Ser camarero, arquitecto, profesor, auxiliar de enfermería o minero no es fácil. Pero tampoco futbolista. Como tampoco ser fotógrafo, periodista, bailarina o cantante. A menudo se idealizan profesiones, se resaltan los pros y se olvidan de sus contras. No es oro todo lo que reluce. Dedicarte a lo que amas es una bendición, un milagro y un guiño de la suerte al alcance de muy pocos, pero no por ello quien lo consigue ha de estar pidiendo perdón cada día por hacerlo. Infravaloramos lo que bañamos en nuestros prejuicios y nos creemos jueces con potestad moral para juzgar cualquier cosa.
Esta es la (probable) cronología de un futbolista:
La oportunidad llega a la estación:
Y lo hace como el tren: si la pierdes a lo mejor no vuelve a pasar. O quizá no es la misma. En la estación hay mucha gente clamando por ese asiento con nombre y apellidos.
Se encienden los focos:

Todo tiene su fin:

Los focos se apagan:

Nexo inquebrantable:
