RETALES DE VERANO: 2012

Escoliosis
Salamanca, verano de 2012:

España jugaba la Eurocopa de Polonia y Ucrania –y, como sabéis, la acabó ganando–. El torneo de selecciones coincidió con otro acontecimiento para mí: la operación de mi columna vertebral.

El 18 de junio de 2012, España jugó ante Croacia –ganó por la mínima–. He de confesar que me dormí durante la primera parte… Probablemente la ‘siesta’ tuvo mucho que ver con los resquicios de la anestesia general y la escasa emoción del partido. En la segunda parte concentré mi energía en no dormirme. Fue en la UVI, por cierto. Mi médico me consiguió una tablet y, recién operada, mis ojos se dirigían hacia un partido –malísimo– de la Selección Española. La situación era algo surrealista, pero los enfermeros se unieron a la ‘fiesta’ y acabamos comentando el partido y las posibilidades de España para ganar otro título. «La operación no ha sido para tanto» pensé. Ambos ‘equipos’ ganamos aquel día.

Retrocedamos unos años para entender cómo llegué a vivir la Eurocopa de 2012 en el Hospital Virgen de la Vega de Salamanca. Me explico:

Con cinco años me detectaron escoliosis idiopática –curvatura de la columna vertebral con origen desconocido–. A los nueve años me pusieron un corsé durante veintitrés horas al día hasta la adolescencia, además de recomendarme actividad física para conseguir dotar de flexibilidad a la curva, así que empecé a formarme en danza. Cuando llegué a la adolescencia las horas de corsé disminuyeron, pues ya había hecho todo lo que podía –reducir la velocidad del aumento de grados de la ‘S’ que se había formado– y, a los dieciséis, ese 18 de junio de 2012, se llevó a cabo mi operación quirúrgica.

He de reconocer que fueron años difíciles, especialmente por la edad, pero jamás recibí comentarios hirientes y me sentí arropada por todo mi entorno. Es cierto que mi físico no varió demasiado: mi escoliosis lumbar compensaba la dorsal y, por tanto, no tenía ‘chepa’. Mi infancia se desarrolló como la de cualquier niño, aunque con evidentes restricciones. Pero fui afortunada.

Hace unas semanas fui a otra revisión. Miré la radiografía que me habían hecho, especial para estos casos, y observé con calma los dos implantes de titanio que sujetan la columna con la ayuda de sus dieciocho tornillos. En el exterior, la cicatriz –apenas visible– de 42 centímetros. Sonreí. Mi médico, el Doctor Blanco, me pidió que contase esto. Se refería a que, después de todo, la vida de una mujer con escoliosis –hizo hincapié en ‘mujer’ porque la sufrimos más– es exactamente igual que la de las demás. Pensé que exageraba y que era algo obvio, pero llegué a casa y me encontré con este artículo científico titulado “Vivencias de las jóvenes diagnosticadas de escoliosis idiopática”. Entendí entonces lo que me pedía.

El relato de esas chicas es escalofriante. Vivieron la escoliosis como un auténtico duelo de lo perdido. Tardé en encontrar razón de ser a las lágrimas y confesiones de esas chicas, pero cuando repasé algunas de las que yo había hecho en terapia las comprendí. Después de leerlo me di cuenta de que, aunque yo siento mi infancia como la de los demás, es cierto que no fue del todo así ya que tuve restricciones a una edad en la que no das respuesta a nada. Y también recuerdo sentirme ajena a lo que se suponía que me correspondía por etapa vital en algunos momentos. No lo viví como un duelo porque no me lo permitieron. Llegué a jugar al baloncesto con el corsé. Con esto, creo, lo digo todo.

Absolutamente todo pasa. Y, sí, acabas siendo exactamente igual que las demás. El corsé externo hace años que lo dejamos atrás, ahora solo nos falta retirar definitivamente el interno –que sigue insistiendo a veces en nuestra diferencia–.

La Sanidad Pública me salvó la vida. En todos los sentidos. Los corsés costaban 600€ –llevé tres–. Y la operación se valora en miles de euros. Hay que tener en cuenta también las numerosas consultas y radiografías que me han realizado desde los cinco hasta mi veintitrés años, el ingreso hospitalario durante la recuperación y las posteriores revisiones. Asimismo, hay que añadir el incalculable valor profesional y personal del equipo de médicos y enfermeros. Hagan sus cuentas, pero si algo tengo claro es que la Sanidad Pública es un tesoro que debemos cuidar.

Yo no sobreviví a la escoliosis, conviví con ella y nos hicimos la vida lo más sencilla posible. La empatía de los que me rodeaban ayudó. Fue lo suficientemente difícil para convertirse en una experiencia protagonista en mi memoria, pero también conseguí ser lo suficientemente valiente para no convertirla en un pesar eterno. A veces solo tenemos que hablar… y contar nuestra historia para que nos entiendan. Y nos ayuden. Ojalá, entonces, la ya mencionada empatía haga su trabajo.

Pd: Durante mi ingreso hospitalario seguí viendo, ya en la habitación, la Eurocopa. Eso sí, el título lo celebré en casa. Fue un verano de superación y victorias para todos. 

Más #RetalesDeVerano:

More from Paula Martín

Sporting-Real Madrid: RIVALIDAD HISTÓRICA

Tres años después de abandonar la Primera División, los ya denominados ‘Sporting...
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *