1905 MOTIVOS

SPORTING DE GIJÓN

Hace tiempo que nada es igual, que parece que el mar bravo de la temporada pasada se llevó consigo a la Mareona. No ha habido un solo partido esta temporada en el que me haya sentido en casa, algo que antes sí pasaba. Y si yo tengo esa sensación, no me quiero imaginar los que se juegan el escudo sobre el verde. Antes, cuando la Mareona ganaba partidos, estar allí suponía una dosis de adrenalina que hacía del Sporting una droga todavía más dulce, atractiva y adictiva. Ahora, somos meros observadores. Nos hemos abonado al perfil de afición de equipo ‘titulista’, que no destacan precisamente por ser las mejores, en vez de al Sporting. Al menos esa es mi sensación.

Entiendo que a veces es difícil volver a sentir lo que hemos sentido temporadas anteriores. Será como el amor, cuando tras una ruptura cuesta volver a confiar en quien tenemos a nuestro lado. Pero una afición siempre debe ser el plus de un equipo… y nunca el signo restante. La Mareona siempre ha destacado por ser única, fiel y viajera. Y ya es hora de viajar, pero a nuestra casa, de donde nunca debimos irnos.

Sentir que El Molinón ruge; vibrar con cualquiera de los paradones de Mariño; animar en la carrera que Carmona ha echado para llegar al borde del área con el objetivo de que Santos le hinque el diente al esférico y dibuje, junto con el mallorquín, un corazón en el que va el de todo el sportinguismo. Antes, en ese corazón, ya había plasmado su firma Sergio -¡Vuelve pronto!- en forma de pase tras el guiño clave en la jugada defensiva de Roberto Canella. 

Volvamos a ser, estar y aparecer. Juntos. Recuerden que a la batalla que nunca cesa debemos ir con una fe que nunca decaiga y sin el mínimo amago de desmayo. ¡Que no vuelva a haber rival en El Molinón! Esta ha de ser la misión en la grada. Y que ‘los nuestros’ preparen sus botas, porque esta es una carrera de fondo… pero siguiendo el ejemplo de Isma López: siempre hay que llegar.

Ojalá volvamos a ver una mareona que inunde El Molinón con sus cánticos, con su ánimo incesante, con su particular manera de dar aliento a los suyos cuando éste empieza a escasear. Si nosotros marcamos el ritmo, los jugadores se contagiarán y seguirán el compás de la grada, compuesto en rojo y blanco y basándose en 1905 motivos para volver a ser la afición de doce que siempre ha sido.

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