GRETA THUNBERG, UNA ALIADA EN LA LUCHA CLIMÁTICA

Greta Thunberg
© Instagram de Greta Thunberg

La joven activista sueca se ha convertido en la imagen pública de la lucha contra el Cambio Climático, un fenómeno cuyo inicio se remonta a décadas atrás sin una perspectiva de futuro excesivamente positiva.

El IPCC alerta de la situación actual

El pasado 8 de agosto, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático –IPCC por sus siglas en inglés– publicó un nuevo informe. Este avisa que «el Cambio Climático afecta a cuatro pilares de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad». Si no se toman acciones inmediatas la crisis climática dañará la producción de los productos, los precios y el poder adquisitivo, la calidad de los alimentos y también su disponibilidad.

El informe recalca la importancia de reducir el desperdicio de alimentos –una tercera parte se echa a perder– ya que de esta manera disminuyen las emisiones; así como anima a iniciar una dieta con menor presencia de productos de origen animal y más saludable. Incide también sobre hacer un uso sostenible de la tierra y sus recursos, la eliminación de la quema y tala de bosques y la prevención en la recolección de leña. La sentencia de lo anterior es concluyente: necesidad de una inminente reducción de emisión de gases de efecto invernadero.

Hace unas semanas fue el 40 aniversario de la publicación del Informe Charney, el primer texto científico sobre el Cambio Climático. Sus predicciones se cumplieron: aumento de la temperatura entre 1,5 y 4,5 grados así como una duplicación del dióxido de carbono atmosférico. Los científicos que llevaron a cabo el estudio señalaron que, entonces, apenas hubo cambios reseñables desde la esfera política o de los ciudadanos para evitar que se confirmaran los datos que habían adelantado.

Fridays for Future: el grito de socorro de los más jovenes

Protesta ante el Congreso de los Diputados (España) | © Greenpeace

Con estos datos por bandera, que confirman los que ya se habían publicado anteriormente y que dieron lugar al Acuerdo de París, entró en escena una joven activista hace un año: Greta Thunberg. Con apenas 15 años creó el movimiento #FridaysForFuture –FFF por sus siglas en inglés–: huelgas estudiantiles cada viernes por el planeta. «Si todos supieran lo grave que es la situación y lo poco que se está haciendo realmente al respecto vendrían y se sentarían a nuestro lado» afirmó en uno de sus discursos. El movimiento empezó en Suecia, donde ella reside, pero ya se ha extendido por muchos más países de Europa, América, Asia, África y Oceanía.

Mapa a escala mundial donde ha habido protestas de FFF | © FridaysForFuture

El próximo 27 de septiembre se celebrará una huelga mundial por el clima. La UPA –Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos– ha publicado un manifiesto de cara a esta huelga en el que los firmantes –entre los que están sindicatos como UGT, organizaciones como ISENER y ONG como Greenpeace o WWF– «piden que en la nueva etapa política se declare, de manera inmediata, la emergencia climática y se tomen las medidas concretas necesarias para reducir rápidamente a cero neto las emisiones de gases de efecto invernadero, en línea con lo establecido por la ciencia y bajo criterios de justicia climática. Evitar que la temperatura global se eleve por encima de 1,5 °C debe ser una prioridad de la humanidad. Es necesario reducir con carácter urgente las emisiones de CO2eq (equivalente de carbono), reajustando la huella ecológica a la biocapacidad del planeta».

‘Juventud x el clima’ también ha emitido su propio manifiesto para el próximo 27 de septiembre: «Nos jugamos mucho, nos jugamos nuestro futuro. Si los políticos no hacen nada, haremos que nos oigan. La situación es extrema: la crisis ecológica se ha agudizado en los últimos años, y ya no hay rincón del Planeta que sea ajena a esta urgencia. El coste de la pasividad es enorme. Hace falta cambios profundos en un modelo económico cuya principal víctima somos nosotros mismos. Y para ello la movilización es imprescindible, pero también lo es que se tomen las medidas para frenar el deterioro ecológico».

Greta Thunberg, el activismo como arma

Greta Thunberg | © Instagram

La imagen que dibujamos de ella en nuestra mente es la de una niña con trenzas, chubasquero amarillo, botas de agua y una enorme pancarta que clama piedad para la Tierra. Hizo bien en abrigarse: ha tenido que aprender a bailar bajo una lluvia de insultos, teorías conspirativas y burlas. Se defiende con una simple afirmación: «Hay una objeción contra la que no puedo hacer nada. Y es el argumento de que “soy una niña y no deberíamos escuchar a los niños”. Pero esto se arregla fácilmente: empiecen a escuchar en su lugar los sólidos argumentos científicos […] Soy solo una mensajera y recibo todo este odio».

Su discurso es directo, mordaz, sin adornos, con una presencia firme y continua de ironía, y con la clara intención de dejar poso y huella en la memoria del que se detenga a escuchar. Siempre mira al frente, no hace demasiado uso del lenguaje no verbal pero juega con los silencios. Habla despacio y con el ceño fruncido: se enfada conforme va hablando y dando datos. Genera fácilmente reacción en el receptor. Es su manera de canalizar y transmitir la información previamente recogida por científicos y también es su respuesta ante una evidencia: «Nuestra casa –el Planeta– está ardiendo […] No hay grises cuando se trata de sobrevivir». 

Nació hace dieciséis años, escuchó hablar sobre el Cambio Climático con ocho y enfermó a los once. Después le diagnosticaron Síndrome de Asperger –la persona que lo padece tiene dificultades en la comunicación social y en la flexibilidad de pensamiento y comportamiento, pero tiene un lenguaje fluido y una capacidad intelectual media e incluso superior a la media de la población–. Cree que «si hubiera sido sociable y no hubiera tenido problemas de comunicación, tal vez no hubiera tratado de organizarme ni hubiera tenido fuerza para hacer lo que he hecho». Asimismo reconoce con su particular sonrisa que «en muchos sentidos los autistas somos los normales y el resto de la gente es bastante extraña».

Una de las bazas que más han jugado contra ella es la política. Su respuesta ante las diversas acusaciones sigue teniendo la salud del planeta como eje: «Al clima y a la biosfera no le importan nuestras políticas ni nuestra palabrería hueca. Solo les importa lo que en verdad hacemos. Esto es un grito de socorro». Y añade: «Las medidas que hay que tomar van más allá de cualquier manifiesto o política de partido».

De hecho, ha sido invitada en numerosas ocasiones por políticos, como Macron, la propia Unión Europea, y ha acudido. Sin embargo, siempre recuerda la inacción que se cuenta en años de los políticos: «A ustedes se les han acabado las excusas y a nosotros se nos está acabando el tiempo […] Algunas personas dicen que no deberíamos dedicarnos al activismo, que deberíamos dejarlo todo en manos de nuestros políticos y limitarnos a votar por el cambio. Pero, ¿qué hacemos si no hay voluntad política? ¿Qué hacemos cuando las políticas necesarias no se ven en ningún lado?».

Crisis Climática: un cambio en la terminología

El IPCC sigue utilizando ‘Cambio Climático’, pero aumenta la frecuencia en la que nos encontramos el término con una ligera y reseñable variación: ‘Crisis Climática‘ o ‘Emergencia Climática‘. Se debe a que el inicial cambio, al que no se le daba mayor importancia, ha mutado en la definición de ‘crisis’ que recoge la RAE: «Cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o situación, o en la manera en que estos son apreciados».

Una de esas consecuencias es la desaparición del primer glaciar a causa de esta crisis: Okjokull, en Islandia. Se hizo un acto de despedida en el que se instaló una placa conmemorativa con el objetivo de que se convierta en un recordatorio para el futuro. Incluso lleva inscrito también el dato de un nuevo récord alcanzado el pasado mayo: ‘415 ppm CO2’, el nivel de concentración por partes por millón del dióxido de carbonero registrado en la atmósfera durante el mes primaveral. El glaciar contaba en 1980 con 16 km; en 2012 pasó a 0,7 km2, en 2014 lo consideraban solo «hielo muerto que ya no se movía más» según reconoció el geólogo Oddur Sigurdsson a la agencia France-Presse; y en 2019 ha desaparecido.

Quizá tiene que ver con que este mes de julio ha sido el mes más caluroso de la historia desde que se tienen registros de la temperatura en 1880 según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica –NOAA– o la Organización Meteorológica Mundial –WMO–. Así como los siete primeros meses de este año ya se han confirmado también como el periodo más caluroso de la historia –empatado con el mismo intervalo de tiempo en 2017–. De hecho, según NOAA, los últimos cinco años han sido los más cálidos desde que existen registros.

https://twitter.com/AEMET_Esp/status/1163508812738940943?s=20

Los datos anteriores tienen consecuencias también sobre la disponibilidad del agua: España, junto a otros como Portugal o Italia, está entre los 44 países a escala mundial que se ven afectados por la escasez de agua –ha sufrido un déficit del 26% de las precipitaciones respecto al año anterior–. De hecho, la Agencia Europa de Medioambiente revela que una tercera parte de la Unión Europea está en tensión hídrica.

Los incendios también se están incrementando y, a la superficie quemada de bosque mediterráneo –375.000 hectáreas al año–, se suman las especies, ecosistemas y hábitats que se pierden con él. Este año se está confirmando como uno de los peores de los últimos diez –ya está en la quinta posición con los datos recogidos hasta el 11 de agosto–: se han quemado –hasta esa fecha– 57.697 hectáreas, una cifra que triplica la que se había obtenido en el mismo tiempo en 2018.

Con la esperanza en la Cumbre sobre la Acción Climática de New York y la presión de la Huelga Mundial por el Clima, que se celebrarán ambos en septiembre, y la responsabilidad del cumplimiento del Acuerdo de París, que entrará en vigor en 2020, se decidirá si los esfuerzos por detener y mitigar esta crisis climática están siendo suficientes. A priori, parece que no es así.

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