EL PASE AL FRENTE DE RICKY RUBIO

El área de Paula

Convencer antes que vencer. Y, entonces, hacerlo. Ese ha sido –y está siendo– el método de trabajo de Sergio Scariolo y sus jugadores. Así, la Selección Española ha conseguido estar presente en las Semifinales del Mundial después de 13 años.

Nadie apostaba por ellos para esta cita ante la ausencia de nombres que han hecho historia en viajes pasados. Sin embargo, este hito ha evidenciado de nuevo que el talento es uno de los ingredientes principales de cualquier éxito, pero la capacidad de trabajo, la adaptación y versatilidad propia y colectiva, y la focalización hacia un objetivo común son absolutamente determinantes.

Sumado a lo anterior, es clave también la toma de posesión de protagonismo de jugadores como Ricky Rubio, que se ha erigido en ‘el base’ del equipo en todas sus facetas. Ahora es un jugador maduro, con un don para la (buena) toma de decisiones en las distintas zonas de juego y al que no le pesa la acción de echarse el equipo a la espalda. Sabe cuándo ejercer de Ricky Rubio y cuándo ser uno más de los cinco. Se ha convertido en capitán de un barco que, lejos de derivar, ha encontrado el equilibrio en el mar de dudas que asaltaron en la fase preparatoria del Mundial. Rubio ha dado el ‘pase’ al frente y, sin duda, ha sido uno de los mejores de su carrera.

Sergio Scariolo reconoció en El País la veracidad de las palabras de los que decían que en la Selección «‘ya no son los que eran’ […] Pero se equivocan los que menosprecian nuestra identidad ganadora porque esa, a pesar del descenso de talento, sigue intacta y permite compensar las diferencias. Se trata de buscar otras fórmulas para mantener la misma esencia competitiva, que es lo que nos ha hecho diferentes estos años». Y se está demostrando.

En la misma entrevista afirmó: «Esta España son muchos pequeños supermanes, por cómo superan sus limitaciones y van al límite. Son capaces de ser grandes en lo que hacen, aunque no sea tan llamativo o brillante como lo que hacían los de antes. Pero yo los valoro incluso más». Y así es. Cuando España ha sufrido alguna sucesión de fallos que permitían al rival acercarse o adelantarse en el marcador, siempre aparecía la valentía del equipo para revertir la situación. Iban al límite porque tenían mucho que ganar y poco que perder ante el escepticismo extendido entre la afición. Se está cumpliendo aquello de «quien arriesga, gana».

Independientemente del desenlace final de este Mundial, España ya formará parte de los cuatro mejores. Y este ya es un motivo de celebración.

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