TERAPIA ASISTIDA CON ANIMALES: EL PERRO COMO ALIADO

Terapia asistida con animales
© Foto: Entrecanes

La terapia con animales, herramienta clave para minorías en riesgo de exclusión social

«Nos gustaría hacer entender que esta actividad no se centra en lo bonito y simpático que es el perro, sino que estamos hablando de intervenciones asistidas con animales, en este caso perros, llevadas a cabo por profesionales» afirma Óscar Bueno, gerente de Entrecanes, asociación asturiana que se dedica a este tipo de actividades.

Según la Fundación Affinity, la terapia asistida con animales es un «conjunto de actividades terapéuticas en las que un profesional de la salud utiliza a un animal con ciertos requisitos que ha sido adiestrado específicamente para ello». Este ha sido el caso de los ayudantes caninos de Entrecanes: Danka, Loth, Leia, Tao, Jazz, Sira, Aira, If, Miel; algunos como Arya o Pola, que se están formando; y Blues, que ya se ha jubilado.

Terapia asistida con animales
© Fundación Affinity

Esta «relación social reconvertida en interacciones entre humanos y animales», como define el propio Óscar Bueno, trabaja sobre cuatro áreas principalmente: física –motricidad, equilibrio, actividad…–; cognitiva –memoria y aprendizaje–; emocional –libertad para expresar sentimientos–; y relacional –motivación para relacionarse–.

Teri Pichot, autora de ‘Terapia breve asistida por animales’, lo resume así en su libro: «El mundo de las Terapias Asistidas es una mezcla compleja de ciencia y naturaleza». Con naturaleza se refiere a lo que señala Yvonne Dolan, directora de Institute for Solution-Focused Therapy en esas mismas páginas: «La cola de un perro nunca miente». Ella misma también señala que la relación de los perros con las personas es «directa y congruente». Y da en el clavo: directa al corazón. Pero no es una moda reciente: el Dr Joseph Christiansen (Universidad de Murdoch) reveló en un artículo científico publicado en 2007 que los antiguos egipcios se enterraban con sus mascotas. Y, de forma más reciente, en 1976 se encontró una tumba en Israel con un esqueleto humano en el que se descubrieron, sobre sus manos, restos de un perro. Este mismo autor también recuerda que en la Antigua Grecia se permitía a los canes lamer las heridas de los humanos ya que creían en su capacidad sanadora.

Florence Nightingale, reconocida como la primera trabajadora clínica que estudió a los animales en ambiente sanitario, observó y comunicó que los animales de compañía ofrecían resultados positivos en sus pacientes con enfermedades crónicas. De hecho, investigadores como Alan Beck y Aaron Katcher constataron que los animales son capaces de mejorar aspectos como el autocontrol, la motivación o la responsabilidad.

Loth durante una sesión | © Entrecanes

Ese apunte de Nightingale lo pude observar durante varias sesiones realizadas por Beatriz Molina, maestra de educación especial, y Carlos Corominas, guía canino, ambos miembros de Entrecanes. Los usuarios sufren diferentes patologías, en mayor o menor grado, y Beatriz se encarga de desarrollar esos aspectos que, por sus circunstancias, les cuesta más. Es un trabajo que requiere una gran dosis de profesionalidad, paciencia, pasión y cariño hacia la persona con diversidad funcional. Para esta ardua tarea la educadora social ha contado con Loth y Carlos, una dupla que refuerza sus enseñanzas con la participación y ayuda de ambos.

En este tipo de terapias los cambios no son inmediatos: «Es un trabajo a medio y largo plazo donde los resultados a corto plazo son muy sutiles y todos los cambios significativos necesitan bastante tiempo. En el ámbito de la discapacidad hay mucha heterogeneidad de perfiles, por lo que esto depende mucho del estado inicial del usuario y de los objetivos que nos planteemos» afirma Beatriz.

Una sesión de Terapia asistida con animales, paso a paso

Bajo la atenta mirada de Loth, con el olfato a punto y con sus orejas en alerta para escuchar la voz de Carlos, empieza la sesión. El guía canino no se separa de él y le mima y premia continuamente para que se desprenda de la tensión que ha acumulado a lo largo de la semana. «Es viernes y el cuerpo lo sabe» dice entre risas.

