Carlos Carmona: uno di noi

En el fútbol siempre hay ‘guapos’ y ‘feos’ y no, no me refiero al físico. Lo aclaro antes de que más de uno y de dos empiecen a hablar de lo ‘poco que sabemos las mujeres de fútbol’. Me explico: ‘los guapos’ son aquellos futbolistas que a la hora de jugar son más vistosos, que se aprecia más su trabajo y a menudo son objeto de elogios y odas… todo ello muy merecido habitualmente, pues una cosa no quita la otra. Y ‘los feos’ son aquellos que hacen ‘el trabajo sucio’: una defensa voraz; una presión fatigante; pases clave pero no bonitos; conducciones rápidas; omnipresencia en ataque y en defensa pero siempre sin un papel protagonista para el que se queda en lo aparente… Este tipo de jugadores son los más habituales. Se me ocurren Busquets y Mascherano en el Barça; Marcelo y Carvajal en el Real Madrid; Filipe Luis y Juanfran en el Atleti; Cabral en el Celta… y un largo etcétera. Pero ‘mi favorito’ viste la zamarra sportinguista, nació en Palma de Mallorca hace 28 años y responde al nombre de Carlos Carmona.

Carlos CarmonaCarmona llegó al Sporting de Gijón en 2012 procedente del filial culé. Afortunadamente, cuando aterrizó en tierras astures ya le había visto jugar en varias ocasiones con el Barça B. Y, he de reconocerlo, llegó con ventaja porque ya me había ‘conquistado’ antes de pisar El Molinón. Es ineludible afirmar que Carmona no se encuentra entre los favoritos de La Mareona y, permítanme la osadía: no lo entiendo. El mallorquín es uno de esos luchadores incansables, un trabajador nato, un auténtico gladiador cuyo arma más feroz es el esfuerzo. Sí, el esfuerzo por llegar a cada balón; por evitar que el contrario inicie un contraataque que sorprenda al Sporting; por hacer de la presión el pan suyo de cada día; por confundir al rival no sabiendo si juega en la zona de iniciación, creación o finalización; por hacer unas conducciones por la banda derecha alcanzando, casi, la velocidad de la luz… en resumidas cuentas: por hacer el trabajo menos vistoso, menos reconocible y ‘más feo’, pero también el más importante o al menos uno de los más importantes.

Carlos CarmonaEl pasado viernes fue el encargado de abrir la lata frente al Éibar. Su gol supuso el oxígeno que el Sporting necesitaba para apaciguar los nervios, que se encontraban más a flor de piel que nunca; para bajar el nivel de la presión interna individual y colectiva y, sobre todo, para autoconvencerse y convencer al resto de que jamás hay que dejar de soñar ni de creer… porque los premios son para los valientes, los trabajadores y los que luchan sin cesar, aunque la gesta a veces se impregne con aroma a ‘imposible’.

Carmona hace creer porque él cree. Y cree en sus compañeros. Cree en Abelardo. Cree y admira a su afición, pese a que más de uno resople cuando ve su nombre en el once inicial. Y sí, también cree en él porque, si no lo hiciera, no llegaría a cada balón, no acabaría sin aliento en el minuto 70, no desprendería ese coraje en las celebraciones…

Carlos Carmona es ‘uno di noi’. Y qué suerte que sea así.

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