JORGE MERÉ: «CON EL SPORTING DE LOS GUAJES NOS SENTÍAMOS EN CASA»

Jorge Meré
© La magia del Brujo

Jorge Meré es un adulto en el cuerpo de un joven; posee la sabiduría de sabio en la mente de un aprendiz; y juega con la pureza de un central empapada de la importante visión de juego de un mediocentro. La tranquilidad con la que juega, que es la misma con la que vive, sumado a su conocimiento y pasión por el juego, han hecho de él un guepardo –el animal más rápido– del fútbol. Meré ha ascendido al rojiblanco cielo y se ha visto prisionero de las llamas del infierno a partes iguales con los 21 recién cumplidos. Ejemplo de resiliencia y valentía, se toma cada acción como un aprendizaje más para sumar a su experiencia. Sorprende también su capacidad de observación, similar a la de omnipresencia. Con brillo de estrella en los tacos, él decide el tempo a seguir.

¿Por qué fútbol? 

Cuando empecé a hacer deporte jugaba a balonmano y después me di cuenta de que no servía y que se me daba mejor jugar al fútbol. Fue por esto, porque era lo que veía en la televisión y porque era lo que me gustaba. 

Leyendo tu trayectoria da la sensación de que todo ha ido muy deprisa, incluso tu talento. ¿Tú lo has percibido así a nivel personal?

Es verdad que las cosas acontecieron bastante rápido por las circunstancias del club en ese momento. Pero mi sensación es que me fui adaptando bien a esos cambios que daba mi fútbol en cuanto a subir de categorías y jugar con gente más mayor. Sí lo noté, pero dentro de la comodidad y de estar a gusto. 

¿Cómo afrontaste el paso del fútbol base al primer equipo, un primer equipo que concebía el ascenso como el único chaleco salvavidas para seguir existiendo?

Al principio, cuando me subieron del Juvenil al Sporting B, tenía mucho miedo. Recuerdo que me llamaron durante unas vacaciones en las que estaba con mis padres y me dijeron que iba a entrenar con el primer equipo en pretemporada. Estaba, bien dicho, ‘cagao’ [ríe]. Pero después me fui encontrando a gusto y vi que podía jugar a ese nivel, cogí más confianza en mí y empecé a subir más con el primer equipo. Es verdad que esos primeros días sentía más respeto o miedo, pero después, cuando me metí en el rol y me adapté al ritmo, todo fue bastante bien y no tenía ningún ansia ni ningún miedo, aunque sabía que teníamos que ascender sí o sí porque para el club era lo más importante. 

Acabas de cumplir 21 años, pero desde que aterrizaste en el primer equipo se te percibió más como un veterano que como un debutante por tu manera de jugar, de posicionarte en el campo… ¿Tú eras consciente? 

Era consciente de que la gente me veía con mucha tranquilidad jugando y que pensaba “si es un niño, ¿cómo puede tener esa tranquilidad?”. Creo que esto va en el carácter de cada persona. Yo siempre he jugado al fútbol muy tranquilo y en mi día a día también soy así. Creo que todo influye. En ese sentido nunca tuve miedo o nervios, tampoco sentí que me sobrepasase la situación… pero sí miedo por saber si podía rendir en esa categoría o coger el ritmo. Pero siempre me mostré muy tranquilo, en los partidos también, siempre lo afrontaba con mucha tranquilidad e intentaba evadirme de lo que podía ser negativo para mi cabeza. Y así fue… ¡Pero no el éxito! Porque el éxito es muy difícil conseguirlo. Así fue la manera en la que conseguí dar pasos hacia adelante. 

Al final, el éxito del que hablas es extrapolar tu carácter al terreno de juego. También se veía en compañeros como Luis Hernández o Isma López, que tienen un carácter más fuerte.

Sí, yo creo que sí. Cada persona es muy diferente y tal y como es fuera, se refleja en el propio campo. Siempre soy de la misma manera: me tomo todo con la mayor tranquilidad posible, pero, obviamente, desde el pensamiento y el conocimiento que conllevan esas situaciones. Es un deporte que me encanta y que iba con tantas ganas… que estaba muy tranquilo y con ganas de hacerlo bien. 

¿Tenías la sensación de ser una esponja? 

