Rebeca Fernández: ¿Por qué eres sportinguista?

Desde el principio hemos querido dar una determinada forma a las historias publicadas en esta sección con la intención de que llevaran todas una misma línea, pero ya son varias las ocasiones en las que hemos considerado que la historia ha de contarse tal y como nos llega a nosotros. Disfruten… porque la historia de esta sportinguista les emocionará.

Que yo sepa, siempre he sido Sportinguista… pero no sabía hasta dónde cuando entré por segunda vez en El Molinón con 20 años (la primera era muy pequeña y solo recuerdo que los jugadores eran muy pequeñitos).

Corría el año 1996 cuando el azar hizo que mi pareja por aquel entonces me invitase al Molinón a ver un partido. Fui por no hacerle un feo, pensando para mí: “¡Vaya rollo! ¡No me queda nada con esti… ¡Ya me veo todas las semanas en el fútbol! Bufff…”. Todo cambió cuando empezó el partido. De repente vi a un jugador pequeñito que corría que se las pelaba… era Dimitri Chéryshev… mi primer amor rojiblanco. El Fondo Sur cantaba, se desgañitaba más bien. No daba crédito… aquello me gustaba, mejor dicho: me encantaba. Ahí fue donde comprendí lo que era ser sportinguista.

Esa temporada fui a todos los partidos que quedaban, era increíble ver a todo el mundo cantando y animando, pasase lo que pasase… ganásemos o perdiésemos… todos éramos uno, no como ahora.

En la temporada 97/98 seguí yendo al Molinón. Ese año mi regalo de Reyes fue, como no podía ser de otra manera, mi camiseta de Chéryshev firmada por toda la plantilla (desgraciadamente la plantilla del descenso a segunda) y la firma del más grande: Quini.

Ese año empecé a trabajar y por fuerza mayor tuve que dejar de ir al Molinón. Quedaba poco para terminar la temporada, nefasta por cierto. Entonces empecé a escuchar los partidos en la radio y a sufrir doblemente. Nos quedaban por delante diez años en segunda.

En la temporada 2003/04 llegó al Sporting en calidad de préstamo el que sería mi segundo amor rojiblanco: Mate Bilic, yéndose ese mismo año al Córdoba C.F. y prometiendo volver para subirnos a Primera otra vez. En el mercado de invierno de 2007/08 fue traspasado al Sporting y cumplió su promesa, consiguiendo el ascenso ese mismo año. En esa misma plantilla era dónde se encontraba el que sería mi tercer amor rojiblanco: Kike Mateo, siendo el mayor goleador del equipo con 12 tantos.

rebecaEse ascenso a Primera División fue dedicado al más grande de mis amores rojiblancos y de todos los sportinguistas: Enrique Castro, Quini, que se encontraba en el palco de honor y al que su afición dedicó este momento histórico con continuos gritos: “Ahora, Quini, Ahora “.

Nunca olvidare ese día…15 de junio de 2008. Fue un día muy duro para mí en el terreno personal. Era la primera vez que me separaba de mi hijo Aitor, que tenía 3 añitos. Se iba a pasar el día con su padre tras una larga y dura separación. Me tocó sufrir mucho, pero esa es otra historia.

Quedé con una amiga porque no quería estar sola y vino a pasar el día conmigo. Yo quería ver el partido pero ella no es nada futbolera, así que nos fuimos al centro comercial para que sus niñas pudieran jugar y yo ver el partido. Cada poco salía corriendo: cada vez que oía algo… dejándole con la palabra en la boca… ¡Qué paciencia tuviste conmigo Isa! Cuando llegó Aitor aun no había terminado el partido y después de un gran abrazo me pregunto: “Mamá, ¿ya estamos en primera?” y le dije: “No hijo, ¡pero falta poco!”.

Como Aitor era muy pequeño para tanto barullo me quedé sin celebración… tuve que esperar a ver el autobús descapotable para ver a ese gran hombre que nos había devuelto la ilusión: don Manuel Preciado… al que llevaré siempre en mi corazón. “Mañana saldrá el sol” decía…

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