Una pasión que se vive en familia, por: Juanjo Cabanillas

Juanjo CabanillasEl tercer “invitado” es el entrenador del Unión Comercial C.F., que milita en Regional Preferente Asturiana: Juanjo Cabanillas. ¿Conocen cómo se vive el fútbol en Asturias desde la categoría de pre-benjamín? En tierra astur el balompié es el nexo de unión en muchísimas familias. 

Autor: Juanjo Cabanillas (@JuanjCabanillas) – Entrenador del Unión Comercial C.F.

Empezar comentando a todos los lectores cómo se vive el fútbol en Asturias, dentro de la región, es bastante emotivo. Son muchos los sentimientos que al estar escribiendo me provocan. Primero: tener el honor de estar en esta sección y agradecer el poder acordarse de mí para estar aquí con todos vosotros poniendo una pequeña y humilde opinión en esta sección a Paula Martín, una chica que está estudiando en una bonita ciudad como es Salamanca, para vivir el sueño de su vida: ser una profesional del periodismo. Sin duda, estoy convencido de que lo logrará. Como todo, el tiempo para formarse es importante, pero las ganas, dedicación y motivación no le sobran.

Después de esto, sigo: decía que el sentimiento es grande ya que nuestra Real Federación del Principado de Asturias de Fútbol cumple 100 años de su existencia, todo un lujo y mérito.

También redactando este documento mi situación a nivel personal y a nivel deportivo, quizá no sea la mejor con fundamentos, pero la ilusión de la vida y del deporte se unen a pesar de los inconvenientes y problemas que lleven es lo que me da aun mayor fuerza interior. “Caerse y levantarse” y por eso siempre me aprendieron que en la vida hay que sacar fuerzas, tener coraje, luchar y nunca rendirse. Esto es lo que me ha dado el deporte y lo que me hace llevarlo a cabo en la vida: “Nunca rendirse y luchar por tus principios”.

El fútbol es una pasión que se vive en familia, cada vez más familias inculcan a sus hijos/as a hacer deporte y que practiquen lo que más les guste, bien pues ahí entra este maravilloso deporte, casi una religión en muchos países, ciudades, pueblos… Miles de niños viven acompañados por la pasión por su equipo, del equipo del papá, de la mamá o de los abuelos, tíos o demás familia.

Aun recuerdo la primera vez que jugué mi primer partido de competición, mi primer entrenamiento, mis primeras botas de fútbol, mi primer balón. Los padres, novias/os, esposas/os, abuelos/as, en fin, los familiares de turno, matan su horas de ocio en cualquier campo de la región o esperando durante los entrenos de sus retoños y viendo cómo hacen a sus hijos/as mejores deportistas y personas las órdenes de un educador/entrenador.

Cada jugador es solo una de las ‘esquinitas’ del gran pastel del Fútbol Base y modesto que forma el Principado de Asturias, que cada fin de semana mueve a miles de familias que organizan su vida alrededor del deporte. Todos los que empiezan ven una forma de hacer deporte y pasar un rato divertido y a medida que los jugadores/as van creciendo quizás piensen mucho más allá que solo hacer deporte y pasar el tiempo o simplemente se quede como una anécdota en su vida y un paso más largo o breve en el cual participaron y sacaron situaciones beneficiosas para su vida personal.

Cuando llevas por ejemplo 10 partidos, una vuelta entera sin ganar en competición oficial (siempre hablamos dependiendo la categoría a jugar. No es lo mismo Formación, que para mí debería ocupar desde pre-benjamín -4 años- hasta la edad de cadete -15 años-. Cuando saltas a Juveniles, que sigue siendo formación, ya con miradas puestas a resultados amateurs, aficionados o profesionales en el mejor o más afortunado de los casos). Ver a un niño/a y un deportista satisfecho, alegre, por conseguir una victoria o un objetivo, te hace darte cuenta de que esto no solo es un deporte de satisfacción colectiva, sino propia y personal y que transfiere en el sentir de la persona.

Hay gente que llega con unos años sin jugar y decide apuntarse, no jugaron más allá del colegio, pero les gustaba y nunca se atrevieron a participar en un deporte con un club en competición o formación. Ahí llega lo bonito del fútbol o lo menos bueno: un golpe que te deje inconsciente, un grave susto, te puede dejar sin realizar tus actividades en un tiempo. Pero seguro que al que le haya pasado estaba deseando volver a sentir la sensación de entrenar, jugar, vestirse de corto. El fútbol también es un modo de desconexión para los aficionados y los practicantes.

Equipos que tienen desde pre-benjamines hasta juveniles o equipos amateurs, incluso profesionales, manejan 450 o más jugadores. En cada temporada recorren toda la provincia por los campos de la categoría que toque jugar. Tiempo, muchos kilómetros, acompañar a los chicos/as exige mucha dedicación. ¿Compensa? Claro que sí, uno espera el fin de semana para ir a verlos jugar y los jugadores entrenan para llegar y disfrutar de su pasión: el fútbol.

La competitividad en Asturias es cada vez mayor, hay mejores campos de juego, mejores formadores, educadores y entrenadores, más posibilidades para visionar, formarse, corregir, educar. El comportamiento en líneas generales en las gradas es bueno. Muchas veces va toda la familia, otras veces no es posible por diversos motivos, pues compaginar los horarios, desplazamientos, trabajos, etc, no siempre es fácil.

