LAUREANO RUIZ, UN PIONERO EN EL FÚTBOL

Laureano Ruiz
© Cossetania Edicions

Avilés, junio de 2016: Laureano Ruiz llega al Hotel Zen Balagares para participar como ponente en el congreso de fútbol ‘Construyendo el juego’ organizado por José Alberto López –actual entrenador del Real Sporting–. Con una sonrisa en la boca y la pizarra en las manos se dispone a contar a los allí presentes –la mayoría menores de 40 años– su periplo por el fútbol en general y la base en particular. Una suma de experiencia y conocimientos que se aglutinan en las marcas de su imbatible pizarra. Es de la ‘vieja escuela’, una que ha sido raíz de muchas otras: el fútbol de toque.

Creó los rondos. Fue el primero en desafiar el fútbol de altos y fuertes para crear espacio, como necesitan los genios, a esos ‘locos bajitos’. De hecho, Martí Perarnau señala en su libro ‘Senda de campeones’ que cuando llegó a Can Barça retiró un cartel que estaba colgado en la puerta de la secretaría técnica: «Si vienes a ofrecerme un juvenil que mida menos de 1’80m, date la vuelta».

Laureano fue pionero. Un kamikaze que creyó en un fútbol distinto, apostó por él y que, con el paso de los años, se ha demostrado que es sinónimo de éxito, especialmente en el Camp Nou. Un número considerable de entrenadores –algunos de ellos estuvieron bajo sus órdenes, como Quique Setién– han seguido la lección que aprendieron en su escuela. Con matices aportados por Cruyff y más tarde por Guardiola, dos de sus más aventajados alumnos, convirtió el fútbol español en un deporte para todos los físicos. Y así sumó adeptos… y talento(s).

Dejó la práctica del fútbol profesional a los 28 años y ha dirigido equipos en todas las categorías del fútbol nacional… De hecho, se inició en los banquillos a los 15 años: «No me resultó difícil entrenar a esa edad. Primero entrené a un equipo que formamos en el barrio, en el que destacaba Vicente Miera, que luego fue jugador internacional y seleccionador español. Al mismo tiempo jugaba en el juvenil del Racing, este campeonato comenzaba entonces, y teniendo 16 años el entrenador dimitió, así que como no había técnicos, los directivos me nombraron jugador-entrenador».

Laureano llegó, incluso, a compaginar su periplo en Primera con el papel de entrenador en varias categorías: «En un principio no era complicado, incluso cuando con 18 años pasé a jugar en el Racing de Primera. Años después, al aumentar los equipos juveniles, el Racing contaba con tres, llegaron las dificultades. Máxime cuando se formó el torneo infantil, pues también entrené a este equipo. En aquella época no había ayudantes en los entrenamientos y yo me pasaba la semana en el campo entrenando a los cuatro equipos, además de jugar profesionalmente».

El césped se convirtió en su oficina. O en un atril en el que explicar la lección. Se siente orgulloso de haber formado parte de la que considera la única escuela «de fútbol», que no de futbolistas: la Escuela Municipal de Fútbol de Santander.

Laureano rescató a los extremos para su causa, situó dos pasos más atrás al delantero, invitó al portero a salir de su cárcel de cal y propuso ejercicios en los entrenamientos en los que el balón era el absoluto protagonista. «Fútbol-fútbol» dice.

Son más de 26.000 niños, muchos llegaron a ser profesionales, los que escucharon a Laureano Ruiz hablar de fútbol. Y aprendieron, porque todo aquel que haya prestado atención a sus palabras, lo hace. Así son los genios.

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