Sí, por supuesto. Cuando eres tan joven creo que tienes que tener unos oídos muy grandes para intentar captar lo máximo posible ya sea de tus compañeros o entrenadores, porque todo consejo que te den será bueno para tu futuro. En ese sentido siempre he sido muy receptivo, me gusta escuchar a todos, a toda persona que me quiera ayudar. A día de hoy tengo mucho que aprender, pero ya he aprendido muchas cosas que me pueden servir el día de mañana. 

Eras el novato de la defensa… Al lado tenías a Lora; Luis o Bernardo; Canella, Isma o Álex; y detrás a Pichu. ¿Jugar con ellos ha sido como una especie de máster?

Por supuesto. Volvemos a lo mismo: cuando juegas con gente que lleva tantísimos partidos en Primera o Segunda, o sea altísimo nivel, ya saben en cualquier acción lo que tienes que hacer, así que he aprendido muchísimo. De hecho, sigo en contacto con muchos de ellos para pedirles consejos, porque al final creo que son los que me pueden ayudar. He aprendido con todos. Y siempre fueron muy cercanos, me ayudaron mucho, y tengo que agradecerles muchísimo. 

¿Por qué elegiste la posición de central? ¿Has jugado siempre ahí? 

Si te soy sincero, empecé jugando en esa posición ya en fútbol sala. Y después, cuando pasamos al fútbol en campo, jugaba en la posición de mediapunta, incluso marcaba goles [ríe]. Pero los entrenadores vieron que tenía que jugar más atrás por mi visión de juego, así que empecé a jugar de mediocentro defensivo y después ya de central. A día de hoy es una posición que me encanta, porque la visión de juego que tiene el central y el portero, la línea defensiva en sí, me gusta mucho. A veces echo de menos jugar de mediocentro para dar más balones en largo, para tocar más el balón… pero defender creo que también es un gustazo. A los defensas, como se dice, nos gusta la carnaza, defender bien [ríe]. Te acostumbras y es muy bonito. 

Casi todos los que estáis en la zaga, antes habéis jugado adelantados. Se podría decir que hicisteis con anterioridad una especie de formación en otras posiciones y, luego, a la zaga. Lora jugó de delantero y de mediocentro; Isma de extremo… Es curioso. 

Sí, sí, es curioso. Cuando eres pequeño te fijas en meter goles, tener mucho el balón y chutar a puerta. Yo el primero. Habrá algunos que no, pero la inmensa mayoría se fija en los jugadores que meten goles, pero después tienes que darte cuenta de la posición que realmente se adapta a tus condiciones y yo creo que éste es el motivo de los cambios. 

Precisamente de tus condiciones me ha hablado Javier Vidales largo y tendido… Dice que con 14 años jugabas como un adulto y que si no pierdes la jovialidad de un muchacho, será la confirmación de que eres un gran jugador; que destacas por tu técnica, por tu conocimiento del juego y tu aspecto emocional equilibrado pero también por tu carácter competitivo. ¿Te identificas?

Sí, sí me identifico. Cuando yo era pequeño, con 14 o 15 años, recuerdo que los martes jugábamos con gente más mayor y él siempre me reñía bastante porque confiaba mucho en mí y creía que podía hacer las cosas mejor. Una vez me echó una bronca que fue clave para mí, me hizo pensar y replantearme muchas cosas. Me identifico con sus palabras, sí. Además, es una persona que me conoce bien. En muchos momentos, por ejemplo durante esta temporada y la anterior, hemos hablado mucho porque me gusta tener conversaciones con él. Como dije en su día, tengo mucho que agradecer a muchas personas y una de ellas es Javier, porque ha hecho mucho por mí y me dio mucha confianza cuando era más joven. Espero seguir manteniendo esta relación con él y que todo fluya muy bien como hasta ahora. 

Es una especie de padre futbolístico para ti, ¿no? 

Sí, está claro que cuando estás en las categorías inferiores tienes que tener a alguien que confíe en ti. Después fue el Pitu, que fue el que dio el paso de subirme al filial y luego al primer equipo. Es otra persona a la que guardo muchísimo cariño y le deseo lo mejor. En el fútbol siempre habrá alguien que confíe en ti y otros que lo hagan menos, todo depende de los gustos de cada persona. 

Viviste en primera persona el ascenso del primer equipo, ¿cómo fueron para ti esos segundos de agonía cuando todavía no había acabado el partido del Girona?

[Resopla]. Fue difícil. Recuerdo que ese partido no había ido convocado porque tenía molestias y que estábamos en el palco varios jugadores porque ese partido habíamos viajado todos. Cuando acabó el partido y vimos que el Girona iba ganando bajamos al vestuario algo disgustados porque veíamos que se nos iba el ascenso directo y fuimos a dar ánimos a los compañeros. Y justo cuando llegamos al vestuario, ya prácticamente en el campo, nos dieron la noticia. Creo que es algo que se va a guardar en mi cabeza y en mi vida hasta que me muera. Es indescriptible, no hay palabras para definirlo, hay que vivirlo. Si no lo vives y lo ves en vídeo es una pasada, pero vivirlo en primera persona… Ahora lo estoy diciendo y se me están poniendo los pelos de punta. Fue algo maravilloso. 

¿Llegasteis a Sevilla pensando que debíais ganar vuestro partido y después ya se vería o creyendo en el ascenso directo?

Con un poco de ambas. Sabíamos que nosotros teníamos que ganar y depender de otro para ascender a Primera. El primer objetivo, obviamente, era ganar contra el Betis. Cuando se consiguió y vimos que el Girona iba ganando… ya no dependía de nosotros. Hicimos nuestro trabajo. Pero nos dieron esa alegría, que fue un premio a esa temporada increíble en la que se trabajó muchísimo y el equipo nunca se rindió. Fue la mayor satisfacción posible. 

¿Fue una especie de liberación ver cómo las aficiones del Sporting y del Betis celebraban juntas ese ascenso?

Sí, sí. En el campo no te salían las palabras. Llorabas, reías… de todo un poco. Y ver a las dos aficiones felices fue algo increíble y que espero que este año se repita. Yo estaré en la distancia, pero ojalá lo pueda vivir desde mi casa. 

La temporada de la permanencia fue algo así también: a veces llorar y otras reír. ¿Llegasteis a tirar la toalla en algún momento?

En ningún momento. Creo que hablo por todo el equipo. Nadie tiró la toalla, confiábamos en nosotros. Ganamos partidos muy difíciles, como los del Sevilla, Atleti o Villarreal en casa, equipos que a priori eran superiores a nosotros y que, con lo que nos jugábamos, debíamos comérnoslos. Así fue. Además, el Betis pudo ganar al Getafe en ese último partido… y otra alegría que nos llevamos. Fue algo increíble, pero el ascenso fue aun más motivo. 

Esa temporada fue para ti como una especie de alternativa en el fútbol. Es cierto que llegó por una desgracia, por la lesión de Bernardo, pero: central, titular y en Primera con apenas 19 años. ¿Cómo lo viviste? 

Esa temporada, en principio, iba a estar en segundo plano. Sabía que iba a entrenar con el primer equipo y que podía jugar con el filial, ir rotando. Y por desgracia contra el Villarreal, porque fue una desgracia y una pena, se lesionó Bernardo y me tocó salir a mí a partirme los cuernos en el campo. Es cierto que salí un poco nervioso, es normal, pero al final me relajé y pensé las cosas como dije al principio. Y pude con ello. Intenté dar lo mejor de mí y las cosas salieron bien. Y el objetivo se pudo cumplir. 

¿Cuál fue el mejor partido a nivel personal? 

[Resopla]. Ahora mismo me pillas un poco… No te sabría decir. Creo que un partido en el que salí especialmente contento fue contra Las Palmas. Fue en la primera temporada en Primera División. 

¿Y el peor? 

Ufff… [resopla]. Uno contra el Espanyol. No me sentí nada a gusto. Jugábamos fuera de casa. 

En partidos así, malos como el del Espanyol, ¿cómo afrontabas la semana?

Buscaba los fallos, los analizaba, intentaba mejorarlos y ya pensaba en el partido siguiente olvidándome del anterior, pero siempre mirando los fallos e intentando solventarlos. 

