LA PACIENCIA COMO ALMA MÁTER

El área de Paula

Dice el refrán: «La paciencia es la madre de todas las ciencias». Su cultivo y mimo a veces resulta tedioso, tanto que optamos por desdeñarla y condenarla hasta convertirla en la excusa de los ‘fracasados’. No recibe el valor que merece en ninguna disciplina que pueda requerirla y, además, en alguna de ellas ese desprecio se hace especialmente patente. El mejor ejemplo es el fútbol.

A menudo comparo la carrera del bailarín con la del futbolista. El bailarín clásico debe iniciarse en la danza a los cuatro años aproximadamente, dedicar casi todas las horas libres del día a mejorar su técnica, cuidar mucho su cuerpo y observar con esmero a los referentes. Asimismo, como el futbolista, se retira a una edad temprana. Se ve obligado a crecer, llegar y mantenerse rápido sin perder la enseñanza básica de esta profesión: en el camino perfilirá y pulirá su técnica. En la práctica está la mejora aunque baile a contrarreloj. La meta se antoja como la bandera blanca después de una guerra entre la paciencia y el tiempo. Solo así llegará a ser primer bailarín.

Ambos se ven sometidos también al juicio interno y externo de su profesión: el aplauso del público es el cierre del telón de una puesta en escena que anteriormente ha sido valorada por los directores. Anna Pavlova, bailarina de danza clásica, nació prematura y débil y era excesivamente delgada cuando se presentó a su primera prueba de acceso [10 años]. Según los cánones establecidos no habría podido –o debido– ser prima ballerina. Pero lo consiguió. Y no solo eso: fue la mejor. Consiguió que las coreografías que representaba fueran adaptadas a ella, a sus estados de ánimo y a lo que quería representar. En esto me recordó a Lionel Messi porque, como él, tenía el don de concentrar las miradas sobre sus movimientos.

Pavlova y Messi son dos genios que necesitaron paciencia para que se reconociera su valía. Antes de confirmarse como cisnes fueron esos ‘patitos feos’ de los que todos se burlaban por ser diferentes. En distinta época y disciplina se convirtieron en ejemplo de la potencialidad que (a)guarda el paciente. Ambos pusieron a los jueces, de un lado y de otro, en pie.

Efectivamente: en el fútbol, en la danza y en la vida la paciencia debe ser el alma máter.

More from Paula Martín

PICHU CUÉLLAR: “VOLVERÉ”

Pichu Cuéllar es carácter, sinceridad, corazón y talento dentro y fuera del...
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *