IVÁN LI VILLEGAS: “SE ESTÁN PERDIENDO LOS VALORES DE LA DANZA”

Iván Li Villegas

Su hijo corretea alrededor mientras se produce la conversación. Lo lleva en la sangre y a él, se nota, no le disgusta en absoluto. Iván Li Villegas siempre fue fiel al ‘mamá, quiero ser artista’: soñó con ser actor, pero cambió de vocación… y ha vivido siempre de ella. Sus padres le apoyaron desde que le vieron imitar junto a sus amigos a los Backstreet Boys. Ama la danza, pero ama con el mismo ímpetu el arte en todas sus formas y formatos. Con el Hip Hop agarrado al corazón, le dio espacio también al Dancehall en sus movimientos. Y Fama ¡A bailar! fue el despegue definitivo a la carrera de un bailarín que es tan fiel a su profesión que repite hasta la saciedad lo que lleva tatuado en su piel: ‘Dance or die’. No quiere bajarse nunca del escenario: ahora disfruta mostrando el movimiento, más adelante quiere ser él el que lo cree. Con humildad pero sin falsa modestia, Iván, el chico de Córdoba que se marchó a Madrid para seguir creciendo como profesional, habla de danza largo y tendido. Pero, sobre todo, vive por y para ella.

¿Por qué elegiste la danza?

Si te soy sincero, nunca fue mi primera opción. Cuando era pequeño quería ser actor y la danza era un hobby. Empecé bailando con un grupo de amigos a los nueve años, imitábamos a los Backstreet Boys [ríe]. Después vi que a la gente le gustaba lo que hacía y que se me daba bien y decidí dedicarme a ello, pero hasta entonces pasaron muchos años. Me formé más, me saqué un título en Córdoba para poder dar clases, viajé fuera para seguir aprendiendo… Lo dejé todo para ser bailarín.

Te iba a preguntar si se elige de manera consciente o uno nace con ello, aunque quizá en este caso fue la combinación de ambas.

Exactamente. Mis padres me cuentan, y hay vídeos VHS que lo confirman, que cuando iba a las ferias en Córdoba me subía al escenario y bailaba, pero mi cabeza no lo asimilaba todavía como posible profesión. Siempre he estado ligado al mundo del arte.

Probablemente, muchos de los lectores te conozcan por tu paso por el programa de baile Fama ¡A bailar! emitido por Cuatro. ¿Fue un antes y un después en tu carrera o simplemente un paso más en ella?

Ambas. Ha sido un paso más porque antes del programa ya bailaba, aunque mucha gente que me conoce por él piensa que fue a raíz de ese momento. Participé en el año 2009 y yo estaba dando clases desde 2004. Pero también ha sido un antes y un después porque cuando acabó decidí mudarme a Madrid ya que es donde hay más oportunidades profesionales… En Córdoba podía seguir dando clases, pero no a trabajar con artistas o en programas de televisión.

¿Qué te queda de esa época actualmente?

La experiencia, sin duda. Es lo que me llevo. Las personas que hemos participado en algún tipo de reality show siempre hablamos de la experiencia, pero es que es verdad. Es increíble y hay que vivirla… Estás veinticuatro horas viviendo en un mismo sitio con las mismas personas, poniéndote a prueba, exigiéndote… Fue una experiencia profesional espectacular. Pero con lo que más me quedo es con la gente con la que mantengo contacto, que tenemos ese grupo de Whatsapp, y que, de hecho, muchos de ellos son compañeros de trabajo como Hugo, Nito, Albert o Miguel [Iván da clases en la Escuela Idance de Lola González].

Hace unas semanas leí en tus redes una crítica hacia la edición actual de Fama [ahora se emite en Movistar+]. ¿Se ha desvirtuado de lo que debería ser: un programa de danza?

Creo que el formato actual y el antiguo no tienen nada que ver. No se ha desvirtuado, porque ambos son programas de danza, pero están enfocados de manera muy distinta. La esencia del anterior se ha perdido: era una escuela y tú estabas aprendiendo. Y con esto no digo que no ahora no estén haciéndolo, pero sí percibo que los que están concursando en esta nueva etapa ya son profesionales. Evidentemente continúan aprendiendo, pero el resultado frente al público es muy diferente. Siempre pongo el ejemplo de mi compañero Erik… La esencia de nuestro Fama era que un bboy [bailarín de Break Dance], como era él, sin saber hacer una pirueta salga de la escuela haciéndolas, conociendo la danza clásica y sabiendo trabajar en equipo. Creo que este nuevo Fama solo mantiene el nombre y a la presentadora… Pero es mi opinión.

¿Se ha perdido la Old School? ¿Qué ofrece respecto a la New School?

Creo que entrar en ello es un auténtico dilema porque en la danza urbana se han fusionado muchísimos estilos. Personalmente soy partidario de evolucionar, porque nunca es bueno estancarse, pero sin perder las raíces. Por ejemplo, yo estoy muy ligado al Dancehall. Llevo muchos años estudiándolo y dentro de él existe: old, middle y new school. ¿Pero de qué sirve hacer la parte nueva de un estilo si desconocemos sus fundamentos? En muchas ocasiones lo nuevo es simplemente una evolución de lo antiguo. Hay que estudiarlo todo. Y así se crecería más como bailarín y como persona. Eso sí, creo que las Redes Sociales han hecho mucho daño en este sentido. Hoy, muchos bailarines se mueven por las modas y por lo que está en tendencia y éstos siguen e idolatran a otros que hacen todo nuevo. Algo de lo que yo estoy muy orgulloso es de que tengo un estilo propio, pero esto no quiere decir que no pruebe cosas nuevas, sobre todo porque tu alumnado cambia de edad y no puedes enseñar lo mismo que diez años atrás, pero sin perder tu propia esencia.

Vicky Gómez habló de ello en su visita a la edición actual de Fama. Reconoció que había perdido las ganas de ir a tomar clases a Los Ángeles porque todo se centraba en grabar para las Redes Sociales.

En Los Ángeles está toda la industria de danza, música… Y hay demasiado circo, por decirlo de alguna manera. Muchos coreógrafos de artistas como Britney Spears o Beyoncé dan clases, así que lo hacen como trabajan en el día a día, preparando el show. Y la mayoría de los que acuden ya van pensando que es un casting. De hecho, si tomas una clase allí alucinas con la manera en la que van vestidos y maquillados… Piensan que están haciendo un casting continuamente. Está muy bien para el aspecto laboral, pero se pierde la parte del aprendizaje. No digo que todos sean así, pero en su gran mayoría sí.

Antes hablábamos del Dancehall. Precisamente, junto a la danza urbana, es tu seña de identidad. ¿Por qué se despertó tu curiosidad por este estilo?

Empecé en 2005. Fui a Barcelona a un curso en el que venían profesores internacionales y nacionales y entre ellos estaba Laure Courtellemont, profesora muy reconocida en el mundo del baile. Ella creó una fusión que llamó ‘Ragga Jam’: con música Dancehall fusionaba Hip Hop, el propio Dancehall y Afro. Cuando vi estos movimientos, más fluidos y no tan secos; los movimientos de torso y caderas; y la música Dancehall, que es una variante moderna del Reggae, me encantó y empecé a investigar. Descubrí que no es solo baile sino un estilo de vida y empecé a formarme en muchos cursos con jamaicanos. El primer evento al que acudí se celebró en Francia y estuve allí una semana tomando clases con algunos de los creadores de pasos y estilos dentro de este. Me enamoré.

¿Has ido a Jamaica para formarte en la cuna del estilo?

No, no he ido por mi situación personal. Soy padre y estoy casado… Ya no es como antes. Me resulta muy difícil. Pero como se está dando a conocer más, ahora vienen muchísimos jamaicanos a dar clases. Es cierto que lo mejor es vivirlo como ellos lo hacen allí, bailarlo en la calle con ellos, pero no me preocupa porque sé que recibo clases de las personas adecuadas.

Precisamente has creado tú mismo un evento: Swagger Jam. ¿Qué es exactamente?

Es un proyecto que inicié con unos amigos que también se habían interesado en este estilo: Rafa Redvolcon, que es el mayor referente del Dancehall a nivel nacional ahora mismo, y Nere. Les propuse hacer un workshop anual para compartir entre nosotros y tener una excusa para vernos y poder enseñárselo a la gente. Empezó como una reunión de amigos, pero mejoró tanto año a año que ya se conoce muchísimo. En la última edición pude traer a una chica francesa muy reconocida dentro de este mundo y a tres jamaicanos. Es un evento en el que promovemos esta cultura e intentamos que vengan desde fuera para enseñárnosla desde sus raíces.

