JONY RODRÍGUEZ: “LA PUERTA PARA VOLVER AL SPORTING SIEMPRE ESTARÁ ABIERTA”

Jony Rodríguez

Nació en Cangas del Narcea, su corazón late en rojiblanco, pero ahora sueña en blanquiazul a mil kilómetros. Aprendió de los mejores en Barcelona, pero fue Abelardo quien le dio la mano para curtirse. Gijón no olvida su entrega, sacrificio… y sobre todo su fútbol, y él tampoco es capaz de borrar a La Mareona de sus pensamientos. Pese a que no descarta volver a lucir la camiseta del Sporting, ahora quiere predicar su fútbol en la costa del sol. Cuando su tiempo de pases, goles y mimo al balón acabe, quiere ayudar a los próximos en hacerlo como representante. Él es: Jony Rodríguez.

¿Por qué fútbol?

Desde pequeño  me gustó mucho. En el colegio, en los ratos libres, siempre jugábamos al fútbol. Es algo con lo que prácticamente nací.

Su gran apogeo como futbolista fue en el Sporting, pero con apenas 16 años hizo la maleta y se marchó a Barcelona…. ¿Alguna vez se planteó otra opción?

No… Mi ilusión siempre fue ser futbolista profesional. La opción que me presentó el Barça era muy buena, así que aposté por jugármela. Afortunadamente, me salió bien.

¿Qué se llevó de esa etapa? Vivió la mejor etapa de la historia del Barça…

¡Sí! Tuve la suerte de vivir la época dorada del Barça, cuando se ganaron los seis títulos con Guardiola. Pude entrenar con el primer equipo en varias ocasiones e intenté aprender lo máximo posible de los mejores jugadores. Fue una gran experiencia.

Pese a tener el corazón rojiblanco, se formó en la cantera del Oviedo. Incluso alguna vez se le echó en cara. 

Soy de un pueblo pequeñito, Cangas del Narcea, y, siendo de allí, si quieres ser futbolista tienes pocas opciones. Venía de hacer buenos años en categorías infantiles y ya en cadete recibí la llamada de varios equipos como el Avilés, el Oviedo o el Sporting, pero el que dio el paso fue el Oviedo. Yo quería salir de mi pueblo para ser lo que he conseguido ser hoy en día, futbolista, y el primer paso lo tuve que dar allí. Estuve dos años.

Pero al final ganó el corazón y triunfó en el Sporting. ¿Qué ha significado Abelardo para usted?

[Resopla…] No sé ni describirlo. Es como mi padre futbolístico. La persona que me dio mi oportunidad. Él me ayudó a demostrar las cualidades que llevaba dentro y no conseguía sacar. Él apostó por mí desde el principio, tiró de mí para subir al primer equipo y que fuera profesional. Y también a mejorar como persona… al fin y al cabo, cuando convives tanto con una persona te hace mejorar como persona también. Es alguien fundamental en mi carrera. Siempre le estaré muy agradecido.

Hizo que usted mismo se diera cuenta de su potencial y, sobre todo, los demás.

¡Sí! Él sabía que yo tenía cualidades, pero no acaba de explotar ni de tener regularidad. Y mucho menos ser lo que después, con él, pude llegar a ser. Abelardo me dio esa confianza que necesitaba. Esto hizo que pudiera explotar mis cualidades.

¿Qué se lleva de estos años de lucha, sudor y lágrimas, pero también de objetivos conseguidos?

La satisfacción personal de saber que cuesta mucho llegar a donde estoy. He visto que a base de trabajo, humildad y sacrificio se pueden alcanzar las metas que te propongas. Quizá a otros le fue más fácil llegar a la cima, pero no es mi caso. Y, como dices, con trabajo, sudor y lágrimas se consiguen las cosas.

Así saben mejor los éxitos, igual que cuando se gana un partido remontando. Llegar a la cima reivindicándose sabe mejor.

Totalmente. El hecho de conseguir las cosas así, sin que nadie me regale nada, no hay mayor satisfacción.

¿El secreto del éxito de ‘El Sporting de Los Guajes’ era la unión? Tuvieron que remar a contracorriente desde dentro del propio club, con La Liga…

Sí, sin duda. Creo que la salvación del Sporting y de nosotros mismos fue la unión entre los jugadores, el cuerpo técnico y la afición. Eran tres ingredientes muy importantes, con que uno no fuese en la misma dirección se podría haber roto todo. Pero todos remamos en la misma dirección, luchamos por el mismo objetivo. Así era más fácil y así se consiguieron las cosas.

