EL PUNTO DE PARTIDA DE BURGUI

BURGUI

Si hubiera que resumir en dos palabras el éxito en el fútbol serían: trabajo y autoestima. La primera te dará el lugar que mereces y, la segunda, la capacidad de hacerlo bien. Después, vendrá la confianza, que jugará un papel importante para mantenerte en ese codiciado lugar en el que estás. Y lo más difícil es conseguir es, sin duda, la autoestima. Su ausencia genera errores impropios de uno mismo.

Esa “visión positiva de sí mismo” es lo que le faltó a Burgui durante meses, además del inexistente respaldo de la que era “su gente”. El extremo claudicó ante la ausencia de la autoestima y los reproches de la afición. Se convirtió en presa fácil para aquellos depredadores emocionales que buscan cada día una nueva víctima en la que depositar su basura emocional. Y este fue su mayor error. Cayó en un bucle autodestructivo que provocó que no reconociera ni su sombra. Afortunadamente, hoy sonríe, brilla, trabaja y cree en sí mismo. El partido en Leganés no fue su punto y aparte, sino su punto de partida.

Desde aquel 12 de febrero, el ya dueño de la banda izquierda se convirtió en esa montaña de la que habla Brian Weiss: una que mantiene su núcleo interior inamovible frente a los sucesos que puedan ocurrir en el exterior; una que no pierde la armonía a pesar de los cambios de estación; y una que te recuerda que en tu interior está tu mejor cobijo. Ese al que puedes recurrir siempre cuando la ventisca venga en tu contra, porque ese núcleo siempre te recordará que eres perfectamente imperfecto. Y es que son esas imperfecciones las que te hacen único. Esas mismas que han hecho que Burgui se llene de luz y fuerza para ayudar a su equipo, que siempre sume y que nunca reste y ha aprendido que cuando vengan mal dadas solo tiene que recurrir a su esencia. Ese es su todo. Esa es su grandeza. Y esa esencia es la que le ha convertido en jugador de Primera División por obra y gracia de un trabajo que nunca cesa, porque él siempre será un obrero del fútbol. Uno que se construyó a sí mismo.

Los números no mienten. No hay verdad más absoluta que ellos. Hablan por sí solos. Y dicen que desde que Burgui ha vuelto a creer en la magia que recogen sus botas ha dibujado su mejor registro individual, además de la inestimable ayuda colectiva que cada partido lleva a cabo. Pico y pala. Bota y balón. Y fe. No es ninguna fórmula secreta, todos la conocen, pero no todos son tan valientes para convertirla en un hecho. Lo fácil es abandonar, sentirse desgraciado y culpar al azar. Lo difícil es permanecer en la tormenta, bailarla y superarla. Él casi abandona, pero afortunadamente decidió seguir y, como bien nos enseñó Preciado, el sol volvió a salir para él. Es ley de vida… es ley de fútbol.

 

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