SITO CRUZ: LA SONRISA COMO ARMA

SITO CRUZ

Clac. Y de repente el viento sopla más fuerte, el frío te congela –más– el cuerpo y las ideas. Las agujas del reloj parecen detenerse: el presente duele y el futuro es incierto. Las lágrimas emborronan tu vista, pero enfocas lo suficiente para ver a tus compañeros que lloran, que patalean, que se lamentan por ti… Porque no hay frase motivacional que mitigue el disgusto de una lesión de gravedad. Y entonces el equipo se vuelve más equipo, más familia, y quieren arroparte, que no te falte de nada, que sepas que están ahí, que van a lucharlo por ti, que te has convertido en su bandera y que afilarán la espalda para vengar tu nombre…

Y tú esbozas una sonrisa pensando en que, pese a la mala suerte, eres afortunado. Entonces el calor de la manta empieza a hacer efecto; las sirenas de la ambulancia ya no resultan tan desagradables sino que sirven de alarma, una alarma que te anuncia que es hora de despertar tras ese nocaut sobre el verde; las enfermeras y los médicos te dicen que ánimo, que seas positivo, que seguro que todo irá bien; y tu novia te agarra fuerte de la mano, te dice que ahí está para lo que necesites y que ella volverá al estadio a verte como siempre. Así que vuelves a sonreír. Más aun cuando tus amigos aparecen por la puerta, aquellos que te han acompañado desde bien pequeño y con los que has construido recuerdos en torno al balón; y también llegan los más recientes, porque esto es lo bonito del fútbol: la gente que te regala.

El dolor del cuerpo empieza a hacerse soportable y el que te genera pensar en el césped se torna en motivación para afrontar este nuevo camino. Y sonríes, porque esa es tu seña, porque todos ellos siempre te dicen que ojalá más como tú, que ojalá todo el mundo tuviera a un Sito Cruz en su vida.

Ahora la meta está clara: VOLVER.

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