OBLAK: REACCIÓN Y ACCIÓN

Jan Oblak
© Atlético de Madrid

Jan Oblak nació el 7 de enero de 1993 en la ciudad eslovena Škofja Loka. Se formó en el Olimpija, en 2010 dio el salto al Benfica, que le cedió hasta 2013, única temporada que jugó en el club portugués. Y el 16 de septiembre de 2014 debutó con el Atlético de Madrid en fase grupos de la Champions League ante el Olympiacos.

Sus inicios en el equipo colchonero se tiñeron de dudas y críticas, pero la paciencia se adueñó de la situación y, sumada al talento que más tarde probó poseer, han conseguido que se convierta en uno de los porteros más importantes de la historia del club. Es el alma y la esencia del Atleti del Cholo Simeone. Carácter, confianza y calidad son los ingredientes de la receta de su éxito.

Oblak ha hecho del reacción-acción su seña de identidad. Los reflejos, cuasi felinos, que ha educado para emplearlos en el verde le permiten realizar más de dos paradas en una sola jugada. Milésimas de segundos entre un remate y otro, pero reacciona y ejecuta la acción. Es, probablemente, un don divino… entrenado y trabajado.

Goza de un temple y una seguridad en sí mismo que probablemente influyen a la hora de erigirse y confirmarse como una especie en extinción en la portería: es capaz de blocar el balón, no solo parar, en muchas de las acciones en las que se enfrenta partido a partido. Una tarea que se está empezando a tornar imposible para los guardametas.

Su 1,88m de altura le permite ejercer de pulpo entre los tres palos y le otorga un gran poder en las acciones aéreas, pero no le resta en las que se producen a ras de césped. De hecho, estas últimas suelen jugar papel protagonista en las imágenes que retratan su puesta en escena cada fin de semana. Su rapidez mental se alinea con la física para convertir las dobles paradas en actos cotidianos.

Abarca mucha portería, algo que le permite intimidar al rival, provocándole una sensación visual y mental distinta de la real sobre el espacio disponible en la meta. Además, es un genio en el uno contra uno… Una batalla en la que, a priori, el portero juega en desventaja, pero él ha conseguido ser coronel. Asimismo, ha transformado el vuelo en un arte sin necesidad de filtros y adornos. Y no le tiembla la mano, incluso aunque le pille en la contraria, si ha de actuar.

Sin duda alguna: Jan Oblak se ha convertido en el pilar sobre el que se construye el Atleti en el campo.

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