UN SPORTING SIN RUMBO

SPORTING DE GIJÓN

El Sporting está intentando surcar una mar -la Segunda- sin haber sido capaz de encontrar un barco -el sistema- óptimo para tripular. Los capitanes son más que aptos… De hecho, esta es una de las pocas certezas que existen sobre el equipo: hay jugadores para crear -y creer- mucho más, pero sobre todo para jugar mucho mejor. Sin embargo, no se crea, no se fabrica y no se entiende el juego. En vez de crear, se destruye. Los inicios fueron buenos y todo parecía indicar que si se seguía esa senda, con sus correspondientes dificultades, la meta podría aparecer en cualquier momento. Pero el bache ante el Oviedo costó caro. A raíz de ese empate el equipo fue de más a menos, de ‘TOP’ a ‘PLOF’, de ser favorito a estar en tierra de nadie…

No cabe duda de que los jugadores han de rendir como se espera, pero así ha de ser también en el caso del entrenador, que es quien debe guiarles. Al menos, eso sí, ambas partes hacen autocrítica, dan la cara y reconocen el problema. Esta no es una tarea fácil, pero más difícil es encontrar la solución al enigma… pese a que parezca obvia: situar a los jugadores donde rinden mejor y volver a forjar un buen bloque defensivo para que el equipo responda en la ofensiva también.

Si los resultados y la buena imagen acompañasen a Herrera quizá se recordarían menos sus palabras… pero no es el caso. Atrás queda aquello de “cuento con la cantera”. Incluso admitió que Rachid era uno más, pero ni siquiera en Copa del Rey disputó un solo minuto. Y todo ello pese a la evidencia de que el centro del campo no funciona. Sergio Álvarez se queda solo ante el peligro y no se crea ni se distribuye el juego. Partiendo de esta base, es probable que modificando las figuras del tablero la situación cambie. O al menos moviéndolas. Una medular que no filtre, cree y distribuya el juego convierte en misión imposible las acciones ofensivas. Stefan, porque los jugadores de banda tienen más opciones para hacerse con el balón, está desterrado, no le llegan balones… y acaba por constituirse como un canal desintonizado cuando alguno hace acto de presencia.

Ante Osasuna se vio una imagen que habla por sí sola: Isma López se desquicia con sus compañeros después de hacer lo imposible para llegar a un balón, darle como puede y que nadie acudiera a por él… ni siquiera lo intentan. La apatía, una de las causas del descenso del año pasado, es una gran enemiga para cualquiera, pero en el fútbol mata.

Diego Mariño, no sé si por una traición del subconsciente o con una intención clara, enunció el perfecto resumen del equipo: “Hubo momentos en los que no sabíamos qué hacer”. Ya son varias jornadas en las que se ha visto así y está en manos de Herrera cambiarla. Porque, por mucho que alguno se empeñe, los jugadores, valga la redundancia, no juegan solos. Y si no les guías, les muestras el camino y les orientas en el sistema, se pierden. Y así está el Sporting: perdido en medio del caos que es por sí misma la Segunda División.

En estos casos si no te levantas con más fuerza, te hundes del todo. Hay aspectos que son invariables juegues con oro, plata o bronce.

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