Y haces coreografías con Reggae nacional: Swan Fyahbwoy, Green Valley… ¿Se les valora poco?

Sí, pero creo que pasa con todo. Hay muy pocos profesores de urbano haciendo coreografías con temas en español. Y ahora es más frecuente por el Reggaeton. Nadie piensa en hacer una coreo con una canción de Merche o David Bisbal porque es evidente que la música no es urbana, pero hoy se pueden hacer cosas muy chulas con música pop en español. A mí siempre me ha gustado hacerlas porque no entendía muy bien inglés y quería saber transmitir lo que decía la canción. Recuerdo cuando Beatriz Luengo sacó varios temas al salir de Upa Dance y yo hice alguna coreo con ellos. Pensé en hacerlo también con el Dancehall porque son temas muy bonitos, con el mismo estilo y en los que lo único que cambia es el idioma. Me gusta hacer cosas diferentes… Si no lo hacen, lo hago [ríe]. Y, por ejemplo, Swan Fyahbwoy lleva bailarines a los conciertos. De hecho, como anécdota: él me comentó la coreo que hice con su música porque tenemos un amigo en común, que es dj, él le pasó el vídeo y a Fyahbwoy le gustó.

Hablábamos de la moda actual de hacer coreografías con Reggaeton… ¿A qué se debe? ¿Cambios en la industria musical y de la danza?

Creo que radica en lo que se escucha en la radio y con el cambio de edad. Los jóvenes escuchan lo que les ponen en la radio y en la televisión y si es Trap o Reggaeton es muy difícil que vayan a una clase y quieran escuchar a Janet Jackson. A mí el año pasado me ocurrió una anécdota muy graciosa: iba a enseñar una coreografía con una canción de Will Smith y una chica me preguntó si él cantaba… Supongo que va con la edad. Siempre he sido muy defensor de este estilo y creo que hay temas muy guais, pero hay otros que jamás pondría en una clase por pura ética y moral. Una cosa es hacer algo puntual y otra es cambiar radicalmente de Urbano a Reggaeton. A mí me costó mucho… De hecho, he tenido una transición de dos años en la que lo he pasado bastante mal porque me preguntaba a mí mismo si hacía lo que a mí me gustaba o lo que a ellos les gustaba. Tiene que ser un fifty-fifty, que disfruten con lo que bailan pero darles también cultura musical.

Ética y moral… ¿Qué valores de la danza son o deben ser innegociables?

Creo que, precisamente, se está perdiendo enseñar valores en las clases. Se está perdiendo el compañerismo; ayudar a la gente a superarse; perder la vergüenza… Ahora parece que importa más bailar mejor que el otro y que te elijan a ti en el ‘select[al final de la clase, el profesor elige a algunos de los alumnos para hacer la coreo]. Antes si nos elegía el profesor nos daba vergüenza pero sabíamos que a la próxima tendríamos más confianza en nosotros mismos y sabíamos también que la gente no estaba ahí para juzgarme sino para compartir conmigo. Hay una serie de valores que no se están enseñando, pero porque muy poca gente quiere aprender a bailar… Muchos van por puro postureo y por las Redes Sociales. Por ejemplo, cuando dividía en grupos a la clase para que cogieran aire y hacer la coreo más seguida, todos iban a por el móvil para grabar. Antes se grababa para practicar o incluso para guardarla de recuerdo, pero ahora es para subirla. Es cierto que no había redes y que quizá habría sido distinto… Y doy gracias por ello, quizá si hubiera empezado ahora no tendría los mismos valores.

Se ha perdido también la que antes era una de las mayores señas de la danza: la sensación de piña, de grupo… Ahora es una guerra de egos por los likes en Instagram.

Totalmente. Y es muy triste. Hace poco publiqué un comentario porque vi una masterclass en la que había dos niños que están muy metidos en este momento popular de Instagram. Bailan muy bien y tienen muchos followers, tendrán unos 14 años y ya están dando clases. Pero partimos de la base que actualmente se llama masterclass a cualquier cosa. Antes había un par de ellas al año y era una clase magistral de alguien que aportaba muchísimo más que un simple baile, que había tenido un recorrido profesional que no te aportaría otro. Y, sí, todos hemos empezado, pero ahora se quiere ir demasiado rápido. Ellos bailan espectacularmente bien, pero les queda mucho que aprender a nivel metodológico, porque no es solo bailar. Siempre digo que puedes haber sido un gran futbolista y no ser buen entrenador. A mí me dicen a menudo que cuando empecé también era mi primera vez y era así, pero mi padre es profesor de Artes Marciales: antes de empezar en el baile, a los cinco años, ya estaba en el gimnasio y a partir de los nueve me lo tomé en serio; él era militar y cuando se iba de maniobras yo era el que daba las clases porque me había enseñado cómo hacerlo. Cuando empecé a darlas me faltaba mucho por aprender sobre danza, pero tenía capacidad de docencia. Me habían enseñado cómo dar una clase, preparar un calentamiento, hablar con la gente… Mi padre me formó. En términos de baile, efectivamente me quedaba muchísimo por aprender, pero no cojeaba a nivel pedagógico y, por supuesto, he seguido enriqueciéndome y aprendiendo. Hoy todo va demasiado rápido. Eso sí, la culpa es de las escuelas.

¿Por qué la danza está tan denostada en los medios?

El arte en general no cuenta con espacio porque no da dinero. Sale lo que da dinero y mueve masas. El problema es que desde pequeños no nos han enseñado que el arte es imprescindible para las personas. De hecho, cuando eres niño es lo primero que haces: cantas, bailas, pintas… ¿Por qué cuando empezamos en el colegio nos suprimen esto y le dan tanta importancia a otros aspectos que quizá el día de mañana no nos sirvan tanto?

¿Hay una tendencia a considerar hobby y no profesión casi cualquier disciplina cultural?

A mí me ha tocado escuchar cuando digo que soy bailarín que a qué me dedico realmente. Poco a poco se está cambiando, pero sí ocurre. Las Redes Sociales en ese aspecto están ayudando porque se da más visibilidad y la gente puede acceder a ello más fácilmente. Si desde pequeño no te han inculcado el arte, cuando seas mayor la gente no comprenderá que puedas dedicarte a ello. Es cierto que el mundo del artista es muy complicado porque somos muchos y es más difícil destacar, pero creo que si le pones ganas puedes vivir de ello. Conozco también mucha gente que ha estudiado lo que querían y no han podido dedicarse a ello. Pero volvemos a lo mismo: cuando todavía no te conoces a ti mismo te están obligando a elegir qué quieres ser el resto de tu vida. Yo siempre he sido muy afortunado porque mis padres me han apoyado, aunque siempre me recomendaron que tuviera un segundo plan. Pero puedo decir orgulloso que me dedico a lo que me gusta y siempre lo he hecho. Cuando seamos viejos tenemos que poder mirar atrás y estar contentos con lo que hemos hecho. Y, sí, quizá puedo lesionarme, toco madera, y verme obligado a dejarlo. Pero que me quiten lo bailao’… ¡Y nunca mejor dicho!

¿Cómo es el día a día del bailarín?

Estar pensando continuamente. Y yo soy muy autoexigente. Si por ejemplo tengo que llevar una coreo nueva para las clases, probablemente esté varias horas a lo largo de varios días para crearla, porque no me conformo con lo primero que me sale. El bailarín es artista… Y el artista se mueve por el sentimiento. Si mi cuerpo o mi cabeza no están inspirados es muy difícil. La vida de un bailarín es muy complicada y los que más lo sufren son las personas de nuestro entorno. En mi caso, trabajo de lunes a sábado en una escuela, por lo que además de las horas allí también hay que incluir el trabajo que hago en casa: buscar la música, crear la coreo, cortar las pistas… Y lidiar con lesiones, por supuesto, así como cuidarte en el día a día. A veces también aparece el trabajo de un día para otro y tenemos que sacrificar mucho tiempo con la familia. La vida del bailarín, y sobre todo del profesor, no es solo lo que se ve en la clase. Y, además, tenemos que seguir formándonos.

