#ELPASEDE ISMA LÓPEZ

ISMA LÓPEZ
En el antepenúltimo suspiro de enero del 90 llegó al mundo. Poco tardaría en enamorarse del balón: con solo cinco años ya estaba en un equipo. Y todas las tardes iba con su padre a seguir practicando. Se encandiló de Rivaldo, después de la luz de Ronaldinho y cayó rendido a la calidad de Messi. Pero también le gustaba Deco, de hecho, su perro se llama así. No tiene ídolos más allá de sus padres. Y afrontó con endereza el destierro de Abelardo en su día, algo a lo que nunca había tenido que hacer frente. Le gusta dar órdenes, quizá por ello ya tiene todos los títulos para ser entrenador algún día. Y nunca se olvida de que el futbolista es ejemplo para los niños. Además de todo eso, es un futbolista que hace equipo, que se lo hecha a la espalda y que marca diferencias. Con ustedes, hoy pegamos el pase a (don) Ismael López Blanco.

Un toro. Cualquiera le definiría así. Es puro portento físico. Parece incansable. Persevera durante los 90 minutos su camino hacia el área rival, pero nunca cesa en su ayuda defensiva. Y tiene técnica. No da un pase cualquiera, mima la pelota y mide cada milímetro. Le gusta subir por la banda enfundado en la apariencia de Correcaminos, porque pocos pueden alcanzarle. Además, cuando es Roberto Canella el que tiene detrás, se siente respaldado, lo que le da mucha más libertad en su ataque al rival. Forman un gran dúo. Se entienden, se complementan y se admiran. Se nota. Y por ello juntos son mejores.

Es revulsivo. Si el partido está muerto es capaz de hacerle la reanimación a los suyos. Y si están cansados les da vida. Además tiene tres grandes dones: la improvisación, la reacción y la concentración. ¿Un ejemplo del primero? Ante el Real Madrid fraguó una jugada individual que quita el hipo a cualquiera. Nadie lo esperaba… y él lo hizo. En el segundo caso, si se equivoca él o algún compañero reacciona inmediatamente. Vuelve sobre sus pasos y ayuda. Se cae y se levanta como un resorte. Es difícil que dure en el suelo más de dos segundos. Y es admirable cómo se centra en el presente, que es el partido, lo que este dure. Y guía a los demás en esta lucha nada sencilla.

Precisamente ‘los demás’ son para él un punto importante. Siempre piensa en el colectivo antes que en él. Y esto, sumado a su capacidad de omnipresencia, hace mucho bien al equipo. Además, crea en el rival una alerta de peligro, lo que provoca que se lleve consigo en la jugada a más de un oponente.

Contagia a los suyos. Su dinamismo y compromiso bien podría considerarse dos mandamientos indispensables para vestir la camiseta del Real Sporting de Gijón. Esto gana partidos, porque te hace llegar a balones que quizá otros ya habrían dado por perdidos.

Y junto a todo lo anterior… lo que hace todavía mejor jugador a Isma López es que es el compañero que todos quieren en el vestuario y en el campo. Incluso aunque seas el que le quita el puesto. Aconseja, ayuda y abraza al que lo necesita. Y esto, de manera indirecta, también se traduce en éxitos.

Rápido como el viento, puro corazón, mimo al balón y compromiso. Ismael López Blanco. Una suerte que quiera seguir latiendo en rojiblanco.

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