ESCRIBIR EL RECUERDO DE UNA NAVIDAD

Navidad

Aparece en mi memoria como si fuera ayer. Hice fuerza con los párpados, cerrados, intentando prohibirme a mí misma la posibilidad de abrirlos. Esa noche vendría y, si cometía tal osadía, se iría sin cumplir con su cometido… Y, quién sabe, quizá no volviera el próximo año, tampoco el siguiente, ni el siguiente del siguiente… Escuché cómo abría la puerta, cogía algo y volvía a cerrarla. Siempre madrugaba, más aun cuando estaba nerviosa, así que la mañana del 25 de diciembre no iba a ser distinto. Papá Noel había estado en mi habitación y le había escuchado.

«Menos mal que no he abierto los ojos, eh» le dije a mis padres con una risa nerviosa mientras rompía el papel que ocultaba el abultado regalo. Ellos se reían, pero yo no lo entendí hasta que, años después, descubrí la ‘gran mentira’. No se me olvidará jamás la sensación de derrumbe en mi interior cuando me dijeron que Baltasar no existía. Supongo que, aunque crezcamos, nunca estamos preparados para tal confesión. Además, me lo dijo un niño, un año menor, que no creía en los Reyes ni Papá Noel, pero sí en el Ratoncito Pérez. Obviamente, por mi orgullo baltasariano, le solté que tampoco existía un ratón con capacidad de hacer regalos a todos los niños que perdían sus dientes. Pataleó, pero, sincera y vulgarmente, recuerdo que me quedé más a gusto que un arbusto.

Volviendo a lo anterior: Ese ‘menos mal’ se debía a que el señor de la barba blanca se portó sobresaliente. Me regaló mi primer ordenador. Tardé pocos días en teclear a todas horas e imprimir las ‘obras’ como una prueba irrefutable de que, algún día, aquellos textos valdrían ‘lo suyo’. Escribía ‘periódicos’ –cualquier parecido con la realidad era pura coincidencia– en los que hablaba del Barça –el equipo que se veía en mi casa–; poesías en las que mencionaba continuamente la naturaleza –entonces tenía más facilidad para rimar que ahora–; y cuentos con títulos tan emblemáticos como ‘Lucía y su perro Diego’. Si es cuestión de confesar: Confieso que llamé así al animal protagonista porque unos días antes de redactarlo había discutido con un niño de nombre Diego. Y esa era mi venganza. Ridícula, obviamente. Cosas de niños, supongo.

En aquel momento, represalias infantiles aparte, empecé a escribir. Más de quince años después, sigo tecleando con la misma ilusión de aquella niña. Escribir es la forma más honesta de sanar. Y ahora que Mercadona ya tiene el Suchard y los calendarios con chocolatinas de Adviento en rampa de salida y las luces están a puntito de encenderse, igual que mi odio declarado a esta época del año, me apetecía recordarlo. ¿Había mejor manera de hacerlo? Lo escrito, igual que aquel cuento que guardo con mucho cariño, perdura. Exactamente igual que los sentimientos.

Tags from the story
,
More from Paula Martín

Laureano Ruiz: “NO ME RESULTÓ DIFÍCIL ENTRENAR CON 15 AÑOS”

Hoy hablamos con Laureano Ruiz, un auténtico sabio del fútbol, un experto...
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *