MATE BILIC: “ACERTÉ DE PLENO AL FICHAR POR EL SPORTING”

MATE BILIC

Croata y gijonudo al mismo tiempo. Sus goles levantaron de los asientos a miles de sportinguistas en El Molinón. Dejó sin voz a más de uno y enamoró a todos con su entrega, sacrificio y cercanía. Se llevó consigo a la tierrina para toda la vida, porque sus hijos allí nacieron. Aprendió y enseñó. Y, después de tantos años, aun sigue sorprendiéndose de que siempre será un ‘9’ sobre el campo y un ’10’ fuera del mismo para la afición rojiblanca. Él confiesa que siempre será sportinguista y La Mareona, por su parte, que siempre será de Mate Bilic.

¿Por qué fútbol? 

Me gustaba. Disfrutaba mucho jugando al fútbol con los niños en el patio. Y en aquella época el fútbol era diferente: no había tantos balones ni porterías, nosotros jugábamos con dos piedras como portería; tampoco había tantos partidos… Además, también me gustaba mucho cambiar los cromos [ríe]. Soñaba con ser profesional, porque es mi pasión. Siento mucho amor por el fútbol porque me ha dado muchas cosas.

Dado el contexto bélico en el que se encontraba su país, ¿tuvo problemas para poder jugar? ¿Notaba la situación?

No pensábamos en la guerra. Nosotros nos divertíamos, jugábamos… Pero sí se notaba lo que decía antes: no se podía comprar apenas balones, hoy hay muchas marcas y tiendas a las que acudir, pero en aquel momento no era así. Cuando alguien tenía un balón lo cuidaba como si fuera un tesoro [ríe]. Antes se valoraban más las cosas. Sobre la guerra se escuchaba algo, pero nosotros menos. Es cierto que sí se hablaba porque siempre conocías el caso de algún amigo que había perdido a su hermano, a su padre… Pero como éramos niños, aunque se pasaba mal, íbamos a jugar. Se te olvidaba rápido. Sin embargo, sí es verdad que, conforme pasaban los años, te dabas cuenta de que habías perdido algún conocido e incluso algún amigo. Pero, pese a todo, puedo decir que tuve una infancia muy feliz… jugando siempre al fútbol con mis amigos.

¿Cómo fueron esos primeros años en el Hajduk?

Primero estuve en un club muy pequeño de mi pueblo y después me fui al Hajduk con trece años. Empecé a jugar allí y disfruté mucho. Participé en todas las categorías inferiores de la selección, también jugué con el primer equipo… Disfruté y aprendí mucho, porque es un club muy potente. Y, de verdad, debutar con 17 años con el equipo de tu ciudad es algo increíble. Jugué hasta los 19 y entonces me traspasaron al Zaragoza.

La temporada del Zaragoza fue difícil… A pesar de que compartió vestuario con promesas que después fueron grandes jugadores como Cani o Corona y con veteranos como Jémez o Juanele, apenas pudo jugar.

En cuanto supe el interés del Zaragoza me sentí como en una nube. Veía mucho el fútbol español y en esa época jugaban Rivaldo, Luis Enrique, Zidane, Roberto Carlos… Era increíble. Cuando llegué no sabía nada del idioma, pero en seis meses ya era capaz de hablarlo y entenderlo. Pero no fue fácil: tenía que aprender un nuevo idioma, estaba solo, aunque después vino mi hermano conmigo… Y sí, cuando miras atrás te das cuenta de que fue un año difícil a nivel personal, pero en el que aprendí mucho. Valoro haber conocido allí a grandes amigos y profesionales con los que compartí vestuario: Cani, Corona, Jémez, Juanele, que después coincidí en Gijón con él muchas veces… Había muchos. Ahora cuando nos vemos hablamos de aquella época. Fue un año sin fortuna, a pesar de que nuestro entrenador -Txetxu Rojo- era bueno, pero el fútbol es así. Aprendí mucho para el futuro.

Se habla poco de la dificultad que afronta el futbolista: dejar su país, su familia, aprender un nuevo idioma, estar solo… 

Sí, pero ahora ha cambiado todo. Esto fue hace más de quince años. Ahora tienes a gente constantemente pendiente de ti. A mí me vino bien: aprendí el idioma solo hablándolo con la gente, porque no fui mucho a clase [ríe], y después me vino bien cuando fui a Almería y Gijón. Crecí mucho. Y un año después de venir a España me casé y mi mujer vino conmigo… Y esa ya era una vida muy diferente. Sabía lo que quería y tenía que hacerlo, después con mi mujer fue todo más fácil.

Y se fue al Almería. Después de ese año complicado en Zaragoza, ¿se sintió de nuevo futbolista?

Sí, allí estuve muy bien. Y fue otro año de aprendizaje, porque también tuve a grandes compañeros como César Jiménez, Juanlu… Con ellos compartí buenos y malos momentos. Fue una temporada muy buena en todos los sentidos: nos salvamos, jugué mucho, marqué bastantes goles. Se convirtió en una gran experiencia y me ayudó después a fichar por otros equipos. Y esto no era fácil porque en dos años estuve en dos equipos…

Llegó a Gijón y fue amor a primera vista. Solo era una cesión y se fue prometiendo volver.

Había varios equipos interesados en mí y elegí al Sporting creo que a mediados de agosto. Acerté de pleno, de verdad. Era una época difícil en Gijón porque no estaban bien económicamente, tenían muchos problemas con Hacienda por culpa de acreedores, pero éramos un equipo muy humilde, trabajador y bueno en todos los sentidos. Lo demostramos, pero no tuvimos la suerte de ascender. Fue una tristeza enorme. La ciudad y la gente me encantaba por su forma de ver el fútbol y la vida. Recuerdo que nos entrenó Marcelino, que ahora es un entrenador mítico en España. Éramos como una familia. Me tuve que ir y volví en 2007. Cuando supe que el Sporting me quería no dudé ni un momento. Quería volver y ascender con él. Fueron seis meses complicados, pero hice diez goles en veinte partidos e intenté ayudar para ascender. Y a partir de ahí el club empezó a saldar sus deudas.

¿Qué significó para usted Marcelino?

Era un entrenador joven y exigente. Tenía las ideas claras. Siempre quiso entrenar al Sporting, pero la vida del entrenador es difícil: no puedes estar siempre en el mismo sitio. Era un técnico muy prometedor y también quería entrenar a un grande… y lo consiguió. Se puede aprender mucho de él sobre todo en el aspecto de cómo manejar grupos. Cuando estuvo con nosotros ya se veía que sería un gran técnico. Sabe muy bien cómo quiere que juegue su equipo. Aprendí mucho de él. Y aunque cuando ya eres jugador no te exiges tanto, siempre puedes aprender alguna cosa de cada entrenador.

¿Y Manolo Preciado?

Era distinto a Marcelino, más cercano. Sabía manejar el entorno en todos los sentidos. Y además ascendimos juntos. Siempre quería dialogar. La gente le quiere por cómo era. Era muy cercano, siempre estaba con nosotros… Cuando había que divertirse, se divertía, y cuando se tenía que poner de mal humor, también [ríe]. Era muy campechano, como se dice aquí.

¿Qué mensaje os dio Preciado para que esa temporada fuera diferente y conseguir por fin el ansiado ascenso tras diez años en Segunda?

Ya estábamos arriba: segundos o terceros. Sabíamos que teníamos que mantenernos ahí, aguantar hasta el último mes. Lo vimos cerca y dijimos: es nuestro momento y nuestra oportunidad, debemos pelear. Lo hicimos. Ahora miras atrás y, sí, lo conseguimos, pero también hubo momentos difíciles, de nerviosismo… pero lo conseguimos con orgullo, carácter y unidad. Supimos resolver los momentos importantes. Cuando confías y tienes fe, la suerte en algún momento te acompaña. Fue una alegría inmensa. Estoy muy contento de haber conseguido los objetivos del equipo en aquel momento.

Cuatro años en Primera… ¿Qué pasó la temporada del descenso?

Hoy es difícil subir y mantener la categoría. Los equipos se refuerzan, los jugadores van y vienen… Ocurren un montón de cosas. Es difícil hablar de cada temporada. Tanto el ascenso como el descenso siempre pasa por algo. Son épocas y temporadas distintas y ambos forman parte de la vida. A veces no hay que tomarlo de forma tan dramática, porque el fútbol es así, hay que aceptarlo y aprender para que no te vuelva a ocurrir. Es algo que se intenta manejar, pero realmente no puedes. El Sporting regresó dos temporadas después a Primera, como Dépor, Osasuna, Real Sociedad… Otro ejemplo es el Granada. No puedes decir nunca: ya he hecho un buen equipo, me he gastado dinero… porque puede ocurrir igual. Y cuando es así, hay que ponerse las pilas y volver cuanto antes a la élite, que es donde merece estar el Sporting.

Después volvió a su ciudad, pero al R.N.K. Split, ¿por qué decidió decantarse por el otro equipo de su ciudad?

Ya había hablado con el presidente y lo conocía. Me habían convencido. Nos reunimos una vez en Bilbao y me querían en su proyecto. Firmé por dos años y estuvimos a punto de entrenar en Europa League, pero caíamos contra el Torino. Pasé dos años buenos, después me retiré y ahora me dedico a otras cosas, pero siempre ligado al fútbol. Ahora trabajo para el Eibar y saqué el título de entrenador. El fútbol es mi vida y quiero devolverle todo lo que me ha dado.

El Hajduk pasó unos años difíciles, estuvo al borde de la quiebra, y la afición lo rescató. ¿Cree que eso fue lo que salvó al club?

La afición del Hajduk es muy potente. Es un gran club que siempre ha peleado por títulos excepto cuando ha tenido problemas económicos. Una vez solucionado, está intentando progresar, traer futbolistas extranjeros y mezclarlos con los de casa, volver a pelear por los títulos… Los hinchas quieren mucho al equipo. Ojalá pronto esté en Europa. Todos los aficionados lo queremos y creo que lo conseguirá. Es histórico.

Ahora trabaja en el Eibar, otro club que también pertenece a los socios. ¿Lo nota en la manera de trabajar?

Es un club pequeño, pero a la vez muy grande. Se trabaja con mucho sentido. Es como una familia. Queremos satisfacer a todo el mundo y que el jugador que venga esté contento y que se sienta parte de la familia. Agradezco mucho que confiaran en mí. Sabemos que estamos en Primera y que competimos con los mejores del mundo, pero siempre intentamos mejorar y luchar por nuestros intereses. Y lo estamos demostrando… De hecho, la temporada pasada fue la mejor de la historia del club. Intentamos crecer cada año y se nota sobre todo en los traspasos. Estoy muy feliz.

¿Y cómo es el día a día?

Se basa en ver muchos partidos, hablar con la dirección deportiva, viajar mucho… Seguir el fútbol. Y es importante compartir opiniones. Se trabaja mucho. En el fútbol es muy importante consumir muchos partidos, viajar… porque cuanto más veas, más sabes y más claro tienes lo que quieres.

¿Le gustaría ver un Sporting también de los socios?

Creo que no es pregunta para mí [ríe]. No puedo opinar… Trabajo para el Eibar y creo que no soy la persona adecuada para hablar de ello. No estoy allí todos los días para poder responderte.

Cuando se prepara también como entrenador, ¿piensa en el Sporting?

Es difícil. Primero hay que ver, avanzar y crecer. Y claro que se piensa, pero pensar en un futuro lejano creo que es un error. Hay que intentar mejorar cada día y saber cómo quieres trabajar. Si algún día se da la oportunidad, se valorará, pero ahora no existe.

Y volviendo al presente, ¿qué cree que necesita el Sporting para regresar a Primera?

Creo que lo que necesita es suerte, porque tiene una gran afición que le apoyará siempre y que llenará el estadio y también tiene buenos jugadores. Será un año complicado, pero tiene un entrenador experto que sabe lo que quiere y que en los momentos malos sabe avanzar. La fórmula es la suerte y el apoyo de la afición, pero deben saber que hay que trabajar muchísimo y que será muy difícil.

Preciado, hace años, me dijo lo mismo: trabajo, trabajo y trabajo.

Es que es la verdad. Podemos hablar tres horas de fútbol, que me encanta, pero el día a día es la clave. Yo te puedo hablar del mío cuando estuve allí. Parece que todo fue fácil, pero había malos momentos. Este año el Sporting vivirá un año muy complicado, pero también tiene todas las condiciones para poder volver a Primera. Estar entre los ochos primeros es importantísimo para pelear cuando llegue el últimos mes de Liga.

Y, por último, ¿un mensaje para La Mareona?

Darle las gracias por el trato que me han dado siempre a mí y a mi familia. Y sobre todo quiero pedirles que sigan apoyando al equipo como hasta ahora. He vivido allí muchísimas cosas y no puedo menos que agradecerlo. Hace ya años que dejé de jugar al fútbol y la gente me sigue parando [ríe]. Solo puedo decirles que gracias por todo lo que me han hechos sentir, que ya era uno más de Gijón… Y seré siempre un fiel seguidor del Sporting, igual que mis hijos, que nacieron allí. Les deseo lo mejor. Y ojalá pronto vuelvan a la élite, que es donde deben estar.

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