LA MANO DE SAN MARIÑO

Diego Mariño

Diego Mariño ha dado la vuelta a la cita de Frida Kahlo: “Pies… ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?”. No soy clarividente -quien tiene la facultad paranormal de percibir cosas lejanas o no perceptibles por el ojo-, pero, pese a ello, sí he podido percibir las alas que ha desplegado para llegar donde el balón requiera.

El guardameta tiene en su currículum más aptitudes además de la de volar, que no es poco. Cada jornada sorprende con una muestra de sus reflejos felinos reconvertidos en sexto sentido que más de un punto (y de tres) han dado al Sporting. De hecho, sin ir más lejos, el pasado fin de semana ante el Numancia. En ese frío sábado de febrero, El Molinón se reconvirtió en océano para presenciar una fiel demostración de la calidad del pulpo de Galicia gracias a los tentáculos -que no manos- de Mariño.

Y, siguiendo con las citas, hubo un día en el que alguien sacó a relucir su lado más romántico y dijo aquello de “quien tiene magia no necesita trucos”. En el caso del gallego no tengo claro si domina la magia (roji)blanca o si tiene guardado en sí mismo una retahíla de trucos que le hacen parecer un mago de los de ‘varita en astillero’. Pero si hay algo que es perceptible para cualquiera es que se ha ganado a golpe de parada el cariño de la grada.

La pasada temporada no fue fácil para ningún jugador de la plantilla, pero si alguien me llamó la atención durante esa (dura) transición fue Mariño. Nunca se paraba a sí mismo debido a su obsesión por detener el balón. En más de una ocasión presencié cómo se quedaba más tiempo entrenando con el preparador de porteros cuando todos ya se habían ido. Estaba empeñado en aprender, en seguir mejorando y en convertirse en mejor portero… y en el titular. Y ahora, que ha llegado su momento individual, está saboreándolo. Se está reafirmando como guardameta… y se aprecia en sus celebraciones tras las paradas. Es lógico, legítimo y merecido.

Quizá ha sudado más de la cuenta y es probable que el plano colectivo esté desluciendo su campaña, pero de lo que no cabe la menor duda es que la portería de El Molinón ha encontrado en Diego Mariño un seguro de vida. 

Su nombre significa ‘el hombre instruido’, el que tiene un buen caudal de conocimientos adquiridos. Algunos de ellos le vienen de serie, pero otros los ha trabajado… porque quien tiene hambre de aprender se acaba llenando de éxito(s). 

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