DOMINGO ROJIBLANCO

SPORTING DE GIJÓN

No llovía, lloraba. Lloraba emocionado al ver cómo defendieron con uñas, dientes y corazón unos guajes de a penas 16 años ese escudo que él porta tatuado en su corazón rojiblanco desde 1905. Lloraba, emocionado también, horas antes, cuando los de José Alberto, hombre de (buen) fútbol, continúan haciendo historia y brillando. Y lloraba, esta vez de impotencia, cuando los ‘mayores’ no predicaron con el mismo ejemplo que sus ‘hermanos más pequeños’. A veces, los mejores maestros están en casa y solo hay que fijarse en ‘esas miniaturas’ que miran con admiración, incluso cuando entrenan a su lado. El domingo no llovió en Gijón… simplemente lloró de emoción primero y de rabia después. Ya saben: no siempre ‘llueve’ a gusto de todos…

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