EL SPORTINGUISMO NO ENTIENDE DE FRONTERAS

La RAE dice que sentimiento es “hecho o efecto de sentir o sentirse”. Y nada más cerca de esta realidad que el sportinguismo. Es un sentimiento que no entiende de patrias, etnias, fronteras o ideas. Y, sobre todo: es un sentimiento hereditario. Pregúntenle a Juan José González, que nació en 1979 en Valencia, pero no en la que baña el Mediterráneo, sino en la que se sitúa en el mapa americano: la Valencia venezolana.

Su padre, gijonés, y su madre, gallega, aunque Gijón le vio crecer. Cuando el progenitor de Juan José emigró a Venezuela solo tenía 14 años y su mujer no tardó en irse con él. Allí la familia aumentó y su padre se encargó de que su hijo también latiera en rojiblanco. Por ello no es de extrañar que el primer uniforme de fútbol que vio “fue el rojiblanco del sporting”.

En la Venezuela de los 80 no era muy popular el fútbol -siempre ha reinado el béisbol-, pero Juan José creció en un ambiente amante del deporte rey. De hecho, afirma: “Jugué para un club de españoles desde pequeño: Hogar Hispano de Valencia; mi posición inicial fue delantero, pero con el paso de los años y de las lesiones fui retrasando posiciones hasta llegar a portero”.  Y como consecuencia de esa distancia existente con el fútbol, la televisión apenas retransmitía partidos del Sporting y solo podía verlo cuando se enfrentaba a Real Madrid o Barça, incluso Oviedo. En el resto de ocasiones, padre e hijo “optábamos por oír los partidos por un transistor de frecuencia internacional, a través de Radio Exterior España; recuerdo nos sentábamos a oír los partidos en horas de mediodía de Venezuela, pero muy atentos a los goles del Sporting”.  Asimismo, con nostalgia, afirma que “en el club Hogar Hispano recuerdo que había un señor que se encargaba de oír los partidos y hacía una pizarra manual con los partidos de la jornada y los iba actualizando según iban cayendo los goles; yo a menudo salía corriendo de la piscina para ver si el Sporting había metido algún gol”.  Su memoria tiene grabados a Eloy, Mesa, Joaquín, Ablanedo I y II, Maceda, Luis Enrique, Abelardo, Juanele, Villa, Manjarín, Luis Sierra, Lediakhov… Pero lamenta no haber podido disfrutar de Ferrero y Quini, aunque contó con las historias de su abuelo y su padre para imaginarse sus goles. Eso sí: “De Enzo solo recuerdo que cada vez que venía a Gijón iba a sus tiendas a comprar las camisetas del Sporting… era la única manera de tenerla en Venezuela”.

Juan José se bautizó como sportinguista en El Templo en 1990 gracias a José Rodríguez ‘El Cubano’, como le decían en su frutería de Pumarín: su abuelo. Don José nació en Cuba, pero solo 12 años después llegó a Galicia, allí vivió veinte años y después en Gijón, donde encontró a su gran amor: el Sporting. Falleció siendo socio del equipo de su vida. El partido fue un triangular celebrado con motivo del Trofeo Costa Verde (hoy es el Trofeo Villa de Gijón) entre Sporting de Gijón, Sporting de Lisboa y Real Avilés. ‘El Cubano’ presumía de nieto con sus amigos y no dudaba en decir: “Sabe más del Sporting que muchos de los que hoy están aquí”.   Juan José regresó a la que sentía como su casa tres años más tarde y disfrutó del Sporting-Sevilla de Liga con el club gijonés ya salvado. Sin embargo, esa temporada no se celebró el Trofeo Costa Verde ya que fue el mismo año que se dejó de hacer, hasta que en 1994 se retomó como Trofeo Villa de Gijón. Esa primera edición enfrentó al Sporting con el CSKA y salió derrotado. Juan José estaba en la grada. Pero desde aquel momento, no pudo volver a El Molinón.

El fiel sportinguista regresó a su Venezuela y siguió escuchando por Radio Exterior a su equipo, sufriendo ese descenso que alejó al Sporting de Primera División durante diez años, algo que le impidió aun más seguirlo. Sin embargo: “En 2008, el año del ascenso, pude ver todos los partidos gracias a que ya había un canal que daba todos los partidos de la Liga y nos abonamos solo por el Sporting; y desde la temporada 2011-2012 también seguía al equipo por internet”. Pero sí ha podido disfrutar parte del ascenso con Abelardo ya que “lo he vivido mitad en Venezuela y mitad aquí, pues decidí dejar mi país por la situación en la que se encuentra y no encontré lugar mejor para rehacer mi vida con mi mujer y mis padres que en Gijón”.

Solo cuatro días después de que Juan José aterrizara en Gijón, el Sporting jugó contra el Deportivo en El Molinón. Acudió con su padre a El Templo y no pudo evitar emocionarse con el himno. “Pase lo que pase, haré lo posible para abonarme la próxima temporada y me da igual que sea en Primera o Segunda”, le dijo a su padre. Vivió la permanencia in situ. Y, hoy, por fin, tiene su ansiado abono.

“No hay otro como el Sporting en el mundo”, afirma orgulloso. Y es que, el sportinguismo, no entiende de fronteras.

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