UNA TARDE DE LLUVIA Y LECTURA

Libros

Está lloviendo ‘ahí‘ fuera. El otoño nos invita a refugiarnos bajo nuestras cuatro paredes, preparar un chocolate caliente, cubrirnos con la manta y escuchar la lluvia mientras leemos. Probablemente esté relatando una escena más propia del invierno que de esta estación intermedia pero, entiéndanme: soy de Salamanca, uno de esos lugares en los que solo hablamos de frío o calor, donde las medias tintas, como las temperaturas que buscan el equilibrio, no duran demasiado.

Actualizo: diluvia ‘ahí‘ fuera. Los cristales de mi ventana ya empiezan a vestirse con gotas de agua. Las (muchas) palomas que habitan los tejados cercanos buscan refugio. Siempre me quedo embobada cuando veo las ‘bodas de pájaros’ –cuando era pequeña aprendí a llamar así a los grupos de aves y ahora soy incapaz de denominarlos de otra manera– porque me gusta ver cómo se siguen los unos a los otros, juntos, fieles, unidos. Desconozco si es un término correcto, aunque lo dudo mucho, pero me gusta. Y creo que de alguna manera es cierto: decenas de pájaros se (re)unen bajo la misma orden, la de acudir a un destino compartido. Me fascina observar cómo vuelan de un lugar a otro, son capaces de crear su nido en casi cualquier sitio y se adaptan a lo que tienen a su alcance para vivir. Creo que ese es el verdadero significado de la libertad.

Y hablando de libertad y migraciones… Probablemente no exista una manera más rápida, económica y especial de ‘viajar’ que a través de los libros. A veces me agobio pensando en la cantidad de ellos que están en las librerías esperando a ser leídos, otros tantos en pleno proceso de fabricación y cuántos se quedarán en el tintero –ahora en el disco duro del ordenador, pero yo sigo siendo algo romántica–. La única manera de apaciguar esa sensación es poniéndose manos a la obra: leer hasta que los ojos aguanten.

Hoy, mientras la lluvia sigue golpeando mi ventana, quiero recomendarte algunos libros que alimentaron a la lectora voraz que llevo dentro:

“La bailarina de Auschwitz” | Edith Eger

Una historia real contada en primera persona por la protagonista. En sus páginas conocemos la vida de Edith Eger antes de ser prisionera junto a su familia en un campo de concentración nazi; cómo sobrevivió allí; y, finalmente, la manera en la que (re)construye su vida tras la liberación. La danza le salvó la vida en Auschwitz y la psicología la imitó cuando regresó a un mundo más parecido al real, sin guerra, pero con una tormenta de recuerdos sobre sí misma.

Está tan bien narrado y las palabras tan bien elegidas que cada línea pellizca el alma y nos lleva hacia el dolor que nos comparte. Eger dice que «nadie se cura en línea recta» y cuenta cómo se sanó a sí misma y la manera en la que transformó ese dolor en una cura para los que la visitaron en su consulta.

“Dime quién soy” | Julia Navarro

Lo leí hace años. Estaba en Bachillerato, aunque era verano, y quedaba poco para empezar –ahora ya acabada también– mi etapa en la universidad. Me llamó la atención la sipnosis: una periodista –aquello que quería ser– recibe la propuesta de investigar la vida de su bisabuela, una antiheroína en la época de la Guerra Civil.

Devoré las más de mil páginas en cuestión de días. Ayudó que fuera agosto, un mes en el que en Salamanca una sale de casa a partir de las ocho de la tarde, pero me enganché al libro como nunca antes. No lo tengo muy fresco en la memoria, pero sí la sensación de haber estado pegada a él durante horas y horas. Y creo que para un día como hoy es un buen plan.

“Tiempo de llorar” | María Luisa Elío

Si tuviera que definir en una sola palabra este libro sería ‘extraño’. Es una retahíla de pensamientos de la autora que conectan su pasado y su presente con continuos saltos temporales. A veces nos encontramos con la pequeña María Luisa, que anhela a su padre, y otros a la adulta que ya es madre y cuenta a su hijo aquellos recuerdos relacionados con los lugares que visitan. La nostalgia del pasado y el sentimiento de pertenencia hacia un lugar que había dejado años atrás es patente.

Este conjunto de suspiros mentales no enganchan, pero hacen reflexionar sobre el arraigo, la niñez, los apegos…

“Los perros duros no bailan” | Arturo Pérez-Reverte

Habla de las leyes y valores de la calle –perruna–. Empaticé desde que leí la primera palabra hasta que acabé con la última. Y, sí, también lloré. Es un libro difícil de digerir que te sumerge completamente en las vivencias de ‘Negro’, el perro protagonista.

La descripción y la narración en primera persona te dibujan las escenas casi a la perfección, algo que, como decía, ayuda a empatizar. Reverte escribe de manera sobresaliente y con esta historia lo evidencia (aun más). Cierras el libro con la ‘lagrimilla’ asomando y con una frase tatuada en la memoria: «Un perro no es más que una lealtad en busca de una causa».

Ha dejado de llover. La calma se ha instalado en el cielo y ‘aquí‘ dentro. Supongo que este es el ‘puntillo‘ del cóctel resultante de lluvia y libros. Disfruten.

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