¿Qué es lo más bonito de darle movimiento a la letra de una canción?

Siempre digo que cuando creas una coreografía es como si tuvieses un hijo. Grabo y guardo todas mis coreografías… Tengo mucho cariño a todas ellas porque salen de mí, de lo que siento en ese momento. Para crear una coreo, uno se inspira en lo que le surge, en lo que siente y en lo que le inspira en ese momento, también varía en función de cómo esté tu cuerpo y tu cabeza e influye lo que esté en tendencia. Cuando la acabas, después de darle mil vueltas como es mi caso, te das cuenta de cuánto tiempo le has dedicado. Es como el que escribe un libro y lo acaba… Una coreografía es una parte de ti, algo que nace de ti. Lo pares. Intento hacer códigos de movimiento diferentes a raíz del mío propio porque quiero que, cuando se vea con el tiempo, quien lo haga se dé cuenta de que son diferentes pero con mi toque personal. A veces incluso reciclo algunas antiguas…

Recuerdo especialmente ‘Power’.

¡La de los efectos! Tiene muchísimos años. La coreografía que hice para el casting de Fama era similar a esa… Actualmente, tiene más de 15 años y la sigo utilizando para algunas exhibiciones. Es muy efectiva y me ha dado muchísimas alegrías. Es como ese primer hijo, que no es que lo quiera más que a los demás, pero es el primero…

A raíz de las coreografías creadas por ti, te voy a hacer algunas preguntas. ¿Tiene Iván Li algún tipo de límites a la hora de bailar? | Coreografía de ‘No limit’

Creo que solo existen los que te pones tú mismo. Intento ser coherente a la hora de crear, pero sin ponerme demasiados límites.

¿Cómo bailarías la última vez? | Coreografía de ‘Taki-Taki’

Si tuviese la oportunidad de elegir cómo bailar la última vez, bailaría con el grupo con el que empecé, Dharken, con el que imitaba a los Backstreet Boys. A día de hoy, ninguno de ellos se dedica a la danza: uno es militar; otro trabaja en Berlín; otra trabaja en un bazar… Les imitábamos, pero éramos tres chicos y dos chicas, así que ellas se disfrazaban [ríe]. Tenemos gran añoranza de esa época… ¡Incluso decimos que tenemos que juntarnos un día para repetirlo! Así que sí, sería con ellos. Me gustaría empezar y acabar con ellos.

Cuando salga el sol en el futuro, ¿cómo te ves? | Coreografía de ‘Cuando salga el sol’

Me gustaría seguir vinculado con el mundo de la danza. Y me encantaría tener mi escuela, enseñar a la gente y dar trabajo. Estar vinculado con la danza quizá más como coreógrafo, que ya lo he hecho, pero de forma más clara. De hecho, en breve saldrá el vídeo de un artista al que he coreografiado. Quizá también como director artístico para giras. No quiero desvincularme del baile, aunque a veces lo he pensado… Pero solo en los malos momentos.

El otro día publicaste que un bailarín muere dos veces, la primera es cuando deja de bailar. ¿Cómo te preparas para ese duelo? ¿O solo te lo planteas como un cambio de plano dentro de la misma profesión?

Realmente no me lo he planteado. Creo que un bailarín no lo piensa, sino que lo acepta cuando viene… Por mucho que te mentalices no estás preparado para ello. Tengo un compañero que ha tenido que dejar el baile de la noche a la mañana por dos operaciones de hernias discales. Lo ha pasado fatal, rozando la depresión. Y me refiero tanto al bailarín como a cualquier artista. Mi idea es que cuando no pueda bailar más pueda seguir dedicándome a la danza de otra manera. Afortunadamente, todo lo que me he propuesto lo he conseguido. Por ejemplo, estudié caracterización y maquillaje para cine. Siempre he sido muy friki de las películas de terror e hice el curso por mero aprendizaje, pero se me dio bien y el profesor me llevo con él a trabajar en varias películas y series. Así que sé que, si por algo tuviese que dejar sí o sí el baile, me reinventaría. Y si puede ser en el mundo del arte, mejor. Pero no me lo planteo. Solo pienso en que el día de mañana, cuando sea viejo, mi hijo herede mi escuela de baile si quiere o si no trabajarán otros en ella.

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