Guerrero: “Gijón siempre agradece que te dejes la vida en el campo”

MIGUEL ÁNGEL GUERRERO
FOTO DE P. CITOULA

Tiene luz. Y tiene magia. Su apellido le describe: Guerrero. Trabaja sin cesar, como probablemente pocos hacen, pues jamás da algo por perdido. Es algo que aprendió de su padre, que es su gran valedor y su mayor inspiración e incluso aspiración. El Sporting y Gijón, le han dado todo tanto profesional como personalmente… y cree que por eso siempre estará en deuda con el territorio astur. Pero lo que no sabe es que La Mareona le quiere y admira por méritos propios. Hoy, Guerrero no se impregna de magia, sino que es él mismo el que la reparte. Corazón sportinguista, trabajo y sacrificio.

¿Por qué fútbol?

Lo conocí desde pequeño gracias a mi padre, que también fue futbolista. Me apuntó a mi primer equipo a los cuatros años y desde entonces no he parado de darle al balón.

Le iba a preguntar sobre quién le guió en la senda del fútbol, pero creo que ya me lo ha adelantado… ¿Su padre?

Sí, sí, fue mi padre. Él se dedicó al fútbol en Regional y llegó al Getafe en Segunda. Siempre me ha inculcado los valores que tengo ahora y gracias a él estoy en este mundo.

Se formó en varios equipos… ¿Dónde cree que aprendió más? ¿Fue más especial el Getafe por su padre?

No, no. Me formé más en el Getafe, pero porque estuve más años allí. Es donde más absorbes por los años, y quizá por ello me marcó más.

Debutó en 2009 con el Albacete, ¿cómo fue para usted?

Es una fecha que tengo marcada. Fue mi primer partido como profesional. Cuajé buen año en el Albacete B en Tercera y el míster que estaba en el primer equipo decidió subirme y esa misma semana debuté.

Algo hizo muy bien porque solo dos temporadas después ya estaba en Mareo… ¿Su verdadera casa?

Sí, sin duda. Allí he crecido como futbolista profesional, allí encajé los valores inculcados por mi padre… Parecía uno más de Mareo. Siempre llevaré conmigo al Sporting.

¿Qué recuerdo más especial guarda de su etapa en el filial? Si le preguntara a la afición sabría cuál elegiría, pero, ¿usted con cuál se queda?

[Ríe]. Ese partido marcó un antes y un después. Desde el primer momento me sentía como en casa, la gente de allí así me lo hizo sentir… El primer año, excepto un par de meses que tuve una lesión de rodilla, fue un año para recordar.

¿Son las lesiones el gran enemigo del futbolista? Usted ha sufrido varias que le han frenado en momentos clave…

No tuve ninguna lesión grave, pero las pocas que tuve sí fueron en momentos clave. Y, sí, creo que las lesiones te hacen sentir un tanto inútil. Al menos en mi caso, porque ir a Mareo y no poder entrenarte con los compañeros te hace sentirte fuera del mundo.

Hablábamos antes de que los futbolistas pueden llegar a ser tratados como objetos… ¿Es el ‘Sporting de Los Guajes’ una reivindicación de que, más allá del dinero, el mundo del fútbol lo constituyen personas, que los futbolistas sois personas…?

Tengo clarísimo que sí. Creo que lo que mejor le pudo pasar al Sporting es que no pudiera fichar. Esa fue la clave para que se dieran cuenta de lo que había allí, de lo que venía del filial, de lo que ya estaba… Conseguimos algo increíble. Lo más importante fue lo que disfrutó la ciudad, porque el aficionado del Sporting llevaba varios años desencantado con el equipo. Cuando vieron que se juntaron un grupo de ‘chavales’ que tenían algo en común: dar todo en el campo, se consiguió el ascenso. Estoy muy orgulloso de haber formado parte de esa etapa… Y creo que ha formado una época en el Sporting.

¿Y usted cómo lo vivió? Al final, compartió ese momento con compañeros con los que ya llevaba años trabajando.

Me siento muy orgulloso. Me he sentido parte importante de esos dos años. Lo guardaré siempre. Marcará una época en el Sporting. En Gijón se dieron cuenta de que los valores de las personas se anteponen muchas veces a la calidad y ese año se consiguieron los objetivos… Ahora el club ha decidido tomar otro camino, pero aun así estoy orgullo de pertenecer a esa plantilla que tantas alegrías dio en Gijón.

