ADIÓS AL FÚTBOL DE VILLA

David Villa

Supongo que hemos crecido. El tiempo pasa irremediablemente y, con él, dejamos atrás momentos de plenitud que anhelamos volver a disfrutar en el futuro. Cambiamos el papel de receptor de historias plagadas de ‘batallitas’ por el de emisor. «Yo vi cómo España ganaba la Eurocopa de 2008, el Mundial de 2010 y la Eurocopa de 2012» decimos. Mientras en el recuerdo de los emisores de primera generación estaba todavía patente la maldición de la caída en Cuartos cuando llegó el derroche de éxito. Quién sabe si tanto fue el cántaro a la fuente que llegaron a creer que ésta era inagotable. Y de esos barros, estos lodos. O que no se puede ganar siempre, supongo también.

Hemos crecido. Y crecer supone verbalizar esos ‘adiós’ que guardas en el tintero desde hace años, esperando poder retrasarlos lo máximo posible, porque el día que se confirman, duelen. No sé muy bien si la raíz de ese dolor tiene su origen en que, con esas despedidas, una parte de nosotros se va también. Algunos vivimos los éxitos en plena adolescencia; a otros les pilló de niños; la edad adulta fue, probablemente, la más poblada; y muchos que pensaban que su partida definitiva se produciría sin ver ganar a ‘La Roja’, también lo disfrutaron.

Hemos crecido… Y el equipo que nos regaló estos momentos, también. Algunos lo dejaron hace tiempo, como Xavi; otros lo harán en breve, como Villa, o en un futuro cercano, como Casillas. Incluso hay quien se ha marchado de esta Tierra dejando un legado probablemente inalcanzable, como ‘el abuelo’ Luis Aragonés. Él fue el inicio de un sueño del que empezamos a despertar hace unos años. Eso sí, seguimos pidiendo cinco minutitos más aun a sabiendas de que alargar esa ‘cabezadita’ no cambiará el mundo que, ahora, (nos) espera ahí fuera.

Quizá hayamos crecido, pero dudo haber madurado. Dice Risto Mejide que «crecer es aprender a despedirse». Pero probablemente estamos empeñamos en seguir la idea de Dickens: «El dolor de la separación no es nada comparado con la alegría de reunirse de nuevo». Seguimos creciendo con la esperanza de reunirnos con el éxito de antaño.

Villa ha anunciado que deja el fútbol, siguiendo el camino que inició Puyol. Creo que, como ha pasado anteriormente con otros casos, aunque ya no le veíamos jugar sabíamos que estaba ahí, que seguía marcando y celebrando goles con los brazos abiertos mientras recorría parte del césped a la espera del abrazo de los compañeros que iban a su encuentro. Ahí no estaban ‘los nuestros’, pero ‘el 7’ seguía con su batalla sin cesar, jugando con nobleza y valor, siempre esforzándose para triunfar en tot el camp, derrochando coraje y corazón. El ‘guaje’ ya no es tan ‘guaje’. Y nosotros tampoco.

Supongo que, como he repetido varias veces en las líneas anteriores, hemos crecido, pero no estamos preparados del todo para decir adiós a la generación más exitosa y talentosa de la historia del fútbol español.

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