Te necesitamos, Manolín

MANOLO PRECIADO

No quiero escribir cartas a Reyes Magos, porque hace tiempo ya entendí que los que más magia tienen en su haber son nuestros ángeles de la guarda. Y tú, amigo, eres uno de los principales encargados de dar alas al Sporting. Desde la lejanía. Desde donde estés. Por tanto, este año mi carta va dirigida a ti, Manolín. Porque tú sí puedes traer al Sporting el regalo más Preciado. 

Te pido que nos regales luz. Sí, la de ese sol que tú tienes la capacidad de ver con mejor claridad que nosotros. Siempre tuviste esa bonita capacidad. Creo que el problema de nuestro Sporting es que se ha instalado en una tormenta repleta de nubes de la que parece no saber salir, así que… ¡Mándanos luz!

Pero la luz, si puede ser, que venga acompañada con una de tus maravillosas frases. Porque tú no eras Paulo Coelho, pero siempre tuviste la capacidad de calar en lo más hondo de cualquiera con tu discurso de vida. Creo que nuestros gladiadores necesitan escucharte. Y, como sé que es imposible que seas tú el que vengas, que Cases, Lora, Canella, Pichu y Sergio tomen la palabra en tu nombre. Están más que autorizados. Deben de entender que cuando hicimos siete puntos de doce posibles no éramos el Bayer Leverkusen, pero que ahora que la victoria parece esquivarnos, tampoco somos la última mierda que cagó Pilatos. Y que no se amedrenten ante los demás, porque quizá este sea un equipo barato, pero con los huevos como el caballo de Espartero. Recordar que ellos, como tú, no sabemos jugar a empatar, porque se sabe bien que no hay mejor manera de respetar al rival que marcando el mayor número de goles posibles. Eso sí, cuando no esté de Dios marcar goles como panes repartió Jesucristo, hay que recordar que no somos Amarrategui, pero tampoco gilipollas. Pero ante todo que entiendan que cuando se vive un mal momento hay que seguir tu ejemplo: mirar al cielo y crecer. Y ahora que tú estás allí, sabemos que no es casualidad que, cuando miramos, el sol hace un guiño. Y es que ya lo dijiste: mañana saldrá el sol.

Regálanos tu fuerza. Tu coraje. Tu fe. Tu confianza. Préstanos un poco de alma, como cuando tú estabas aquí, para defender el escudo del Sporting. Y ayúdanos a comprender que las piedras en el camino son oportunidades para encontrar soluciones que habían pasado desapercibidas. Eso sí, sobre todo: danos el ‘empujoncito’ que necesitamos para reconducir al Sporting.

Creo que ya está todo. No sé si hemos sido lo suficientemente buenos como para pedir tantas cosas… Nos hemos acomodado en una posición de protestar cualquier cosa, menos contra lo que verdaderamente hay que protestar. Parece que los resultados han de ser negativos para que nosotros nos comportemos como debemos. Te lo dejo a tu parecer. Decide tú mismo Manolín, aunque para bueno ya  sabemos que estás tú. Aquí te echamos de menos, pero tu legado posee una sombra imborrable e inigualable. Quédate con ello.

¡Puxa Sporting siempre! Y puxa, Manolín, que fuiste capaz de iluminar Gijón de una manera como nunca antes.

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