EL DON DE MÉNDEZ

NACHO MÉNDEZ

Buceando en las acepciones de ‘don’ en la RAE se encuentra la solución a la falta de palabras para definir el talento de este ‘guaje’. Se quedaba corto el vocablo para expresar qué siente uno cuando lo ve jugar. Pero la Academia tenía la llave, la clave o como lo quieran llamar: “Gracia especial”. Ahí está. ¡Eso es! Hablaban también de “dádiva, regalo o presente” y también sirve, porque es un auténtico regalo disfrutar de su juego. La última decía: “Bien natural o sobrenatural que tiene el cristiano, respecto a Dios, de quien lo recibe”. No se sabe a ciencia cierta -y nunca mejor dicho- si lo suyo tiene origen divino, pero que es especial no cabe duda.

Pese a sus 19 años cumplidos en marzo, cualquiera que lo haya visto jugar aunque solo sea un par de veces sabe que tiene esa gracia, ese don, ese arte, esa clase, esa magia… con el balón. Futuro. Ante todo tiene futuro. Y nada incierto, de hecho. Paco Herrera suspira por él y probablemente no solo por sus buenas artes con el esférico, sino por su alma de formador también. Seamos sinceros: debe ser un gustazo formar, moldear, educar y guiar a un ‘guaje’ al que se le ve que será muy buen jugador. Y Herrera tiene buen ojo para esto, si dudan pueden preguntar en Vigo…

Lo mejor de todo es que no solo es el técnico el que goza con su juego; tampoco es solo la afición, que ya ven en él su próxima debilidad; sino que sus compañeros también lo palpan. Por ejemplo, más de una vez se ha visto a Sergio Álvarez mimándolo. Y si ya el de Luanco es bueno, con un ‘hermano mayor’ como el de Avilés al lado, puede hacer un máster con matrícula de honor sin haber pisado casi la Universidad.

A estas alturas, ya saben perfectamente de quién les hablo: Ignacio Méndez-Navia Fernández [Nacho Méndez]. Futbolista, a pesar de tener apellido de terrateniente, que aguarda espectáculo asegurado en El Molinón los próximos años. Si lo dejan.

Él es un ejemplo más de que, generalmente, los buenos para el Sporting siempre están en casa.

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