UN FILIAL DE PRIMERA

SPORTING B

Si Mareo tuviese alma, ellos la personificarían. Si Mareo fabricase sonrisas sería, en gran medida, gracias a ellos. Pero, sobre todo, si Mareo es justamente valorado: a corto plazo existirá la segunda versión de #ElSportingDeLosGuajes. Si Fernández lo permite, claro. Y si el fútbol son números, sensaciones y goles: ellos se llevan la palma.

Los ‘guajes’ de José Alberto López no gozan de una calculadora prodigiosa, ellos son prodigios en sí mismos. Y no necesitan avales ajenos, porque sus números son su mejor presentación. Treinta partidos jugados: veintidós victorias, siete empates y solo una derrota. Líder de la categoría por mérito propio, con el reconocimiento de ‘equipo más goleador de su grupo’, incluso de la categoría por momentos, y también el de ‘menos goleado de su grupo’. Han encontrado en la Escuela un auténtico fortín: de catorce partidos disputados, catorce victorias. Un total de 73 puntos le hacen soñar. Con ustedes: el Sporting B, un filial de Primera.

¿Saben por qué funciona el equipo a pesar de haber tenido también un cambio considerable en la plantilla y en el staff, después de haber sufrido un descenso? Porque cuando juegan no lo hace Dani o Javi defendiendo la portería, Cifre, Juan, Víctor, Carlos Cordero, Ramón o Ricky -y Pelayo e Isma Aizpiri cuando suben del División de Honor- custodiando la defensa, tampoco el sobresaliente talento de los centrocampistas (Pedro, Jaime Santos, Cris Salvador, Cayarga, Isma Cerro o Luismi, así como Nacho Méndez cuando da el salto desde el DH), ni siquiera los innumerables gol(azos) de Álvaro, Pablo, Claudio o Rubén. Juegan juntos: los once elegidos para hacerlo desde el césped y el resto hace lo propio desde el banco o la grada. Siempre juntos. De hecho, apenas se notan las rotaciones y así cobra sentido el “da igual quién juegue, que lo hará bien”. Por ello no hay titulares y suplentes. Hay EQUIPO.

No han descubierto el balompié, ni la fórmula del éxito, quizá ni asciendan… Pero han descubierto lo más invariable que existe en el fútbol… y en la vida. Han aprendido a resolver una ecuación simple: que el talento y el trabajo juntos generan triunfos. Y no existen demasiados sabios matemáticos en el fútbol capaces de llevarla a cabo, porque resolverla es sencillo, pero aplicarla resulta complejo, incluso inalcanzable en algunos casos. No es una fórmula que entienda de categorías ni títulos, entiende de trabajadores con hambre de éxito. 

Solo son unos cuantos chicos mimando un balón, acompañados de maravillosos guías, con la posibilidad de hacer algo grande. Pero qué manera de jugar… y de defender el escudo que comparten con miles de personas.

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