Miguel Ángel GuerreroAdemás de lo deportivo, le iba a preguntar qué le supuso para usted esa etapa también fuera de los terrenos de juego, pero creo que ya lo adelantó en cierta manera hablando sobre esos valores. 

En Gijón he sido plenamente feliz, tanto en el campo como fuera. Creo que tengo una deuda con Gijón por tanto cariño recibido y al menos lo siento así. Incluso cuando fui con la camiseta de otro club, me sentí de nuevo muy querido. La afición me sigue agradeciendo el trabajo… Saben que me dejaba la vida en el campo y Gijón esto siempre lo agradece. Les estaré siempre agradecido.

¡Se me adelanta a las preguntas! Justo le iba a preguntar sobre su regreso a El Molinón… ¿Cómo vivió ese momento? ¿Se emocionó?

No lloré [Ríe]. En Gijón solo he llorado una vez: cuando salí del campo tras el partido ante el Villarreal, que colgué un vídeo en las redes. Sabía que el club no tenía intención de contar conmigo y me daba mucha pena, más aun después de ver la ovación que me llevé. Pero… son cosas del fútbol. Ahora estoy en Leganés, aunque Gijón siempre tendrá un ‘huequito’ en mi corazón.

¿Es feliz en Leganés?

Sí… Para mí fue difícil salir del Sporting porque me sentía ya un gijonés más… Llevaba cinco años, allí estaba también mi novia, los compañeros ya eran amigos… Pero después de las conversaciones que iba teniendo con el club me hacía ya a la idea, veía que no contaban conmigo el año siguiente. Comprendes que se acaba una etapa. Ahora estoy en Leganés; tengo minutos; el míster confía en mí, que es algo que tenía pendiente porque venía con la confianza baja después de la última temporada. Ahora estoy cómodo, el equipo va bien… así que: sí, soy feliz ahora mismo.

¿Se ha arrepentido alguna vez de una decisión tomada? Aunque, está en Primera, así que probablemente siempre haya acertado.

No, no. No me arrepiento porque mi forma de ser y de jugar siempre ha sido buscar lo mejor para el equipo. Creo que así se consiguen las cosas. Estoy orgulloso de todas las decisiones tomadas.

¿Y en qué jugador se inspira a la hora de crecer como futbolista?

Nunca he tenido un referente, la verdad. Me gusta ver algunos jugadores, pero no destaco a ninguno [Ríe].

¿Cómo entiende el fútbol Miguel Ángel Guerrero? Es un delantero centro un tanto atípico, pues los ‘9’ no suelen ser tan trabajadores habitualmente.

Solo entiendo el fútbol en equipo. Así se consiguen los objetivos. Siempre hay que anteponer el equipo a lo individual.

¿Qué lleva tatuado un auténtico Guerrero en el corazón para no desistir nunca?

Los valores de mi padre. Otros niños quizá lo ven ahora de otra manera, pero creo que mi padre dio en el clavo y estoy orgulloso de mi forma de sentir el fútbol. Creo que estoy en el camino adecuado.

Hay un episodio de un libro de Paulo Coelho que se titula “Guerrero de la luz”. Y habla de que un guerrero cae, siente miedo, sufre… ¿Usted es un guerrero de la luz?

[Ríe] Leí tu artículo y me gustó mucho. Según lo iba leyendo, me sentía identificado. A pesar de todo lo que estamos hablando, mi paso por el Sporting también tuvo momentos bastante difíciles, pero pese a ser un delantero que estaba en entredicho por los goles y parecía que pasaba continuamente exámenes, creo que lo he sabido llevar bien. Sinceramente, me sentí muy identificado con tu artículo.

¿Por qué ese tatuaje del brazo?

¿El buda? Lo llevo por saber tener pausa, tranquilidad, que en este mundo es muy importante. Y al otro lado tengo un ave fénix, que también tiene que ver con lo sucedido estos últimos años en el Sporting. Y esto es tener que reivindicarme y ganarme a pulso cada minuto jugado. Me tocó resurgir de las cenizas muchas veces… [Ríe].

¿Un sueño cumplido cuando acabe su carrera?

He cumplido alguno pequeñito, pero… [Ríe]. Ahora mismo: seguir muchos años en la élite y que mi familia no pasara complicaciones en el futuro.

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