¡Ay, Carmona!

Carlos Carmona
CARLOS CARMONA

Era un secreto a voces: solo necesitaba minutos para llegar al corazón del sportinguista que aun dudaba de su calidad, talento y trabajo.

Él no juega al fútbol, baila con el balón en los pies. Se desliza por la pista, camuflada de terreno de juego, interpretando una coreografía no apta para amateurs, ni siquiera para cualquier bailarín… porque hay pasos que solo puede interpretarlos una persona. Él es el ejemplo. El primer bailarín de una compañía de danza que ha de hacerse con gran ‘renombre’.

Y si no les gusta la comparación con la danza, adaptémosla a la magia. Hagamos del balón una varita y  de (don) Carlos Carmona, el mago. Él, experto en hacer los mejores trucos para encandilar al respetable. Pese a que tarden en darle una función, él nunca defrauda.

Sigamos con la pintura: él fue el que usó el pincel en la obra de arte que fraguó el equipo. Trazó el dibujo y lo coloreó. O con la interpretación: él escribió el guión y lo interpretó a la perfección, liderando a sus compañeros, aunque él se llevara el papel protagonista.

Carmona enamoró a La Mareona y atemorizó a la afición merengue. Bailó al equipo de Zidane y guió al suyo. Fue, estuvo, pareció y apareció, porque él jamás se esconde. Es ejemplo, determinación y talento. Es… ¡Lo que él decida ser! Ayer se puso la capa para hacer magia y la hizo. El mono de trabajo y no paró en todo el partido. Y todo esto porque lo lleva innato, tanto la magia como la ley del máximo esfuerzo. El fútbol le esperaba con los balones al pie, solo necesitaba el guiño de Abelardo… y cuando lo tuvo: brilló.

Él es Carlos Carmona… El dios al que venera el #Carmonismo, porque muy pocos son capaces de hacer de su juego una religión y él lo ha hecho. Gracias. Y bendito seas.

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