EL MÉTODO HERRERA

Paco Herrera

Paco Herrera es, al menos a priori, el entrenador que necesita el Sporting en este preciso momento. Un momento que es decisivo: renacer o caer en el olvido de la Segunda División. Es el despegue de un renovado grupo con riesgos que hay que asumir para mantenerse en el aire y no provocar un aterrizaje forzoso. El catalán aúna las características que el grupo demanda: autoridad y cercanía, que no son opuestas, sino complementarias.

El técnico ha confesado que le gusta “descubrir jugadores, dar oportunidades a los jóvenes que se lo ganen”. Y sí, se equivocarán, pero es que este aspecto también forma parte del fútbol y, cómo no, de la vida. En el aprecio al error está el aprendizaje. Y él lo sabe. Quizá por ello se ha confirmado como un buen gestor de grupos. Sin embargo, trabaja para que esos errores -tanto de jóvenes como veteranos, que no son inmunes- disminuyan. El valor del entrenamiento se resume en que se juega como se entrena. Y así se entiende un aspecto muy definitorio de Herrera: la cercanía con el jugador. En cada entrenamiento se detiene con al menos uno de sus futbolistas. Se centra en él, se acerca, hablan, le hace ver su talón de Aquiles y lo corrigen juntos. Eso sí, esto no invalida en absoluto que durante el ejercicio eleve la voz con los canteranos especialmente. El pasado lunes fue Cristian Salvador el que lo sufrió en primera persona, así como Dani Martín, al que le exigía algo esencial para un portero: hablar. Con esto consigue que el jugador esté en constante tensión, que no se relaje pese a ser una sesión preparatoria y que dé el “120% tanto en el entrenamiento como en el partido”, que es lo que él exige. No admite discusión ni negociación en lo relativo a la entrega.

Otro de los rasgos que invitan al optimismo es que él nunca desiste si no se entiende con alguno de sus jugadores. No siempre habrá complicidad, pues existen demasiados tipos de carácter y personalidad y distintas maneras de gestionar la presión, la confianza y la responsabilidad, pero sí debe haber una consonancia mínima entre todos los jugadores y el entrenador. Esto es lo que busca. Y es esencial en la lucha por cumplir objetivos colectivos. En el corral solo puede haber un gallo y ese debe ser el entrenador. Partiendo de esto, hay que conjugar los egos de los futbolistas y del propio staff técnico. Pero en no desistir y persistir está la clave. Y él lo sabe. El sustantivo en el fútbol, siempre colectivo.

La palabra de Herrera será la acción y el rendimiento del grupo, la reacción. El 19 de agosto acecha y la ansiedad por volver a sentir en primera persona la victoria rojiblanca también.

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