AMBKOR: “SOY LA PARTE DE ÓSCAR QUE MENOS MIEDO TIENE”

Ambkor

El aullido de Óscar, un lobo de ropa ancha y voz rasgada con origen en Ripollet, reproduce mensajes universales reconvertidos en medicina alternativa al mismo tiempo que activa los instintos de supervivencia propios de cada individuo. Un aullido que ahuyenta los miedos, los acepta y los enfrenta… les pone palabras y convive con ellos. Con un sello de identidad propio y a corazón abierto, este lobo se presenta en una pecera repleta de tiburones más depredadores que él mismo. Pero no teme, porque el lobo no huye sino que espera el momento, y su transparencia le convierte en alfa de cualquier especie. Con ustedes: Ambkor, un héroe con una capa al alcance de muy pocos… la honestidad.

¿Ambkor es la suma de ‘amb’ y ‘cor’, “con corazón”, en catalán?

Sí, así es. ‘Amb’ significa ‘con’ y ‘cor’, ‘corazón’.

¿Cuánto hay de Óscar en Ambkor?

En las canciones de Ambkor, Óscar está totalmente presente porque son canciones autobiográficas. Lo único que podría separar a Ambkor de Óscar es que Ambkor es la parte que menos miedo tiene de Óscar. Esa parte de la que te puedes desahogar y perder esos miedos que sí que tendría más Óscar. Por lo demás siempre es Óscar lo que la gente escucha.

¿Por qué “Lobo Negro”?

Vi un documental en National Geographic (“El auge del lobo negro”) y me encantó. El documental hablaba de un lobo al que habían apartado de una manada, lo habían dejado solo, abandonado, y se ve cómo va creciendo, convenciendo a la manada, se va con una hembra y con otra… La cuestión es que es un documental rodado durante varios años y él acaba liderando la manada. Entonces me llamó la atención ese concepto de superación de la historia. Dije: “¡Hostia, pues me mola!” [ríe]. Porque mi historia era algo así… Yo estaba presente pero a la vez me hacían de lado. Y siempre he querido, quizá no dirigirla, pero sí formar parte. Esto me inspiró y le puse el título al disco.

En tu disco hay temas de todo tipo, amor, desamor, autoestima… ¿En qué te inspiras? ¿En tu vida?

Sí. Alguna vez puedo ver cosas que sienten otras personas, como mi hermano, que así ha sido recientemente ya que ha tenido problemas en su relación. Y de ahí nació ‘Mi suerte’, más por su historia que por una mía. Pero son casos muy concretos, algo que yo haya visto muy de cerca y me inspire como para escribirlo. El 99% de las canciones son todo historias de mi vida, pasajes de ella, etapas de estar aquí o de estar abajo… y las cuento. Y eso está bien porque la gente que viene a ver los conciertos o que consume música está escuchando algo que es transparente.

¿Y no te da miedo desnudarte tanto?

A mí me encanta desnudarme [ríe]. Para mí, este estilo de música trata de desnudarse un poco, no digo que lo tenga que hacer todo el mundo ni que sea obligatorio, pero yo creo que al final son canciones de tres o cuatro minutos en las que no son frases que repites todo el rato sino que igual hay 30 frases, o, qué coño treinta, 60 o 70 frases por canción. Al final eso te está obligando a decir cosas, cosas de verdad, no puedes estar tantos minutos, tantas frases, sin dar algo de ti. Yo creo que al final te expones. Y yo encantado de desnudarme porque creo que ayuda a la gente también.

Siempre dices que nunca pensaste que cruzarías el charco, pero, ¿cuándo empezaste a componer?

En verdad es mentira porque siempre he pensado que iba a cruzar el charco y que me iba a comer el mundo. Pero es una forma de hablar, esa frase yo la digo en el sentido de “parecía imposible pero lo he hecho”. Pero no es que yo no crea, creía en su momento que lo iba a hacer, porque, como dije en otra entrevista también, cuando alguien se mete en esto de la música tienes que tener fe en ti, saber lo que haces. Yo creo que esto es una pecera y no de peces pequeñitos, más bien de tiburones, así que si no tienes un poco de confianza en lo que haces te van a comer, no vas a durar ni una hora en la pecera. Siempre he creído que  lo haría, pero no deja de ser algo casi imposible que he conseguido y no deja de sorprenderme a la vez… y la satisfacción es espectacular. Una satisfacción reñida con la ambición que tengo, es decir: está muy bien lo que he conseguido pero ahora lo que toca es lo que quiero conseguir en este momento.

Hablas muchísimo de la ansiedad, ¿lo has pasado mal con ese tema?

AMBKOR
Foto: Paula Martín

Mucho. Creo que era más o menos un chaval normal en general, pero no sé a qué edades empecé. Ya era bastante sensible con doce o trece años. Era sensible como puede ser mi madre, con ese puntito de sentir las cosas de otra manera, no digo ni mejor ni peor, pero de otra forma. Pero el detonante fue que tuve una depresión fuerte a través de unos ataques de ansiedad, más bien unos ataques de pánico, que me marcaron hasta tal punto que se prolongaban en los meses y no se pasaban. Y esto ya lleva a conductas extrañas, psiquiatras, psicólogos, medicación… pero sobre todo mucha ansiedad. Al final, cuando tú la guerra la tienes en tu cabeza y no fuera es cuando te come la ansiedad, porque lo de fuera está fuera, pero cuando no puedes estar ni contigo mismo, cuando realmente lo único que te exime es dormir y para eso necesitas medicación… Y estar en casa, te encierras cuando es malo encerrarse y solo duermes cuando es malo solo dormir, pero entras en ese bucle en el que lo que estás haciendo es esquivarte tú a ti mismo. Estuve mucho tiempo así y actualmente, cada ciertos días, me sigue pasando. Creo que hay ciertas cosas que se quedan crónicas. Por ello no quiero que la gente se desmotive sino todo lo contrario, que sepan que podemos convivir con ciertas cosas; que somos más fuertes de lo que nos pensamos y que lo que nos pasa no es terminal nunca en ese sentido, hablo del mental, y que tenemos que hacer fuerza.

Tu madre está casi siempre presente en los temas, ¿es tu mayor inspiración? 

[Piensa durante unos segundos] No sé si es la palabra inspiración. Seguro que sí es mi mayor apoyo, eso seguro. Y la persona más especial que conozco, pero a nivel inspiración no. Supongo que recurro a ella porque muchas veces la necesito y por eso la menciono. Pero a nivel inspiración me inspira la vida en sí más que cualquier persona.

¿Y cómo canalizas la inspiración? ¿Escribes por impulsos o sigues una rutina?

No, rutinas no sigo con casi ninguna cosa y con escribir tampoco, pero sí es verdad que yo aconsejo a la gente, y yo intento hacerlo, que aunque no estés inspirado si llevas muchos días sin escribir, intenta escribir algo. Porque mola estar un poquito en contacto con lo que te dedicas, con lo que te gusta hacer. Al final es como los que se entrenan para las batallas de gallos, los escritores también entrenan… y aunque no te salga la mejor letra ese día, estás preparándote. La inspiración llega cuando llega, pero de tanto en tanto hay que obligarse un poco, sí.

¿Algún día tus versos estarán en papel o de momento te quedas solo con la música? 

No, de momento no. Me considero que soy totalmente un rapero, ni un poeta ni nada, me considero rapero. Me gusta de momento presentarlo en este formato, que es con música. No descarto hacer un libro, pero no de rimas… Igual hablo de mis golferías, mis movidas… Todo autobiográfico, porque Ambkor es autobiográfico. A día de hoy no me apetece hacer nada relacionado con libros, me gusta demasiado la música y no quiero desvirtuar el formato. Soy rapero. No me gusta que la gente a veces cuando alguien escribe muy bien dice “tú no eres rapero, eres un poeta”… no. Un rapero también puede escribir muy bien.

¿De qué están formadas las alas de Óscar que se abrirán mañana como las de Ambkor?

AMBKOR
Foto: Paula Martín

[Piensa]. Se forman a través de muchas cosas. Si me caigo muchas veces es precisamente porque vuelo y vuelo tanto que me estampo con cosas. Pero viajo mucho a nivel mental y obviamente diría muchas cosas, pero vuelo con un abrazo, tomando una copa y charlando con Maik, con mi madre dando un paseo… Creo que la gente no piensa que lo más difícil está en las cosas más fáciles y es ahí donde se extrae la puta miel… de los momentos más sencillos y naturales. Es ahí donde yo despego.

¿Has tenido muchos ’13’ en tu vida?

Creo que no he tenido a gente que haya querido serlo en mi vida, pero sí personas que sin querer, por sentimientos o porque no te acabas de entender, se convierten en un trece. Pero creo que no he conocido a demasiadas malas personas, en general he conocido buenas personas aunque haya podido salir mal la situación.

¿Sigue siendo el niño que teme ser viejo?

