facultad. Él sonrió, como si pudiese leer el futuro, sin necesidad de decir mucho más. Y no le faltó razón.

Supongo que la vocación no siempre vence y que ese duelo por dejar de ser lo que siempre quisimos ser nunca se supera del todo, pero plasmarlo de esta manera, en las palabras que nunca (me) dije, puede que ayude. Quizá esto sea madurar… o simplemente la crisis de los treinta, que acecha con un 10 de mayo cada vez más cercano. Si Dios quiere.

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