Isma López: su fe nunca decayó

Si a muchos de los que solo ven partidos del Sporting cuando se enfrenta a su equipo les decimos que Isma López es de la cuenca minera y sportinguista desde la cuna, más de uno se lo creería. Y no les culpo… si yo estuviera en su lugar, probablemente también lo haría. No es nada malo, al contrario, es mérito de Isma, un navarro que ha conquistado Gijón al más puro estilo de Pelayo.

Abelardo se lo dijo claro en la pretemporada del año pasado: no contaba con él. Le avisó con un tiempo prudencial para que pudiera encontrar un equipo en el que consiguiera los minutos que todo futbolista ansía. El navarro, en un arrebato más que acertado de orgullo y confianza en sí mismo, respondió que no, que se quedaba para hacerse un hueco en el equipo. Y lo consiguió. Pero no contento con ‘colarse’ dentro de los convocados cada jornada, algo que, a priori, dadas las circunstancias, ya era meritorio, se alzó con un puesto en el once titular. Él, extremo de formación, se sacrificó por el equipo y se adaptó a las necesidades del mismo: siguió el ejemplo de Mascherano en el Barça y se reinventó también como futbolista.

Isma LópezSiendo justos, nadie daba ‘un duro’ por él. Siempre fue había sido criticado en los minutos disputados, entre los que me incluyo, pero supo resurgir de las cenizas para convertirse en uno de los ‘ojitos derechos’ de la afición. Porque, si en el Bernabéu corean aquello de “queremos once Juanito(s)”, en Gijón rezan para que cada jugador que defienda la elástica rojiblanca siga el ejemplo de don Ismael López Blanco.

Es admirable el coraje que sacó a relucir en su empeño en triunfar en el Sporting. Es para aplaudir sin cesar la entrega que muestra en cada partido. Es entrañable cómo porta ese escudo y cuán dentro lo lleva. Debería ser obligatorio que todos tuviéramos esos arrebatos de confianza en nosotros mismos, pues nos iría mejor, él es el ejemplo. Y es fantástica la garantía en el carril izquierdo que tiene el Sporting de Gijón con él.

Probablemente, el sueño de Isma López no era sudar la zamarra sportinguista cuando de pequeño fantaseaba con ser futbolista, pero ese niño creció y sus objetivos y él mismo cambiaron. Ahora se ha convertido en una pieza indiscutible en el Sporting. A veces la vida nos pone piedras en el camino, nos provoca caídas, para sacar lo mejor de nosotros mismos y llegar aun más alto. 

Nació en Navarra, pero ya es un ‘paisano’ más. Hace mucho que cambió el rojiblanco del Athletic de Bilbao por el del Sporting de Gijón y, créanme, pese a las diferencias deportivas, veo en él a un ‘guaje’ de 26 años que disfruta como nadie defendiendo al equipo que juega en el estadio más antiguo del fútbol español, que no es San Mamés, sino El Molinón. Bendita cordura tuviste, Isma… porque, hace mucho que tu suerte también es la del Sporting.

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