Hace unos días hablé con Xavi Torres sobre el descenso. Me decía que no sabría explicar en qué se erró, que fue una temporada en la que pasaron cosas muy extrañas que no entendíais y difíciles de explicar. ¿Lo percibes igual? 

Sí, sí, igual. Teníamos buen equipo, buen grupo. Fantástico, de verdad, como la primera y segunda temporada. Pero se juntaron varios aspectos que hicieron que no salieran las cosas como nosotros queríamos. Y acabó de la manera que nadie quería. Pero, como te digo… ¿Explicación? Creo que está en el aire. No te sabría decir. Estoy de acuerdo totalmente con lo que dice Xavi. Se juntaron una serie de cosas, se fue complicando y no pudimos conseguirlo. 

Y en su día Pichu también me dijo que él habría apostado por el Sporting de Los Guajes, por un proyecto a largo plazo: que se que- daran Luis, Jony, Guerrero… ¿Tú también has echado en falta esto, que este proyecto durara más en el tiempo? 

Sí, sí. Me hubiese gustado. Más que un equipo, nos sentíamos en casa. Llegábamos al vestuario y nos reíamos unos con otros, no había ningún tipo de mal rollo… Y esto no quiere decir que el año pasado lo hubiera, que no lo hubo, pero en los años anteriores éramos gente que nos conocíamos desde hace mucho más tiempo. De hecho, muchos habíamos pasado por el filial. Era una sensación distinta. Es verdad que esos jugadores se podrían haber mantenido, pero en el fútbol hay muchas circunstancias que no dependen de nosotros y que ya entran otros factores. Les está yendo bien y yo me alegro por ellos. Son cosas del fútbol y que nadie puede pararlas ni remediarlas muchas veces. 

Sé que la temporada pasada, en la mayoría de los partidos, te ibas llorando a casa. ¿Te sentías impotente porque no sabías o sabíais qué hacer para revertir la situación?

Sí, era complicado. Tenías sentimientos encontrados… Salías del partido cuando habías ganado y te ibas contento, pero también sabías que las cosas no iban del todo bien como quería uno. Y cuando perdías parecía que acababa el mundo, te ibas llorando a casa porque no sabías cómo solucionarlo. Y al final [resopla], cuando se juntan todas las situaciones negativas, los jugadores no rinden de la misma forma en la que lo harían si todo fuese bien. Es algo obvio en el fútbol. Cada temporada y cada año varía mucho. Todo depende de muchas circunstancias. El año pasado te marchabas a casa destrozado y era complicado… 

¿Cómo afrontaste a nivel personal ese descenso? 

Cualquier palabra negativa que puedas pensar es la que se te pasa por la cabeza. Además, cuando tú participaste en el ascenso… Y pese a que las cosas estaban yendo mal esa temporada, la gente aun así te apoyaba una y otra vez. Te sentías en deuda y querías sacar la situación adelante. Cuando no se consiguió piensas en ti, obviamente, en lo que hiciste mal o podías haber hecho mejor, pero sobre todo piensas en la gente, en cómo lo estarán pasando. Creo que no era fácil ni para unos ni para otros. Fue una situación muy delicada. Recuerdo que hubo noches en las que no podía dormir al pensar en ello. Pero este es un deporte en el que pasan estas cosas y hay que levantarse y pensar en el objetivo siguiente. Es así, aunque fue un trago muy difícil y que a nadie se le desea. 

Además, creo que fue más duro por lo que comentábamos antes: si te pedían explicaciones, no podías darlas porque no existían ni se podía identificar de manera clara qué estaba pasando.

Creo que lo de las explicaciones es muy relativo. Si supieras las explicaciones a lo que estaba pasando, intentarías cambiarlo en el momento y remediarlo. Ahí está el tema de que tú o cualquiera podéis pedirnos explicaciones pero no sabríamos decirlas. 

¿Te duele cómo se percibió tu marcha? 

Me duele porque los sentimientos están ahí y las circunstancias ocurrieron como ocurrieron. También sé que hay mucha gente que me apoya y que me puede comprender la decisión. Ya lo dije. Me fui de allí muy mal [lo enfatiza], disgustado, triste. Quería sacar el objetivo adelante y no lo pudimos conseguir. Además, parece que cuando te vas lo empañas todo. Pero ni mucho menos le echo en cara nada a nadie, todo lo contrario. De hecho, recibo muchos mensajes de cariño y apoyo de gente del Sporting. Y los que no son así, no pasa nada, están en su libre derecho de opinar porque te expones. Yo no me pierdo ni un solo partido del Sporting aunque esté muy lejos, lo estoy viviendo todo en primera persona. Son circunstancias que pasan en el fútbol que tampoco tienen muchas explicaciones. 