¿Le hubiera gustado que desde la directiva se mimara más a los artífices de mantener activas las constantes vitales del Sporting?

Cuando nos juntamos ese grupo, la situación era pésima porque se hicieron muchas cosas mal y nosotros tuvimos que pagarlas. Pero esto fue lo que nos hizo grandes. El hecho de que el Sporting hiciera las cosas mal nos unió. Creamos un ambiente y un grupo muy bueno. Todos somos grandes jugadores e hicimos ver que con gente de Mareo se puede salir adelante.

Guerrero dijo que el hecho de no fichar fue lo mejor que le pasó al Sporting, porque así miró el talento que había.

Totalmente. Fue un beneficio para todos, no solo para los futbolistas, también para la afición. Intentamos recordar que la gente de la casa es la que está preparada para dar la cara por el club de la ciudad y que lo puede hacer igual de bien que gente de fuera.

Pero todo se acaba… ¿Le hubiera gustado que no fuera así? No solo a nivel personal, que también, sino a nivel colectivo. La cantera vuelve a un segundo plano.

Se ha ido mucha gente de la casa, pero otros siguen ahí. Sabíamos que cuando se pudiera fichar, saldría gente. Esto es la ley del fútbol, cuando tienes que irte, no queda otra. Hay que ganarse la vida. Si no se contaba con ellos, lo mejor es irse. Cada uno quiere llegar lo más lejos posible y si el Sporting no se lo puede dar…

Antes hablábamos de Guerrero. Él ya volvió a El Molinón y se marchó ovacionado. ¿Usted piensa en ese momento?

Sí te paras a pensarlo. Cuando salió el calendario, lo primero que hice fue mirar cuándo visitaba El Molinón. Me paré a pensar cómo sería el recibimiento. Fueron tres años buenísimos, quizá los mejores de mi vida. Bueno, sin el ‘quizá’: los mejores tres años de mi vida como futbolista.

¿Se arrepiente de irse?

No. Soy valiente. Me gusta buscar nuevas metas. Decidí salir porque en una negociación ambas partes han de estar de acuerdo y no fue así, por lo que decidí irme.

¿Qué futuro ve cuando cuelgue las botas?

Quiero ser ligado al fútbol, es mi vida, lo es todo para mí. Ya sea como agente o entrenador, pero me gusta más lo primero porque de entrenador lo pasaría muy mal [ríe].

¡Es un caso atípico! La mayoría quiere ser entrenador. ¿Elegiría ese camino solo por el hecho de seguir ligado al fútbol o porque le gusta realmente?

Me gusta tratar con jugadores y tener esa relación, como la que tengo yo con mi representante. Es la relación que me gustaría tener con mis futuros representados: fluida, fiable… Que ya sabemos que en este mundo de los representantes hay mucha trampa. Al fin y al cabo, tener a alguien al lado que te respeta y te hace sentir importante es clave. Al haber sido futbolista jamás engañaría a un jugador. Yo mismo fui engañado hace años y no lo pasé bien.

¿Qué pasó?

Fue una relación muy mala con un representante hace muchísimos años. Ya ni lo menciono ni quiero sacarlo a la luz.

En Gijón se le echa de menos… ¿Y al revés?

¡Por supuesto! Echo mucho d emenos a la gente de Gijón, a los compañeros, pero esto es el mundo del fútbol. Te tienes que ir, luego a lo mejor vuelves… Fueron tres años, pero parecieron nueve por la intensidad [ríe]. Es que fueron tantísimos sentimientos y emociones… Se echa de menos. Cuando ibas a cualquier campo, ahí estaba La Mareona.

¿Volvería para quedarse?

La puerta para el Sporting siempre estará abierta. Pero ahora es impensable, porque tengo un contrato de cuatro años con el Málaga. Estoy ilusionado con el proyecto que se me presentó. Y tengo ganas de hacerlo bien para que en Málaga también disfruten de mí.

¿Qué consejo le darías a los ‘guajes’ que quieren ser futbolistas?

Que sean humildes, que trabajen y que jamás bajen los brazos, porque nunca sabes cuándo te llegará la oportunidad.

 

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