El complicado matrimonio entre el fútbol y el cine, por: Álvaro Ramírez

Álvaro RamírezEl quinto “invitado” es un amante del cine y el fútbol, que, conjungando sus dos pasiones, nos ha regalado este artículo. Él es Álvaro RamírezPasen, lean y disfruten… Eso sí, les avisamos de que sentirán unas ganas inmensas de consumir cine con aroma futbolero.

Autor: Álvaro Ramírez (@TheRebelDelgado ) – Experto en cine y fútbol

Entre los acordes de la machacona banda sonora de Bill Conti, uno de los más grandes jugadores de todos los tiempos se suspendía en el aire y lograba anotar un gol con una tijera de espaldas. La chilena de Pelé en Evasión o victoria es una de las más famosas de la historia del cine y la película, un título menor en la filmografía de John Huston, el máximo referente del complicado matrimonio entre fútbol y cine. Evasión o victoria contaba al más puro estilo hollywoodiense el encuentro que enfrentó al FC Start (una reunión de antiguos jugadores del Dynamo de Kiev) contra el Flakelf, un conjunto alemán presentado como el equipo oficial de la Luftwaffe, y que se conoce históricamente como el partido de la muerte, jugado en plena etapa del terror nazi el 9 de agosto de 1942. Este suceso real, que también tiene mucho de mito, ya había conocido dos películas consideradas versiones oficiales de los hechos: El tercer tiempo, dirigida por Yevgeni Karelov en 1962 y la versión húngara firmada por Zoltan Fábri titulada Dos medias partes en el infierno.

En España, la película de Huston se proyectó dentro de la sección oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián con unos invitados de altura. En el teatro Victoria Eugenia se encontraban viejas glorias del fútbol internacional español como Gabriel Alonso, Sebas Ontoria, Araquistain o Telmo Zarra. Al terminar la película, el delantero centro del Athletic comentaba: “Parece mentira cómo se puede tener al público en tensión con la marcha de un partido de fútbol. Yo, que soy un hombre frío, he sentido una emoción como nunca sentí en un campo de fútbol de verdad”.

Es cierto. El fútbol está lleno de grandes historias y de fantásticos personajes. Minutos de gloria que permanecen en el imaginario colectivo, fracasos de una carga dramática difícil de calibrar o figuras de inmenso magnetismo, algunas de las cuales hacen durante su trayectoria de héroes y de villanos. Sin embargo, el fútbol no ha sido capaz -todavía- de darle al cine un Rocky. Las grandes historias del balompié y los personajes que las conforman han quedado relegadas a notables producciones europeas o latinoamericanas que, en la mayoría de los casos, necesitan de los grandes festivales y del boca a boca para una mayor repercusión, aunque el alma del fútbol si ha sabido encontrar su sitio en el género documental.

Ha influido notablemente la dificultad de ficcionar la magia del fútbol para la gran pantalla, pero también ha tenido que ver, en muchos aspectos, el poder de la industria norteamericana y su impacto a nivel global en el mundo del cine. Hollywood, conocedor de los mecanismos narrativos y especialista en sacar partido a sus producciones, ha sabido explotar convenientemente muy buenas historias centradas en su cultura deportiva, pero el fútbol les queda todavía muy lejos. Un domingo cualquiera, la película de Oliver Stone protagonizada por Al Pacino y centrada en el mundo del fútbol americano o la más reciente Moneyball, con Brad Pitt interpretando a Billy Beane, el director técnico del equipo de béisbol Oakland Athletics, son una buena muestra de ello.

En unos tiempos en los que la élite intelectual ha decidido liberar al fútbol, uno de los máximos exponentes de la cultura pop, del ostracismo al que lo habían condenado por considerarlo un entretenimiento para bárbaros, el balompié sigue sin encontrar el sitio que creo que merece dentro del séptimo arte. A pesar de ello, algunos de los directores más representativos del denominado cine de autor han sabido valerse del fútbol como el motor de sus historias para mostrárselo a la intelligentsia.  Jafar Panahi utilizó el fútbol como pretexto para reivindicar los derechos de las mujeres iraníes en Offside, en la que una joven disfrazada de hombre es detenida junto con otras mujeres al intentar colarse en un estadio y tendrá que seguir el partido entre rejas a través de los comentarios de un guardia que no tiene ni idea. Emir Kusturica (Underground), para quien el fútbol es uno de los temas más recurrentes en sus películas, se dejó llevar por la figura de uno de los mejores del mundo para filmar Maradona por Kusturica. Incluso Ken Loach, máximo representante del cine reivindicativo y de alta carga política, utilizó la importancia del fútbol en Kes, Mi nombre es Joe o en Buscando a Eric, en la que un cartero de Manchester, fanático del fútbol y con una vida claramente a la deriva, recibirá la visita de una especie de ángel de la guarda al que interpreta Eric Cantoná.

Inglaterra, como la autodenominada patria del fútbol, ha sabido sacar partido al deporte rey en su cine, bien directamente, bien indirectamente a través de innumerables referencias. Si uno rebusca lo suficiente puede encontrar algunas rarezas que se sirven del fútbol para desarrollar su historia. The Arsenal Stadium mistery (Thorold Dickinson, 1939), por ejemplo, cuenta cómo durante un partido de los gunners contra un equipo amateur en el viejo Highbury, John Doyce, uno de los integrantes del conjunto amateur, fallece en lo que parece ser un asesinato por envenenamiento. En la película, con todos los ingredientes del suspense detectivesco, participaba el equipo titular del Arsenal de la época y George Allison, el primer comentarista deportivo de la historia de la BBC y entrenador de los gunners tras la muerte del mítico Herbert Chapman.  

El fútbol está presente en un amplio número de películas contemporáneas del cine británico, algunas de ellas de gran éxito. El denominado deporte rey ha sido el motor para tratar el tema de la tolerancia y el buenrrollismo multicultural en la simpática Quiero ser como Beckham, compone la sal de la vida del sustrato obrero -los protagonistas de Full Monty son hinchas del Sheffield United-  y por supuesto, es el amor de nuestras vida, ese que muy pocos comprenden. En Fever pitch, basada en la famosa novela de Nick Hornby, Fiebre en las gradas, Colin Firth era un profesor de secundaria que se debate entre el amor de una compañera de trabajo y el equipo de su vida, el Arsenal.

Inglaterra ha sabido también utilizar el fútbol para un drama carcelario como Mean machine -que vino a ser el remake britanico de El rompehuesos (Robert Aldrich, 1974)- donde guardias y reclusos se enfrentan en un partido de fútbol en el que el equipo de los presos está liderado por Vinnie Jones, mítico jugador del Wimbledon FC que tras colgar las botas fue rescatado por el director Guy Ritchie (Lock & Stock; Snatch: cerdos y diamantes) para dar rienda suelta a sus dotes de villano. Tampoco ha sido ajena al fenómeno ultra con películas como Rise of the footsoldier, The football factory, basada en la novela de John King centrada en la vida de un hooligan del Chelsea, o Green Street Hooligans, la más conocida de todas, protagonizada por Elijah Wood.

Inglaterra, por supuesto, ha escarbado en trágicas historias como United, centrada en el accidente aéreo de Múnich que terminó con el mítico equipo del Manchester United de Matt Busby, y no ha dudado en darle la importancia que merece a legendarias figuras como Brian Clough, protagonista de The Damned United de Tom Hooper (La chica danesa) que basada en la novela de David Peace del mismo título, narra los 44 días que pasó Clough al mando del Leeds United.

Tres cuartos de lo mismo ocurre en Latinoamérica o España. No vamos a descubrir ahora la pasión desenfrenada que existe por el fútbol en países como Brasil o Argentina, frenesí que ha quedado patente en un buen número de películas. Incluso algunos de sus más grandes jugadores se dejaron llevar por la magia del cine. El propio Pelé ya había trabajado antes de Evasión o victoria en Once más uno -también al lado de John Huston- y se decidió a tomar las riendas de un proyecto titulado Os trombadinhas, una película policial en la que además de actuar, escribió el guión. Zico, conocido como el Pelé blanco y autor de 474 goles a lo largo de su carrera, se interpretó a sí mismo y a su malvado gemelo en la película infantil Una aventura de Zico e incluso Maradona había participado en la comedia musical ¡Qué linda familia! y en Los fierecillos se divierten.

Desde la comedia mexicana El Chanfle (Enrique Segoviano, 1977), interpretada por el entrañable Chespirito, a la chilena Historias de fútbol (Andrés Wood, 1997), el fútbol ha tenido una importante presencia en la cinematografía latinoamericana. Ha servido, sobre todo, como motor para la denuncia social y para mostrar al mundo un panorama desolador, como la venezolana Hermano (Manuel Rasquín, 2010), ambientada en uno de los barrios más peligrosos de Caracas, o la mexicana Rudo y cursi (Carlos Cuarón, 2008), una radiografía de una sociedad comida por el narcotráfico. Pero también, por supuesto, ha sido el vehículo para señalar que nadie vive el fútbol con tanta pasión como ellos. Así ocurre en una de las cintas referentes del cine latinoamericano como Pelota de trapo (Leopoldo Torres Ríos, 1948), donde un niño de la clase obrera sueña con ser una estrella del fútbol y, sobre todo, en la oscarizada El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009), que contiene un maravilloso plano secuencia en el Estadio Tomás Adolfo Ducó, el campo de Huracán, y donde el fútbol es la clave para la resolución del misterio.

La Guerra Civil, la crítica social o el costumbrismo, han sido los contextos principales en los que se ha movido la cinematografía futbolística en España. Así, encontramos películas como El portero (Gonzalo Suárez, 2000), Días de fútbol (David Serrano, 2003) o El penalti más largo del mundo (Roberto Santiago, 2005). No se dudó tampoco a la hora de utilizar a las grandes figuras del balompié en películas de dudosa calidad aunque de cierto valor histórico. Kubala escribía el guión y se interpretaba a sí mismo en Los ases buscan la paz, una película que narra las desventuras del futbolista en su periplo desde Hungría a España. Alfredo Di Stéfano -que ya había actuado en Argentina en Con los mismos colores– rodó ya como jugador del Real Madrid Saeta rubia -película que terminaría dándole su apodo-, una cinta que contiene escenas de la semifinal de la primera Copa de Europa entre el equipo blanco y el Milan. No ha faltado tampoco el tono picantón con el fútbol de por medio, como en la película Las Ibéricas Fútbol Club (Pedro Masó, 1971), que protagonizaron Tina Sainz y Lola Flores. Incluso no han faltado las comedias corales con derby de por medio como Rivales (Fernando Colomo, 2008), que vio la luz en pleno ascenso de la selección española a los altares del fútbol.

Antes de que a la Selección se le ocurriera dominar el fútbol mundial, Antonio Miguel Albajara había vuelto a Gijón después de recibir el Premio Nobel de Literatura. Volver a empezar (José Luis Garci, 1982), cuenta la historia de un exiliado que regresa a su ciudad natal y se reencuentra con el amor de la juventud tras la instauración de la democracia. Antonio Miguel Albajara, interpretado por Antonio Ferrandis, además de un Nobel y de una reputación como profesor en Berkeley, había jugado como centrocampista en el Sporting. En ese matrimonio tan complicado entre el fútbol y el cine, el primer Oscar español a mejor película de habla no inglesa, tiene un trocito del Sporting de Gijón.  

Autor: Álvaro Ramírez (@TheRebelDelgado ) – Experto en cine

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