REY PELAYO

Pelayo Suárez

Tiempo tendrá para convertirse en el auténtico rey de la defensa. Pero lo que ya tiene son aptitudes, además de una gran actitud. Ya custodia la zaga con honor, acierto y talento… a veces en el filial y otras en el División de Honor. Ordena, coloca y sufraga. Pelayo Suárez se ha convertido en esa perfecta pieza de puzzle que encaja prácticamente en cualquier equipo. No es casualidad que en 2014 le situaran en La Masia, aunque finalmente renovó con el Sporting hasta 2019.

El joven zaguero cumple con los requisitos para ser un central de los que dejan marca, pero no en el rival. Y esto es precisamente lo que hace grande a un jugador: sumar para tu equipo y restar para el rival sin causar damnificaciones a los tuyos. Si uno observa cómo desempeña su función, no puede obviar que, ayudado del parecido físico, su forma de jugar recuerda al central español por excelencia: Carles Puyol. Y también a Jorge Meré por su manera de crecer y madurar a pasos agigantados.

La sangre rojiblanca que corre por sus venas es incuestionable. Pelayo llegó a Mareo en edad alevín con una carta de presentación envidiable: su padre (Juanma) y su tío (Monchu) jugaron en el club. Pero nunca optó por tirar de apellido para hacerse con un puesto en el once. Él mismo dio el golpe de efecto con talento, pasión y trabajo sin cesar. Y este cóctel de buenos ingredientes siempre tiene premio: José Alberto López cada vez reclama más su presencia para el filial sportinguista, que es líder de su grupo y serio candidato para ascender a Segunda B. Él, lejos de desentonar, amedrentarse o sentirse inferior se eleva por encima del rival, escoltado por los suyos, para ayudar en esta lucha. Es un ‘guaje’ con alma de veterano que conoce bien los códigos para superarse a sí mismo y las dificultades por las que pasan todos los que se forman en Mareo. Despacito y con buena técnica, todo llega, porque Pelayo Suárez es, sin duda, un prodigio más de la escuela rojiblanca.

Inteligencia avispada: aguanta al rival y sabe cuándo tiene que finalizar la jugada. Experto en situarse en el lugar idóneo. Calidad para sacar el balón jugado desde atrás. Liderazgo. Capaz de gestionar un resultado y de mantener la intensidad. Ojo de halcón para ver a la perfección la necesidad colectiva en cada momento del partido. Experto en acudir a la llamada de emergencia cuando su equipo lo requiere. Poder para caer y levantarse sin sufrir consecuencias colectivas. Reacción y acción personificada. Cabeza privilegiada para establecer los tempos y marcar algún que otro gol. Don para generar seguridad en sus compañeros. Y sportinguismo a flor de piel.

Con ustedes: Pelayo, futuro rey de la zaga sportinguista.

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