ME GUSTABA EL FÚTBOL EN DOMINGO

fútbol coronavirus

Me gustaba tanto el fútbol en la mañana de domingo… El camino hacia el estadio con las mariposas en el estómago por ver cómo jugaría ese día el equipo; el aroma –y la luz– de las primeras horas del día, que suelen invitar al optimismo cuando el sol se asoma sobre la última grada; el sabor especial del café en el bar de los aledaños de tu segundo hogar mientras comentas la alineación –en la que seguro harías algún cambio–; la esperanza que otorga el nacimiento de un nuevo día extrapolada a la cita semanal con ‘los tuyos’; el reencuentro con esas personas con las que solo cruzas palabras en ese contexto, pero te gusta verlas ahí, como de costumbre, como si nada alterase esa normalidad… Pero un día todo para, todo cambia, todo se detiene… Y lo pierdes. Y donde antes había un grito colectivo, ahora solo se escucha el silencio atronador de un estadio deshabitado –que se ve interrumpido por los gritos de esos veintidós jugadores y entrenadores–… Con lo difícil que es llenar los vacíos y enfrentarse a ellos.

Me costará afrontar el inicio de una nueva temporada sin el olor del césped recién cortado y regado –para la tranquilidad de Xavi–; la música con volumen excesivo por la megafonía del estadio; darle tregua al cuello ante la ausencia del movimiento de cabeza continuo para seguir la trayectoria del balón con el temor de perderte cualquier detalle por la ausencia de repeticiones; los vítores del gol a favor y los refunfuños del gol en contra; las alegrías compartidas en la victoria tras el pitido final y los improperios contra todo y contra todos en la derrota… Dotar de sentido a esta ausencia a la que tenemos que acostumbrarnos será como una final de Champions decidida en penaltis: emocionante y descafeinada al mismo tiempo.

Y, por si fuera poco, Messi nos abandona. Dios deja en el camino a varios discípulos –y algún Judas– sin una Biblia a la que acudir para los creyentes que han sucumbido a las palabras de varios profetas… Lo que probablemente supondrá un aumento de ateos. Pero también nos regala una enseñanza más: no se puede predicar en el desierto cuando no existe posibilidad de acceder a un oasis.

Tags from the story
,
More from Paula Martín

EL FÚTBOL DE ANTES

Vivimos en un fútbol en el que nada es lo que era....
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *