EL PORTERO SEGÚN VALDÉS: DÍA 1

Víctor Valdés

Abrí el libro y lo primero que sentí fue una decepción profunda. Cientos de páginas, pocas palabras, demasiado espacio en blanco. «Una de las suyas», pensé, y efectivamente… pero no. Acostumbrados a exigir el peso de la tinta en las páginas de los libros ajenos, asumimos el ruido –a menudo excesivo– que plagan sus líneas: adornos innecesarios que rellenan bosques convertidos en libros con la esperanza de justificar su precio. Como acabo de pecar yo en este mismo texto en la línea anterior. Caí, presa de esa sensación, en el prejuicio cuando empecé a despegar las páginas de «Portero fundamental», el nuevo libro de Víctor Valdés.

Quizá impulsada por mi afán de entenderle desde el preciso momento que salió al Camp Nou a defenderse a sí mismo en su propia celda de cal, he querido iniciar una lectura pausada, de pocas páginas diarias, para comprender el contenido del mensaje. Y empiezo a hacerlo ya en este primer día.


El portero, «una carga individualizada»:

Resalta el concepto «mente» y lo bifurca en dos caminos: “Ordena y mueve” –fruto de «un reflejo instintivo inconsciente» y “Piensa y decide” –lo que define como un «impulso sensitivo de corazonada». Unas páginas más allá advierte de la evidencia a la que tienen que sucumbir los guardametas: «Reclamo de obligación de acierto», una tarea innegociable aunque difícil para superar con nota. Ahí recurre, nuevamente, a la mente y señala su papel como «fundamental».

En el siguiente espacio construye la definición gráfica del portero por excelencia: «Bajo palos aguarda en soledad». Y es en esa soledad, bajo el aluvión de gritos externos que se convierten en un eco molesto casi indistinguible, cuando debe enfrentarse al delantero más peligroso, el que le puede llegar a ahogar si cae en sus propias redes, el que le acabará definiendo en la cumbre de los dioses con arco y balón: el ruido mental.

Si el portero consigue aislarse de su propio ruido saldrá imbatido del duelo, de ese uno contra uno que va más allá de una parada o de una victoria momentánea. Y ahí, justo cuando entiendes esto, tras leer esas pocas palabras que ha tecleado ‘Doble Uve’, comprendes las dos que le siguen justo después: «Carga individualizada». Esa carga –«peso que soporta una estructura» según la RAE– recae sobre el único hombre capaz de ser héroe y villano al mismo tiempo: (el) portero, efectivamente, «fundamental».

Tags from the story
, , ,
More from Paula Martín

JUAN CARLOS UNZUÉ: “ME MUEVO POR LA ILUSIÓN”

Es atento: le gusta conocer antes de hablar. Y le encanta hablar...
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *