AQUEL MALDITO AGOSTO

Seis meses de lesión. Y de reflexión. Pero sobre todo seis meses de esfuerzo, para acortar plazos; de valentía, para afrontar una lesión que te hace volver al punto de partida; de coraje, para estar por encima de los bandidos que pueblan el mundo del fútbol; de confianza en sí mismo y convicción en que esa (maldita) lesión no podrá con él; de concentración, pues la recuperación es único objetivo; de vuelta a casa, Mareo, para ser el mismo que creció y triunfó allí; de sacrificio, porque cuando una lesión así llega, tu vida cambia por completo… Todo desde el minuto uno… desde hace seis meses.

Víctor Valdés -que sufrió la misma lesión- afirmó que cuando ésta llega “el fútbol te aparta, eres un lisiado y ya no vales”. Lo mismo sintió Álex Menéndez, pues el Girona le apartó, acusándole de mentiroso y haciéndole pasar “el peor momento de su vida”.  Desde que el fútbol es un negocio, los futbolistas solo son mercancía, una mercancía que un día sueñas con tener y que otro quieres perder. Se olvidan de que el futbolista siente, padece y vive. Y que trabaja cada día para ser mejor, para ser ese jugador que cualquier club del mundo quiere, ese jugador que es ovacionado por las miles de personas que habitan un templo del fútbol. Y para ser esa PERSONA que todo el mundo admire, sobre todo su familia. No hay derecho a que el futbolista solo sea un precio, un número que no sea el del dorsal, porque antes de la empresa que hoy es cualquier equipo, está el sentimiento de esos hinchas que lo sostienen y el sentir del futbolista que vive por y para ellos.

Álex sueña con que “su verdad” se demuestre. Más allá del dinero, porque este no es un caso de ceros ni siquiera de orgullo personal, sino una cuestión de derechos humanos. No hay lisiados de fútbol, hay PERSONAS a las que el cuerpo les obliga hacer un alto en el camino. Y tienen el derecho -y, si me apuran, el deber- a volver a su puesto cuando el mismo que le hizo parar se lo permita. No es una cuestión de ética, que también, sino legal. Un contrato firmado no es un garabato sin validez alguna, es la prueba ferviente de que perteneces a una institución y a todo lo que ésta conlleva, que va más allá de los despachos.  Pero no es “su verdad”, estoy convencida, es LA VERDAD. Sobre todo cuando el club en cuestión tiene detrás una serie de ejemplos más de abandono al futbolista. Pregúntenle a Joseba Garmendia.

Pese a que ese agosto no fue el soñado, Menéndez nunca se sintió solo pero sí en deuda con ‘su gente’: “Sinceramente, me siento tan afortunado… No sé ni cómo agradecérselo. En el futuro tengo que pensar cómo agradecerlo… Algún día se lo devolveré”. Pero la deuda real es la que el fútbol le debe a él… y la justicia.

“La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad”.

Bertolt Brecht a Galileo.

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