¿Te gustaría volver algún día? 

¡Sí! Sí, por supuesto que sí. Ya lo dije. Algún día me gustaría volver a mi casa, disfrutar con mi familia y que me puedan ver mucho más que ahora. Te digo un sí rotundo. 

¿Qué siente Jorge Meré por el Sporting? 

Muchísimo cariño y muchísima alegría. Cada vez que voy a Gijón, lo primero que hago es ir a ver a mis compañeros, a la gente que me ayudó siempre. Agradecimiento también. Ahí sí que te diría que en cualquier palabra bonita me vería reflejado. Fue mucha la gente que confió en mí; que me dio la oportunidad yendo las cosas bien y mal; la oportunidad de reivindicarme en unos momentos y de consagrarme en otros; muchas horas de trabajo conmigo, como con muchos compañeros… Creo que la palabra que diría sería agradecimiento. A todo el Sporting, ya sea personal del club o aficionado. Cada vez que voy a Gijón… ¡Bueno, que vuelvo a casa! Es algo que no me voy a perder [sonríe]. Cuando firmé en Colonia tuve un fin de semana libre y lo primero que hice fue ver al Sporting contra el Lugo. La gente puede opinar lo que quiera, pero quien de verdad sabe lo que siente soy yo. 

¿Y qué está aprendiendo Jorge Meré en Alemania? 

El idioma un poco [ríe]. No, no [ríe]. Estoy aprendiendo muchos conceptos futbolísticos en tema de agresividad, de disputa de balón, de un juego mucho más directo. Creo que ésas son las cosas que te diría que estoy aprendiendo aquí y que, seguro, me servirán en un futuro. Al principio me costó un poco más porque estaba acostumbrado a otro tipo de fútbol, uno en el que tenía más la pelota y aquí es distinto. Pero a día de hoy está siendo un año bueno en ese sentido… Así que a seguir aprendiendo. 

Precisamente te iba a preguntar por las diferencias entre el fútbol alemán y español.

Hay diferencias, sí. Como te decía: en el fútbol español se retiene y se toca más el balón y los jugadores se mueven más de lado a lado hasta que encuentran el hueco para el pase final. Y aquí, en muchos momentos del partido, el juego es de ida y vuelta; muchos balones directos; muchas disputas aéreas… Y por eso es un reto para mí. 

Más físico, ¿no? 

¡Mucho más físico! Los delanteros son mucho más fuertes y agresivos. Distinto. Son gustos. A mí ahora me parece un fútbol también muy bonito, aunque para la gente quizá el español sea más atractivo. Son distintos y hay que acostumbrarse. Yo estoy contento de poder tomar estas características del fútbol alemán como futbolista. 

¿Un ídolo? 

Me gustan mucho Puyol, Piqué y Ramos. Son los defensas en los que me he fijado. Me encantan. 

¿Un consejo para aplicar sobre el terreno de juego? 

La gente siempre me ha dicho que juegue como sé y con la tranquilidad que tengo. Siempre me lo daban siempre los compañeros. Y es con el que me voy a quedar. “Juega al fútbol libre, como te gusta, y sobre todo con la tranquilidad”. 

¿Y cuál darías tú? 

[Ríe]. Yo daría también el mismo. Y a la gente que es un poco más nerviosa: que se relaje y que disfrute, que es un juego divertido y que no hay presión por detrás, que se olvide de que si fallas te van a comer la cabeza. Si disfrutas jugando es lo mejor que te puede pasar. 

Por último: un mensaje para la Mareona. 

Les diría que sigan apoyando como hasta ahora, que queda poco, y que el equipo está respondiendo a la perfección. Ojalá disfruten de otro ascenso, que lo celebren y que pueda estar yo ahí [sonríe].

*Entrevista realizada para #LamagiadelBrujopapel3 en abril-mayo de 2018.

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