[Sonríe]. Sí. No me quiero morir nunca. A veces lo pienso mucho y esto me llevó al psicólogo la última vez. Se convirtió en un pensamiento circular de ese miedo. Soy una montaña rusa, como te decía antes, y hay nuevos miedos que me van atacando. Uno de ellos es ese. Me he ido encontrando a mí mismo y conforme me voy encontrando y voy superando los baches, me empiezo a querer y empiezo a querer estar vivo, estar con alguien, vivir cosas… Y entonces, como mi mente es así de hija de puta, me ataca de alguna manera. ¿Y cómo me puede atacar ahora? Metiéndome ese miedo hacia la muerte. Pero saldremos de ese bache como hemos salido de otros. Ahora estoy en un momento en el que tengo muchísimas ganas de vivir y seguir conociendo gente, seguir escribiendo y seguir haciendo mi curro… ¡que es el mejor del mundo!

¿Y la psicoterapia te ha ayudado para descubrirte?

Sí, claro. Tengo una psicóloga que es una maravilla, me lleva desde los 15 años. Es de esas personas que no me gustaría que faltaran porque solo con saber que está ahí, que cuando vengan problemas puedo acudir a ella, me basta. Me ha servido mucho para conocerme y para plantarle al miedo una defensa. Para tener tus barreras y tus trincheras, tus departamentos en la cabeza para poder combatir los miedos cada vez con más facilidad y más rápido. Para que los miedos no te bloqueen y no pase como hace años, que te dejan tirado en la cama. Hay que ir creando mecanismos en tu cabeza para entender cómo eres y darle un pelín menos de importancia.

¿Por qué cada vez estamos más solos ante personas?

AMBKOR
Foto: Paula Martín

No me da la sensación de que el humano esté yendo hacia el acercamiento entre personas, sino hacia un postureo digital. Nos estamos olvidando de llamar a la gente y de charlar un rato… de sentarnos en la mesa, dejar los móviles y tener una conversación. Estamos consiguiendo que, incluso con la gente cercana, nos empecemos a desconocer porque estamos poniendo barreras. Se creen que son plataformas de comunicación y para mí son plataformas de destrucción de la comunicación. Para mí la comunicación más pura es la que existe cara a cara con alguien, escucharle y saber qué le pasa.

¿Ya has aprendido a aceptar que se acerca el invierno o sigues esperando a ese verano que nunca vuelve?

[Ríe]. Siempre he sido más de invierno que de verano. El invierno tiene un punto melancólico, soy muy amante de la navidad, de los regalos, de estar en familia, de poner las luces y el árbol… Creo que es bonito que la familia se junte para celebrar cosas. Incluso me gusta el clima. El verano es una forma de hablar de la felicidad, pero creo que soy capaz de conseguir veranos en invierno.

¿Sabrías qué decirle al Óscar del pasado por si os cruzáis?

[Piensa durante unos segundos]. No te tomes tan en serio.

¿Por qué?

Porque Óscar tiene el peligro de que su mente sube y baja… y me asusta. El miedo te priva de muchas cosas y no vives al cien por cien. Si pudiera hablar con el Óscar más problemático y miedoso le diría que no se tome tan en serio y que realmente los días pasan rápido y da igual el miedo que tengas, que pasarán exactamente igual, así que la opción más sensata es aprovecharlos. Si lo piensas racionalmente, y los miedos no son racionales, la mayoría es así. Hay que aprovechar los días, da igual lo que tengas en la cabeza, porque por muchos problemas que tú tengas si hoy es viernes mañana es sábado. Y el día que te digan que estás terminal le diría a Óscar: “¿Te has pasado la vida con miedo? Y entonces… ¿qué te quedará, ese último miedo, el del final? No, intenta aprovechar los días para que cuando llegue el final no te queden reproches hacia ti y sientas que has vivido más o menos como has querido y que has intentado tirar hacia adelante”.

¿Cuántas veces has querido tener tu propio Batmóvil para cambiar tu mala suerte?

[Sonríe]. Muchas veces. He querido tener otro tipo de mentalidad y de cabeza, pero con el tiempo he cambiado esa forma de pensar. Yo no me cambio por nadie en el mundo, somos millones de personas en el mundo y no me quiero cambiar por nadie, ni por la más rica ni por la más sana… por nadie. Con el tiempo he ido conociéndome y me he dado cuenta de que yo valgo la pena y ya está. No necesito esconderme detrás de nada. Estoy en una época en la que me está gustando dar la cara, aunque lluevan hostias.

¿Y sigues mirando al cielo cuando llueve?

Siempre. Es mi forma de decir que cuando hay un problema no hay que mirar hacia otro lado, sino mirarlo y solucionarlo. Lo estamos viendo ahora mismo con el problema político en Cataluña: cuando tú no abordas un problema se hace mucho mayor y te puedes encontrar con grandes problemas de entendimiento con uno mismo o con otra persona. Para mí, mirar al cielo cuando llueve es plantarle cara a esa precipitación que te viene encima y decirle: ya sé qué eres, sé por dónde vienes y por qué sucedes y no tengo ningún problema en mirarte a la cara y decir que parará de llover y saldrá el sol.

¿Has sido capaz de encontrarte en tu mirada más perdida?

Sí, pero muchas veces no. Ya te digo que me peleo mucho conmigo mismo en muchos aspectos, pero sí creo en estas miradas en las que a veces encuentras un brillo especial o que están apagadas y aun así tienen magia. Creo que hay tanto fondo detrás de las miradas tristes, tanto que escuchar y tanto que leer entre líneas… Es una forma de reivindicar de que no hay que ir siempre con la cara alegre, si estás triste no hay que poner cara alegre, aunque sí es bueno forzarte a poner un gesto que te ayude a superar ese bache. Pero el día que estás triste y te tienes que derrumbar, hazlo. La gente también encontrará cosas en eso.

¿Qué sueño sin el que no podrías vivir te gustaría que te arropara?

Seguir haciendo mi música. Pero sobre todo contar con la gente que quiero, empezando por mis padres todo el tiempo posible. Yo no tengo un sueño concreto… Mi sueño es pelear lo menos posible conmigo y tener muchos de esos momentos que llamamos buenos. No se puede ser feliz completamente, pero sí tener momentos felices, pues yo es lo que quiero. Quiero coleccionar momentos para que, como digo en la canción “Buenos días”, morir vivo por dentro. Que cuando me tenga que ir sepa que tengo una colección de recuerdos positivos dentro espectaculares.

¿Qué quieres llevarte en el tren de vuelta a casa?

No quiero llevarme nada en un tren de vuelta a casa. Solo quiero llegar a casa y que esté la gente que la simboliza. Los viajes los puedo hacer solo, pero que cuando el destino sea mi casa estén Rubén, Maik, mi madre… Eso es casa. Y la necesito para dormir.

Un lobo no huye, espera el momento… ¿Volviste cuando ya te daban por muerto?

AMBKOR
Foto: Paula Martín

Totalmente. Que se jodan. ¡Qué maravilla! Ambkor parecía un artista destinado a solo gustar en Latinoamérica y no en España porque, decían, “el pavo es muy sensible”. Un lobo no huye, espera el momento… y yo jamás me he ido. Me quedé y llegó mi momento porque lo busqué, me esforcé. Y lo que estamos haciendo, que a muchos les está gustando y a otros molestando, es que estamos consiguiendo hacer ese paquete completo en el que podemos movernos por España e ir a Latinoamérica también. Lo que ha pasado es que han pasado de verme apartado a verme consiguiendo algo mientras que ellos están teniendo carencias a nivel worldtour. Y mis fans son mejores que los de los demás [ríe]. Son expertos en levantarse de las caídas. Nos juntamos en los conciertos y no tenemos ningún miedo a reír, pero tampoco a llorar. Y lloramos. Y no hablamos de que yo soy el que más mola del parque o el que más folla, sino que hablamos incluso de que soy el que más llora y el que más se cae. Lo hacemos juntos. No cambio a mi público por nada. No creo que ni que la frase sea tal como la digo… Porque no es esperar el momento, es que hemos peleado el momento.

¿Te gusta ser la BSO del Sporting?

Me encanta cualquier cosa a la que se le ponga corazón. Y sé que cuando hacéis esos vídeos tocáis los corazones de aficionados. Soy una persona híperfutbolera, es una de las cinco cosas que más me motivan en la vida porque he jugado desde pequeño y soy muy merengue. Me encanta que vosotros le hayáis puesto mis sentimientos a personas que tienen un sentimiento por algo tan bonito es un deporte en el que se hace piña. Es brutal. Con el vídeo “No puedo vivir sin ti” en un momento tan difícil y tenso para el club con imágenes de Preciado, que en paz descanse, relacionándolo con la música, generasteis una atmósfera de la que se hizo eco incluso otros medios. Tocasteis el corazón de la gente y yo lo agradezco muchísimo.

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