PERIODISTA BUSCA VOCACIÓN PERDIDA

Periodista

Ayer me tumbé en el diván por segunda semana consecutiva y por tercera en menos de un mes. Le conté a Carmen que quizá había perdido la vocación por el camino, aquella de la que siempre he presumido. Me dijo que no, que me había desencantado con la realidad, que era muy distinto. Si lo dice ella supongo que será así, porque a menudo me entiende mejor que yo misma.

El próximo mes tengo que hablar sobre periodismo a ‘colegas’ –nos gusta mucho llamarnos así los unos a los otros en la jerga periodística, ¿sabéis?– que están a puntito de finalizar sus estudios. «Menudo papelón» pienso. No sé si tengo que ser (real y totalmente) sincera o maquillar un poco el mundo de ahí fuera. No quiero que se zambullan en el limbo emocional al que yo me enfrenté. Supongo que debería alertarles de que tienen que ser fuertes, valientes, pacientes… y esas palabras que uno dice –y espera escuchar de vuelta– cuando las cosas no salen como pensabas. O que quizá la vida te lleve por un camino mejor del que habías planificado. Es bueno tenerlo en mente. Ya sabes… pa’ por si acaso.

Este texto no está quedando muy periodístico… pero es (mi) opinión y la opinión no es periodismo. Quizá sea un suspiro mental transformado en letras. Y esto es todavía menos periodístico… Ahora bien: enciende la tele y la radio, abre el periódico o teclea un digital y te encontrarás mucho de ‘esto’ y poco ‘periodismo real’. A veces creo que el periodismo (ya) es más teórico que práctico. Al menos en España. Pero si escuchas o buceas con esmero también puedes encontrar proyectos que te salven de ese bucle catastrofista, te lleven a la orilla y te recuerden que en el periodismo, como en la vida, hay buenos y malos ‘lugares’, profesionales y momentos.

Estaba planificando una serie de contenidos para la revista y el bic azul dejó de escribir. Un boli que, por cierto, resistía desde que hice el último examen –hace casi un año y medio–. Busqué rápido en la taza que me regaló Quini en el coloquio que celebré con motivo de la apertura de esta web, que por aquel entonces era muy distinta a lo que es hoy en muchos aspectos. Encuentro uno de la Ponti(ficia), mi universidad. Sonrío. Absolutamente todos los alumnos reclamábamos constantemente alguno de esos maravillosos bolígrafos. Se lo podéis preguntar a Nuria, que siempre le decíamos si no había manera de que nos regalasen alguno… «¡Al menos por la graduación!». Se convirtió en una queja continua y generalizada. Recuerdo que Lucía ‘se hizo’ –ya me entendéis  ;-)– con uno que se había quedado ‘solitario’ en el estudio de radio. Ella siempre estaba alerta por si encontraba alguno y cuando te lo prestaba siempre decía «eh, con vuelta». Marina y yo nos reíamos porque Lucía es una caradura entrañable que hace justicia a su nombre. No traficábamos con bolis ni nada por el estilo, pero sí se convirtió en una curiosa adicción. Seré sincera: en mis 23 años de vida jamás he encontrado ni uno solo que lo iguale. ‘Pintan’ que da gusto… ¡Hablamos de que consiguió desbancar al bic! Si esto no es una prueba definitiva que baje Dios y lo vea.

Después de recordar vuelvo a sonreír. En ‘fcom’ estábamos protegidos, sintiendo que el mundo externo nos abrazaría… pero no siempre es así. O no como esperábamos. Creo que diré a esos chicos que se preparen para el ensordecedor ‘no’, a veces ni emitido; a menudo se preguntarán por qué no eran buenos en ciencias y así podrían haber estudiado Informática y tendrían trabajo nada más salir por la puerta; leerán y escucharán a profesionales que les harán dudar sobre la profesión; se reirán de lo aprendido acerca de la ética periodística, aunque luego se sentirán muy orgullosos de sabérselo al dedillo; querrán abandonar y quizá lo hagan; y se sentirán absolutamente perdidos y ahogados en dudas… Pero, pese a todo, siempre serán periodistas… con título y de corazón. Un periodista, ejerza o no, lo es siempre.

Desconozco la respuesta sobre la pérdida de mi vocación. Creo que simplemente, como acostumbra a hacer una servidora, se ha desorientado. Quizá se reencuentre conmigo misma por ahí. O no. Vete tú a saber… aunque yo, que me he perdido mucho, siempre he vuelto a casa. Siempre. Y mi casa no es la facultad, un periódico o un ordenador… Mi casa es la mirada de papá al leer alguna de mis entrevistas; el «amiga, qué bonito» de Lorena; las conversaciones sobre la profesión con Marta, que también tardó en recibir su recompensa; la última lectura de Álex antes de publicarlo; y la satisfacción de escribir algo que me convenza. Mi casa es el periodismo. El sueño de la niña de siete años que escribía ‘periódicos’ en su nuevo ordenador hablando de los números del Barça en Liga sigue luchando por salir ahí fuera y transformarse en realidad. Muchas veces (ya) ha sido así. Intentaré calmarla –no sabéis el nivel de impaciencia que puede alcanzar– pero le recordaré que el camino se hace andando y que lo que más le gusta, escribir, lo estoy haciendo.

He vuelto a casa. Creo que la vocación, la mía propia y no la que se intenta imponer de alguna manera, ha llamado a la puerta. «¡Vooooooy!» anuncio.

Pd: el boli de la Ponti se ha quedado sin tinta… Quizá vaya siendo hora de aceptar que el cambio de ciclo es más que evidente.

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