CÉSAR GARCÍA, EL ANCLA ROJIBLANCO DEL MARINO DE LUANCO

César García
© La magia del Brujo

Insistir, persistir y no desistir. Sprint, encarar, driblar, dar el pase y seguidamente buscar el remate a portería. Es la receta que, partido tras partido, cocina César García cuando se enfunde la elástica del Marino de Luanco.

Fue uno de los ‘guajes’ que vivió en primera persona con el Sporting División de Honor la injusticia del fútbol y su sabor más dulce; la victoria cuando la sequía de ocasiones hacía acto de presencia y la impotencia que genera la derrota inmerecida; la cara y la cruz con los árbitros y con ellos mismos. Esa campaña se convirtió en un máster de aprendizaje para dejar atrás la etiqueta ‘juvenil’ y hacer uso de la de ‘adulto’. Y el Marino, aprovechando la torpeza naval del Sporting, fichó a su ancla para esta temporada que, de nuevo, lucha por jugar el Play Off de ascenso.

La pasada temporada se incorporó más tarde que el resto de sus compañeros a la rutina diaria que, meses después, se traduciría en éxitos. Una lesión le tuvo alejado del terreno de juego cerca de 90 días. Más de mil minutos de juego después, su regreso fue progresivo, sin demasiado ruido, pero con el hambre de minutos ‘a flor de tacos’. A su vuelta, el extremo se hizo dueño y señor de la banda. Me recuerda a Guerrero, aunque él juegue de delantero centro, por su capacidad incesante de sacrificio, trabajo y presión al rival. No se cansa, no para durante los 90 minutos. Activó el cronómetro a su vuelta y desde entonces no ha querido detenerlo. Afortunadamente.

Forma parte de la lista de jugadores que, sabes, crearán algo cuando tengan el balón en los pies y cuando no sea así, lo buscarán como un león a su presa. Es un depredador del área aunque se escore a la banda. Voraz en ataque, aliado en defensa. Y que, además, goza de un buen golpeo a balón parado.

Eso sí, el fútbol es caprichoso, injusto, desmemoriado… Unos meses fuera por obligación y sientes que empiezas de cero. Una pretemporada de diez y, pese a ello, tu nombre se borra. Con preguntas, pero sin respuestas. Ahí aparece la frustración y la pérdida de autoestima… pero también la búsqueda de un hogar en el que puedas mostrar y demostrar, de nuevo, lo que eres y lo que probablemente serás.

Él ya ha inscrito su nombre en ese trámite varias veces, pero el cuento suele acabar con la misma moraleja: se despide de de la oscuridad generada por lesiones o faltas de oportunidades y aparece con la consiguiente aportación de luz para el equipo, antes en Mareo y ahora en Miramar.

El avilesino se confirmó como una de esas piezas esenciales para que, en la primavera de 2018, la flor del éxito tomase forma de campeonato de liga para el Sporting División de Honor. Ahora, además de ancla, es una especie de chaleco salvavidas para el Marino.

Cuando César juega el aficionado lo sabe, pero cuando no está se percibe con mayor énfasis. Es electricidad transformada en ocasiones. Gol directo e indirecto [esta misma jornada, ante el Ceares, dio dos asistencias y marcó un gol]. Peligro para el rival y fortuna para los suyos. Siempre aparece, está y, ante todo, es. Y es uno de esos jugadores que salta con nota sobresaliente esa retahíla de obstáculos que provoca un mundo, el del fútbol, tan sumamente contaminado.

El Marino de Luanco pescó un ancla al que amarrarse para la victoria y el Sporting B lo dejó escapar en una temporada en la que está nadando a contracorriente y puede, incluso, ahogarse.

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