La base de esta primera sesión individual es que la usuaria desarrolle acciones cotidianas como desabrocharse las botas y quitarse los calcetines, bastante difíciles para una persona con este tipo de diversidad funcional, con el premio de dar galletitas a Loth. Ella se ríe, busca a su amigo y lo intenta aunque a veces desiste… y, entre tanto, reconoce la paciencia y el cariño de Beatriz con abrazos improvisados. La maestra se sienta en una colchoneta frente a ella, la motiva y guía para moverse y así poder jugar con su asistente canino. Es lógico: uno de sus puntos débiles es, precisamente, la movilidad. Llegó en silla de ruedas a la cita, pero se retorció de todas las maneras posibles sobre la colchoneta para poder premiar a Loth. A través de diversos juegos y con el can como protagonista, la educadora apunta los avances de la primera visita de la tarde.

Profesionales de Entrecanes durante una sesión | © Entrecanes

Después de unos 40 minutos, es hora de descansar para esta primera «supercampeona», como las llama Beatriz, y llega la hora de la sesión grupal. Cuatro perfiles de mujeres con diferentes capacidades que dejan ver la unión existente entre ellas. Esta vez los juegos trabajan la autoestima y las emociones. El primer juego consiste en lanzar una pelota y dedicarle un piropo al receptor. En el siguiente, cada una tiene que elegir una letra de una caja y nombrar una emoción que empiece por ella y después decir una acción en la que su amigo canino se sienta así. Otra actividad consiste en esconder galletas y responder ‘verdadero o falso’ a una pregunta y, tras ello, pueden pedirle a Loth que la busque. Y sí: siempre las encuentra.

La lección la dio la más alegre de las cuatro cuando se le quebró la voz al hablar de la tristeza. Precisamente ella celebra con énfasis la presencia de Loth, al que define como «guapo, listo y simpático». Y vuelve a ser su voz la que más se oye cuando cantan el himno de Asturias para despedirse. Es una sesión pura: hablar de los sentimientos propios y de los que percibimos en otros. Se van contentas y despidiéndose de Carlos, Beatriz y Loth.

Un día que había comenzado a las 10.00h de la mañana acaba para ellos a las 19.00h. Pero se van felices. Aportando su granito de arena para que la vida de esas personas que a menudo caen en el olvido sea algo mejor. Loth se quita el arnés de trabajo y baja la guardia. Se acaba la semana… y empiezan los juegos para él.

El perro, una medicina social

«El perro es un facilitador social capaz de empoderar y conseguir que se recupere autoestima» dice Óscar Bueno, gerente de Entrecanes. «Este tipo de terapias ayuda a ancianos, jóvenes en riesgo de exclusión social, mujeres maltratadas…». En este último caso menciona que consiguen para las víctimas una «autorregulación emocional». Evidentemente, se refiere al perro como acompañante de la mujer, pero sobre una base terapéutica.

Entrecanes, que trabaja solo en Asturias, tiene en marcha actualmente una treintena de proyectos: institutos y escuelas, centros de educación social, residencias geriátricas… Bueno también reconoce que «el sector está evolucionando, cada vez hay más estudios, congresos, planes para desarrollar leyes…». En el caso de su asociación, la financiación corre a cargo de manera privada por los centros o los usuarios y solo un 10% proviene de subvenciones. Asimismo, habla de entidades como Caja Rural y Caser, que a menudo patrocinan varios de sus proyectos.

Saltando al ámbito nacional: Affinity, fundación que estudia los beneficios de la compañía animal desde hace décadas, también lleva a cabo diversos programas. Algunos como el que se realiza contra el bullying, con el objetivo de crear vínculos y educar; menores tutelados, que contó con la participación del actor Dani Rovira, para enseñar a los jóvenes a educar a los perros; centros penitenciarios, donde realizan los cuidados diarios del animal o trabajan el aspecto emocional; residencias geriátricas ya que ayudan a disminuir la depresión, el sentimiento de soledad o la ansiedad; y, la más novedosa: víctimas de violencia de género, que busca la mejora de la salud física y mental de la mujer.

Teri Pichot dice que el «perro es una auténtica alianza para el beneficio de los pacientes». Y los resultados lo avalan: expresidiarios o jóvenes conflictivos cambian drásticamente tras estas terapias; personas con diversidad funcional se hacen más sociables; mayores sonríen más que lloran; mujeres se sienten más seguras con su amigo canino al lado…

Hay cientos de testimonios que reconocen la validez de este tipo de terapias que, como bien se señala líneas atrás, son una mezcla de ciencia y naturaleza. Precisamente, somos seres sociales por naturaleza, valga la redundancia, y no hay nada ni nadie que nos obligue más a sociabilizar que nuestro perro.

Como dice la adiestradora Suzanne Clothier: «Una vida junto a un animal tiene el poder de hacernos más humanos y más compasivos». Y, sobre todo, de sanarnos.

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