JOANNA CASTRO: “MI PADRE AMABA AL SPORTING CON TODO SU CORAZÓN”

Jesús Castro

Está a cientos de kilómetros, la entrevista es telefónica y vislumbro su cara por la foto de perfil de Whatsapp. Sin embargo, la charla con Joanna Castro (hija de Jesús Castro, exportero del Sporting) transcurre como si la tuviera delante con un café entre nosotras. Me resulta absolutamente abrumadora, en el buen sentido de la palabra, con la magia que desprende por sí sola y especialmente cuando empieza a hablar de su padre y de todo lo que significó para ella especialmente. Muchos recuerdos aunados en pocos años -tenía 16 años cuando perdió a su progenitor- y la sensación de que su padre se ha perdido momentos de su vida en los que habría dado todo porque él estuviera allí… Pero no muestra ni un solo reproche. No lo hace ahora ni tampoco en plena adolescencia. La reacción más lógica habría sido la liberación de rabia generada por un acto heroico, sí, pero que hizo que su padre se marchara cuando empezaba realmente a disfrutar de la vida. Joanna ahora vive en Suecia y lleva casi dos décadas fuera de Asturias. Está casada y tiene una hija a la que de vez en cuando le tiene que explicar por qué llora su mamá al mirar fotografías o al sufrir en la distancia la pérdida de su tío. No ha perdido el acento que revela su origen asturiano, como tampoco la colección de valores y el legado que su padre dejó en vida y que ha hecho que tantísimas personas luchen porque, por fin, Jesús Castro tenga un recuerdo de acuerdo a su talla futbolística y personal. Con ustedes, la hija de un héroe… pero ante todo: Joanna, la hija de Jesús, alguien que siempre luchó porque se le recordara como buena persona. Y lo consiguió.

¿Cómo definirías a tu padre?

[Resopla]. Una pregunta complicada. Mi recuerdo sobre él es que era una persona muy buena, tremendamente amable y cariñosa a su manera, porque no era de los que estaba a tu alrededor. Era fiel a “el camino se demuestra andando”. Siempre fue una persona muy leal. Y sabías que te tenía un cariño muy especial más allá de lo que pudiera expresar. Siempre estaba ahí para ti cuando lo necesitabas. Era divertido, pero no lo de- mostraba muy a menudo, aunque en familia sí lo hacía.

Cuando preguntas a la gente, ¿te emociona que lo definan como buena persona?

Muchísimo. Es lo que más me gusta que digan de él, porque va más allá de la figura deportiva. Me encanta todo lo que dicen de él en el ámbito deportivo, porque no todo el mundo llega donde él lo hizo y estoy súper orgullosa de lo que consiguió. Pero lo que me gusta realmente y lo que él nos quiso a transmitir a nosotros es que lo importante es dejar huella en los demás, tener buen corazón y que te recuerden así. Lo que más aprecio es que me digan eso de él. Así me llegan al corazón. Viví mucho con él, soy la mayor y la que más tiempo pasé con él. Hacía deporte y esto lo compartía conmigo. Iba mucho a verle a los negocios que tenía, pasaba horas allí cuando acababa el colegio… Estaba muy pegada a él. Y siempre vi que ayudaba a todo el que podía, que estaba pendiente, que hacía el favor que le pedían si podía. Es lo que más me interesa de él. Era altruista, no solo por la forma en la que murió, sino porque vivió de esa manera.

Parece que solo conocemos esa acción final, pero realmente hay muchas más.

Sí, sí. Aquel día no se lo pensó ni un solo momento, tampoco en el peligro que podía haber o si podía o no salir. La madre de los niños le pidió ayuda y echó a correr sin pensarlo. No buscó a nadie para que le respaldara, simplemente echó a correr. Cuando empezamos a promover que la puerta número uno lleve su nombre, además del cariño de la gente, me empezaron a llegar muchísimas historias. Fue tremendamente emocionante. Por ejemplo: una persona me escribió para contarme que había tenido una accidente de tráfico bastante importante años atrás y que mi padre iba conduciendo y se paró para ayudar a esa gente hasta que llegaron la policía y las ambulancias. Todo esto le da una dimensión más grande a lo que ya sabía…

El futbolista llega a donde lo hace por vocación normalmente, pero parece que, además de esa faceta deportiva, tu padre también tenía la de ayudar a la gente.

Era exactamente así. Siempre que estuviera en su mano, lo hacía. Él siempre nos decía que nosotros también teníamos que ayudar a la gente. Recuerdo que nos remarcaba que todos estamos en este mundo sufriendo en cierta manera por algo y hay que ser bueno con los demás. Evidentemente, también nos recordaba la importancia de estudiar, de tener un futuro, de trabajar… pero lo más importante era ser honesto, tener buen corazón y no hacer daño.

¿No sentiste rabia por el hecho de que sí, se fue siendo un héroe, pero dejando a su familia sin su figura?

Debo ser una persona un poco extraña… Es cierto que tuve un grandísimo duelo y fue como si el mundo se hubiera parado. De hecho, recuerdo levantarme los días siguientes, mirar por la ventana y ver a la gente haciendo su vida normal y yo pensaba que cómo era posible que el mundo se siguiera moviendo cuando a mí se me había parado la vida. Pero nunca me enfadé. Tuve un dolor terrorífico, una sensación de pérdida y de tristeza que no se puede comparar con nada que haya vivido hasta el momento y espero no volver a sentirlo nunca. Habría sido natural enfadarme, más aun en plena adolescencia, pero no lo hice. Le eché en falta en muchos momentos y deseé con mucha fuerza que estuviera en momentos puntuales de mi vida, pero nunca estuve enfadada por lo que hizo. Creo que habría sido demasiado egoísta. Él demostró un acto de amor extremo y tú, frente a esto, no te puedes enfadar. Siempre he sentido un orgullo tremendo por ello, pese a que a mí me costó no volver a verle.

¿Y cómo afrontaste tu vida después de su muerte? Tu padre se fue muy joven, tenía toda la vida por delante… Supongo que especialmente para tu madre fue algo muy difícil de afrontar.

Fueron años muy difíciles para todos. Para mi madre fue una auténtica debacle, tengo que decirlo. Ellos tenían una relación muy estrecha, un bonito matrimonio. ¡Mi madre sigue enamorada de mi padre! Recuerdo una vez que se sentó conmigo y estábamos hablando de determinadas cosas, estas conversaciones de madres e hijas, y ella me lo dijo. Para ella fue la mayor pérdida que podía tener… ¡Salían juntos desde que mi madre era una niña! Se apoyaban en todo, pasaron por lo bueno y por lo malo… Y, aparte, ‘papá’ era la roca de todos [se detiene unos segundos]. Te daba seguridad… Tenías la sensación de que no se iba a caer nunca, de que tú es- tabas protegido bajo sus alas. Así lo percibíamos toda la familia. Y perder todo esto de golpe fue un abismo. Era como estar de pie en un precipicio y decir: ¿y ahora qué? ¿Cómo empezamos a vivir nosotros? No recuerdo ni cómo lo hicimos… simplemente lo haces, vas paso a paso, día a día. Mi madre se convirtió en una madre coraje, que se quedó con tres niños y un dolor tremendo, y tuvo que tirar hacia delante sin pensar.

Me hablabas de las alas de tu padre a nivel personal, pero a nivel profesional para el Sporting también lo fueron. No sé si te da rabia que esa parte deportiva a veces se quede en un segundo plano. Dejó más de 400 partidos a la espalda, fue uno de los mejores porteros de la historia del Sporting, está en la lista de los jugadores que más veces ha vestido la camiseta…

Creo que sí. Pero sin acritud. Me hubiera gustado que se le hubiera reconocido más su parte como deportista. Pero no por mí, a mí me da igual y yo me quedo con su valor como persona, pero sí por él. Para mi padre, el fútbol era la mayor pasión que tuvo en su vida además de su familia. Lo era todo y lo dio todo por ello. Recuerdo cómo era en esa faceta… Le vi poco jugar, porque era muy pequeña, pero sí recuerdo charlas con él, porque yo también hacía deporte, y él se encargaba de amueblarme un poco la cabeza. Me decía cómo creía que debía ser un deportista. Consideraba el deporte como el ejemplo extremo de sacrificio, trabajo y honradez. Y de humildad. Siempre decía que había que salir no el cien por cien, sino al ciento veinte por ciento. Si las cosas iban bien había que sonreír y si salían mal, más aun. Y por supuesto hay que respetar al contrario como si fuera tu mejor amigo. Como deportista fue una figura fantástica, un gran modelo a seguir: sacrifícate por lo que te gusta, no faltes al respeto, respeta al contrario…

Valores que ahora mismo se están perdiendo. Sería bonito que esos se le transmitieran a los niños que hoy están en Mareo y que sueñan, aunque no lo vieran jugar, en ser como él un día fue.

Hoy en día casi todo está comercializado. Es muy triste, porque de casi todo se hace un gran negocio corporativo. Parece que interesa más que los niños se compren ciertas botas o camisetas en vez de que entiendan que el deporte es algo noble que engrandece. En definitiva, es un mundo más artificial. Estamos bombardeados con publicidad y solo interesa que compremos… La espiritualidad y los valores se están quedando atrás, pero no solo en el deporte, sino en toda la sociedad. Por ello creo que es importante recuperar a personas como mi padre, que tenían esa idea del deporte tan noble y quizá ya tan anticuada. Él creía que el deporte te convertía en un señor. ¡Era una persona muy interesante!

¡Eso parece! Habría sido interesante hablar con él…

¡Y difícil! Le daba cierto pudor el tema de la prensa y creo que por ello pasó tan desapercibido, porque no intentaba meter ruido. No le gustaba llamar la atención con aspavientos ni con nada. Era muy sobrio debajo de la portería y en la vida también. Se apartaba siempre… Y a este tipo de personas se les deja un poco de lado.

¿Has echado en falta por parte del Sporting un guiño más significa- tivo hacia la figura de tu padre?

Creo que algo más se podría haber hecho. Recuerdo que se organizó un partido-homenaje cuando murió y estamos muy agradecidos por ello. Fue un gesto precioso y muy emotivo. Y ahora, cuando se les planteó el tema de la puerta, no pusieron ninguna pega y colaboraron en todo momento. Entiendo que el club es muy grande, que tiene muchos jugadores y que cada uno mira por lo suyo, pero sí es verdad que un pequeño gesto, para él solo, se podría haber hecho.

Como Jesús Castro y no ‘hermanos Castro’.

No pasa nada, porque mi padre y mi tío no se pueden separar. Pero sí, con un pequeño gesto nos conformábamos. Además, seguro que él tampoco querría gran cosa. El Sporting para mi padre era todo, lo amaba con todo su corazón. Defendió los colores del club con pasión y porque creía en ello. Es lo que pretendemos conseguir con el tema de la puerta y, además, ya que coincide con el veinticinco aniversario… Eso sí, lo digo y lo repito, quiero dejar claro que nosotros no queremos transmitir la idea de que esté por encima de nadie. Y él no lo habría querido. Pero creemos que es una bonita forma de darle el adiós definitivo. Tiremos un beso al cielo y digamos adiós. Y ahora que está con su hermano, por desgracia… Al menos espero que estén juntos jugando por ahí.

¿La muerte de Quini te ha hecho revivir la muerte de tu padre?

Por supuesto. No me lo esperaba. Cuando me lo dijeron no me lo podía creer. De hecho, el día anterior, la familia habíamos estado celebrando que el tema de la puerta salía adelante. Él estaba muy feliz por lo que estaba pasando… Y de repente me dicen eso. Deja claro que da igual lo que pases en la vida, que no te compensará, porque al final te viene otro golpe por otro lado. Me removió todo. Y como te decía: la figura de los dos casi no se puede ni separar. Sé perfectamente que mi padre quería con pasión a su hermano y viceversa. Lo vivieron todo juntos… Eran como gemelos y así los llamaban. Eran un tándem interesante de pequeños… nos lo hizo saber mi abuela con algunas anécdotas. Quini era el cerebro y mi padre el brazo ejecutor [ríe]. Mis abuelos, ‘papá’, ahora mi tío… cada vez me queda menos familia. Claro que remueve todo.

Además, lo viviste a distancia…

Me dio mucha pena. El hecho de vivir fuera tiene partes muy buenas y partes muy malas. Y algo bastante malo es el aislamiento en el que vives, porque siempre que pasa algo en tu familia te quedas fuera. Tú te ves solo, por la noche, el resto de tu familia lo está pasando unida… y además tampoco puedes ir a apoyarles, que es lo que más me hubiera gustado. Me habría encantado abrazar a mis primos y decirles que sabía lo que estaban pasando, porque perder a un padre es lo más horrible. Yo estaba velando a mi tío, pero ellos a su padre. Y sé lo que es eso… Me hubiera encantado darle un beso a mí tía también e incluso a mi madre, que también estaba muy afectada. Mis tíos y mis padres vivieron siempre juntos todo. Yo me intentaba agarrar a que ya se habrían visto y abrazado. Esto me consolaba, porque además no quería que mi hija me viera llorando más… Estoy segura de que fue mi padre el que lo ‘recibió’.

¿Qué te gustaría decirle a la afición del Sporting?

Más que decirle algo, solo puedo darle las gracias. Pero encarecidamente. Ellos me lo han dicho todo a mí. Con la cantidad de mensajes que me llegaron… Nos sobrepasó. Recuerdo mirar la página de las firmas y no poder dejar de llorar porque la gente firmaba para que se hiciera la puerta y dejaba su comentario. Me preguntaba cómo, después de veinticinco años, toda esta gente le recuerde con este cariño. Es muy emocionante… y te su- pera. Te das cuenta de que casi no es tuyo. Solo puedo dar gracias a la afición del Sporting por recordarle, por mantenerle vivo. La familia Castro llevamos a todas estas personas en el corazón. Sé que se le seguirá recordando, porque pasa de mayores a pequeños. Estoy segura de que los padres contarán a los hijos quiénes eran esos dos hermanos que, además de grandes deportistas, eran buenísimas personas.

[Hablamos sobre la película ‘Coco’ de Pixar].

Creo que tanto mi padre como mi tío seguirán vivos por el recuerdo de la gente. Nosotros no tenemos nada que pedir ni enseñar a nadie, más bien ha sido al contrario. Nos han dado una gran lección de humildad y de cariño. Es un recuerdo tan bonito el que tienen… De verdad, es muy difícil transmitirte cómo nos sentimos con el tema de la puerta. No pensábamos que fuera así ni de broma. Nosotros, al principio, nos lo tomamos como una especie de sondeo para comprobar cómo respondía la gente. ¡Y en cuestión de días se volvió una bola incontrolable! No paraban de llegar firmas, mensajes… ¡La página llegó a estar colapsada y no entraban algunas firmas! Así que se quedaban algunas en el limbo y después las pasaba a mano. Mi perfil de Facebook igual… ¡Llegué a tener un mensaje de la plataforma que decía que en menos de un mes había tenido más de diez mil reacciones! Casi me hacían la ovación [ríe]. Una locura. Lo hablábamos entre nosotros: mis hermanos se encargaban de la prensa; yo de la distribución web; Alberto, el chico de Cerámica La Guía, también participó; Luis, el presidente de la peña, que va todos los años a Pechón a llevar flores; Jordi, etcétera. Jamás pensé que llegaríamos a algo así. Me decía a mí misma: “madre mía, ‘papi’, si lo estás viendo desde ahí arriba… se te tienen que estar cayendo las lágrimas a puños. Mira cómo hablan de ti, lo que recuerdan, lo que siempre quisiste… ¡Lo conseguiste! Te recuerdan como una persona buena, que era como tú querías”. Para mí es un héroe, sé que es una palabra enorme, pero lo es. Y no solo por lo que hizo al final, sino por cómo vivió.

[Hablamos sobre el papel de un héroe y sobre el aspecto deportista de la propia Joanna].

Practiqué hípica, era jinete. Mi hija está empezando ahora, pero yo lo dejé dos años después de la muerte de mi padre. Para mí ya no era lo mismo… Formábamos un buen equipo. Él era un apasionado de los animales en general, pero los caballos en particular le encantaban. Y se convirtió en el preparador físico de mi caballo [ríe]. ¡Le hacía de fisioterapeuta! Él me decía que el caballo no dejaba de ser un deportista, que saltaba y que sus tendones también sufrían. Le daba masajes con voltaren, con agua fría, le vendaba las patas… Se ocupaba de todo [ríe]. Me acompañaba a todas las competiciones y lo vivía muchísimo. Además, teníamos a Tahali [el caballo] desde que era potro, así que los tres formábamos un buen equipo. Era precioso, como un caballo indio, blanco y negro a partes iguales. ‘Papá’ está enterrado con una herradura suya porque tenían una relación preciosa. Nuestros perros, el caballo… todos lo seguían. Y Tahali murió poco tiempo después de él. Me retiré antes de que ocurriera, pero, obviamente, ni lo vendí ni me deshice de él, me lo llevé conmigo a la finca que teníamos. Sus últimos años los vivió ‘gordito’, lleno de pelo y feliz en el monte [ríe].

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