También la afición se junta entre padres y madres y salen también aficionados a la fotografía, que con sus fotos hacen acumular anécdotas y recuerdos que luego se llevaran a los álbumes con miles de imágenes de todos los partidos jugados. Toda una enciclopedia visual del fútbol base de los últimos años en los que aparecen jugadores que han ido tomando parte de los distintos equipos donde juegan los chicos/as. Otro aliciente es, y mucho, relacionarse con padres de toda la región: llegan sus hijos jugando tanto tiempo o son incluidos en las selecciones territoriales jugando juntos… todo suma para tener una buena amistad.

Dicen que cuando suena el silbato y el balón comienza a rodar ya nada más importa. Dicen que se puede cambiar de novia, amigos, banda favorita y hasta de religión… pero nunca de camiseta. Dicen que no se puede explicar con palabras, pero en estas líneas haré el intento. Es el fútbol nuestro de cada día, esa pasión tan maravillosa que conmueve el mundo entero. Es una experiencia religiosa. Pocas cosas resultan tan inmaculadas para el aficionado como el fútbol aunque los primeros pasos en el camino de esta pasión sin retorno sean de la mano de los familiares más allegados.

Peregrinando hacia el club de sus amores, nos iniciamos en el ritual de los domingos: el bocata, ropa de abrigo si es Invierno, bufanda de tu equipo, las manos se agitan, los himnos propios y esos otros “piropos” dedicados a los equipos rivales, ese fuera de juego inexistente, esa falta cuyo error es humano de los colegiados de turno, el sudor y dientes atrapados, gargantas que revientan cuando el crack del equipo cumple el sueño y desfonda El Molinón, el Carlos Tartiere o La Isla (campo de juego en el que entreno y jugamos de locales en el equipo al que dirijo actualmente). Da igual el estadio, da igual que sea a nivel profesional o aficionado.

En esta bella tierra con preciosos paisajes, verdes y montañosos, nos encontramos a chicos en formación con ganas de hacer lo que su ídolo hace cuando lo ven por la televisión y quieren llegar a ser como ellos en todo: su juego, su corte de pelo, sus andares, sus manías. Y quieren ser profesionales algún día no muy lejano y convertir el sueño en realidad, tanto de ellos como de sus familiares más próximos y amistades.

Para los entrenadores, como yo, que hay muchos y muy buenos en esta región y a nivel nacional, la gran mayoría no nos movemos por perspectivas victimistas. He entrenado desde Infantiles Hasta Juveniles, Primera Regional y ahora estoy en Regional Preferente, todo ello de forma consecutiva durante 18 años activo, en la mayoría de estas categorías con muchos partidos a mis espaldas como educador, formador y entrenador. Me faltan unos cuantos peldaños. Veo esa ilusión que tenía yo cuando era futbolista en “mis jugadores”. Y yo la mantengo como entrenador y soy consciente de que solo podré hacerlo con trabajo, esfuerzo, constancia y tener la suerte de llegar en el momento justo y oportuno para que alguien se acuerde de uno y te pueda ofrecer una oportunidad única y soñada. Pero la pasión, las ganas y el esfuerzo que hago es el reflejo de todos los compañeros de mi gremio, que es indudable, porque esto se lleva en las venas, esto gusta, esto se vive o no se vive. Es un sacrificio de muchas cosas continuas y no solo es tu esfuerzo y sacrificio por algo que te gusta, sino dejar mucho tiempo a los tuyos sin tiempo de disfrutar más de nosotros por apartarlos de algo que nos apasiona, que es el fútbol. Los que nos quieren, aun sabiendo lo difícil que resulta, nos aceptan como somos. Esto es para sentirse afortunado, yo al menos puedo decir que lo soy y que las personas que me rodean lo son viéndome a mí disfrutar y sufrir con mi pasión en el día a día. Entrenar un día tras otro y llegar el día del examen, que son los fines de semana, para jugar el partido de la semana.

Cuando eres deportista vas aprendiendo a vivir con las marcas que te van ofreciendo los resultados de tus actuaciones a nivel de competir.

Cuando lo resultados son positivos todos te marcan como ganador, todos te adulan, todos se acercan a darte una “palmadita” en la espalda con frases maravillosas, te sientes el más fuerte, el mejor… (Grave error si pierdes tu humildad. Nunca debe perderse de dónde venimos y nuestros orígenes). Pero cuando los resultados son negativos se “pega” A tu lado no sientes respaldo excepto el de los tuyos. Desaparecen los elogios y aparecen las críticas que llegan a ser desmedidas. Te ves el peor del mundo, te ves débil, te ves inseguro… (Gravísimo error si pierdes la fe en ti).

Por lo tanto, seamos consecuentes y lo digo con todo el respeto hacia lo que somos: entrenadores, espectadores, padres…

Se aprende más en la derrota que en la victoria. En la victoria nos engañan los elogios y no progresamos. En la derrota, toda nuestra fuerza interior, nuestro orgullo para encontrar soluciones… y suelen aparecer antes o después.

Que no nos pongan marcas a los entrenadores aunque esto se llama fútbol.

“Todo es opinable, nada demostrable”, como me decía un profesor en la Escuela Asturiana de Entrenadores al sacar el título nacional. Nos pondrán siempre las tachaduras y las marcas… lo importante es lo que nosotros de verdad valemos.

Autor: Juanjo Cabanillas (@JuanjCabanillas) – Entrenador del Unión Comercial C.F.

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