Trabanco, sportinguista de alma

Un ángel rojiblanco más que se marcha con destino el cielo. Más de un siglo de experiencias sportinguistas, acompañadas de recuerdos imborrables, como los que deja él para su familia. José María Trabanco nos ha dejado. Y su fallecimiento me recuerda una frase que hace años me tatué en la mente: “Un sportinguista lo es de alma y no de corazón, porque el corazón un día se para, pero el alma es eterna”. Como eterno es el legado que deja una persona. Como eterno es Preciado. Bien, pues Trabanco es de los ‘sportinguistas de alma’.

Hace un año celebraba su centenario arropado por sus dos familias: la de sangre y la del Sporting, porque cuando acompañas a un equipo tantos años, este se convierte en tu segunda familia. La que utilizas como vía de escape cuando, precisamente y valga la redundancia, algo se te escapa de las manos.

José María TrabancoÉl ha visto cómo la Guerra Civil arrebataba vidas a diestro y siniestro y cómo miles de españoles se quedaban sin un pedazo de pan que llevar a la boca. Pero él también ha vivido los momentos más gloriosos del Sporting, ha sufrido los tramos dubitativos del camino, ha visto caer a su equipo al pozo… Pero también ha visto cómo un grupo de ‘guajes de Mareo’ le devolvía la vida -y nunca mejor dicho-, el dorado al escudo, el orgullo a la afición… Y, qué gracia tiene decirlo ahora, pero también vio cómo esos guajes devolvieron el alma a un equipo que durante años vagó sin rumbo, sin identidad, sin corazón… sin alma.

Ha visto cómo el Sporting se recomponía en la Posguerra, en el 39, solo un año después de que su nombre aparezca como socio del Sporting. Y cómo le arrebataron su nombre original por un ‘vulgar’ Real Gijón. Celebró el primer ascenso en el 1944, así como vio que en el 1948 las mujeres también tenían voz y voto en el club. Cantó los 100 goles que el Sporting anotó en el 51 para volver a Primera. Y escucha cómo desde el 1957 también conocían a su equipo como “El Matagigantes”. Presenció en el 1960 la declaración de “transferibles” de todos los componentes de la plantilla rojiblanca. Tuvo que padecer la angustia de ver cómo ‘su Sporting’ descendía a Tercera en el 61. Vio la hazaña de Pepe Ortiz. Vivió la llegada de los hermanos Castro, celebró los goles de uno y las paradas de otro. Disfrutó con la etapa más dorada del Sporting. Presenció la primera final de Copa. Seguro que podría relatar del tirón esta plantilla del Sporting: Castro, Rivero, Claudio, Redondo, Jiménez, Maceda, Cundi, Doria, Amador, Joaquín, Ciriaco, Mesa, Uría, Oscar Ferrero, David, Aguilar, Abel, Ferrero, Pedro, Gomes, Zurdi, Eloy y Javi. Y será imposible que, allá donde esté, olvide las paradas de Ablanedo. Tuvo que llorar el robo de la Liga del 78. Y la construcción y el crecimiento de la Escuela de Fútbol de Mareo. Los descensos y ascensos del último año. La gloria deportiva -y mala suerte en la vida- de Manolo Preciado… Y la hazaña de Abelardo y sus guajes.

Trabanco se fue feliz. Con ‘su’ Sporting en Primera. Como el ‘1′ de su carnet de abonado.

Allá donde esté: decanse en paz. Y no se olvide de situarse al lado de Alejo y Manolo, orienten el balón y sitúen al Sporting donde merece, aunque con ángeles de la guarda como ustedes, no hace falta encomendarse a nadie más…

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