Volverás a sonreír, Abelardo

Abelardo

*. NOTA: al finalizar el artículo… ¡Hay vídeo! Y, como siempre: estad atentos a la letra, pues va cohesionado con las imágenes.

Hace tiempo que creo que Abelardo sonríe como un día relató Gabriela Mistral con “sonrisas que no son de felicidad, sino de un modo de llorar con bondad”.  Y me vais a permitir la osadía: pero no es justo. Se equivoca, incluso insiste en errores, pero creo que el Sporting se refleja en su mirada. Y esto no habrá otro que lo tenga. Acusamos la falta de alma, la falta de sentimiento por ese escudo que baña el Piles, pero nos planteamos que el único entrenador que puede defenderlo, se marche. Ya cometimos ese error un día y el desenlace fue el que todos sabemos. Perdónenme, pero me niego.

Por respeto a lo conseguido: quiero que Abelardo continúe al frente del barco. Y si este ha de ser un Titanic en la élite, que lo sea con sus manos sobre el timón. Es lo mínimo que le debemos. Pese a sus errores, sigo profesando el #Abelardismo. ¿Y cuáles creo que son?: dejar escapar a jugadores como Álex Menéndez, Guerrero, Barrera y Pablo Pérez -porque el resto de marchas no fueron decisión suya-; esa maldita declaración del “salto de calidad”; e insistir -ya no tanto- en un sistema que no funciona. Pero, pese a todo, sigo viendo en él la llegada de agua en plena sequía; un sportinguismo al más rojiblanco vivo y la convicción e incluso necesidad de que este equipo salvará la categoría.

Sigue siendo el que se acordó de Alejo y Manolo en el ascenso; el que llevó al cielo a Gijón con dos milagros; el que se acuerda de La Mareona a cada paso y el que ama al Sporting como a su propia vida. Sigo viendo al entrenador manteado en Sevilla y en El Molinón. Sigo viéndole, pero sobre todo sigo sintiéndole. Y creo que esto lo han conseguido muy pocos. Quiero que se quede.

Merece mi respeto. Se ha ganado mi admiración. Y tendrá mi apoyo. Porque hace tiempo que entendí que el sportinguismo es como una especie de jura de bandera ante el sufrimiento, pero también a la sensación de mantenerte vivo con un balón como protagonista. No es solo un escudo, no es solo un estadio, no es solo afición… y no es solo Abelardo. Va mucho más allá.

Por todo ello, Seguiré siendo fiel al #Abelardismo, porque sigo creyendo que Abelardo es sinónimo de sportinguismo. Y lo creo de verdad.

“Volverás a sonreír, como volverá a llover […] Tienes derecho a estar hundido alguna vez, con la condición de que cuando salgas no olvides crecer. Cuando me preguntan que porqué sonrío, les digo: porque yo he tenido miedo y lo he vencido […] Bajo la lluvia ocurren los milagros”. Ambkor.

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