MIS DISCULPAS

SPORTING DE GIJÓN

Discúlpenme. Sigo el ejemplo de mi ‘colega’ Jordi y les pido disculpas. Me siento engañada y profundamente decepcionada. Hacía tiempo que no sentía una necesidad tan imperial de hablar en primera persona y de ‘tú a tú’ hacia quien esto lea. Lo peor de todo es que les transmití desde aquí era una fe ciega en Paco Herrera. Me equivoqué, claramente. El partido ante el Zaragoza terminó de confirmar una hipótesis que cada vez se tornaba más en conclusión. 

Hay equipo, si me permiten la osadía, para jugar en Primera. Y hay afición, aunque ahora esté apagada. Todos sabemos que el problema está en la raíz que se sembró hace más de veinte años, pero sería mentirles de nuevo si les digo que existe -o que yo así lo percibo- una remota posibilidad de arrancar esa raíz. Así que me centro en el plano deportivo.

Me niego a creer que, con esta plantilla, no sea el Sporting el que lleve la batuta en cada partido y, por ende, se convierta en un mero títere en manos del rival. El final de la función siempre suele ser el mismo… y nunca acaba con aplausos para los rojiblancos. Y, además, semanas atrás ya confirmé otra hipótesis más: el equipo está muy limitado físicamente. Se echa de menos la mano de Gerardo Ruiz en la preparación física de forma descarada.

No se entiende que Álex López jugara por delante de Rachid. Y tampoco que, después de la pretemporada, Álex Pérez le quitara el puesto a Quintero. Mucho menos que Castro y Pablo sean siempre echados a los leones y se les venda esos minutos como oportunidades. Que tu portero, Mariño, sea siempre el mejor de tu equipo. Que no se anote un penalti ni por casualidad. Que los cambios sean siempre discordantes y poco cuerdos. Que no haya todavía un sistema de juego fijado y un once ‘ideal’ con unos cambios definidos. Y, para más INRI, como diría mi progenitora, que escuches en las ruedas de prensa declaraciones tan inciertas como desesperantes.

Deseo profundamente que José Alberto tenga la oportunidad de arreglar este desaguisado, pero no les prometeré nada, no hace falta tampoco, pues a él le conocen bien. Independientemente de un remoto ascenso hay mimbres para crear un proyecto consistente y que nos permita respirar después de haber tragado tanto humo vendido por Paco Herrera.

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